La ciudad de Venecia inaugurará el próximo 9 de mayo la 61ª edición de su Bienal de Arte, titulada “In Minor Keys”, un evento que se extenderá hasta el 22 de noviembre bajo la dirección curatorial de Koyo Kouoh.
El despliegue de esta nueva edición busca superar las cifras de concurrencia registradas en los últimos años, donde el evento se consolidó como el epicentro del mercado cultural global. Según datos oficiales de la organización, la edición de 2024 atrajo a 699.304 visitantes, mientras que en 2022 se alcanzó un récord histórico de más de 800.000 personas. Para este año, las autoridades venecianas y los operadores del sector cultural esperan una afluencia similar, impulsada por la participación de pabellones nacionales de más de 75 países distribuidos entre los predios históricos del Giardini y el Arsenale. La logística urbana ya se encuentra bajo presión, con los servicios de transporte acuático y la hotelería operando a niveles de reserva que rozan el pleno para la semana de apertura, lo que obliga a la administración local a diversificar la oferta cultural hacia puntos menos saturados de la laguna.
En este escenario de masividad, la gestión cultural de la ciudad promueve circuitos que integran la tradición histórica con el coleccionismo privado de alto perfil. Uno de los pilares de esta oferta es la Colección Peggy Guggenheim, situada en el Palazzo Venier dei Leoni sobre el Gran Canal. Este museo, que funcionó como residencia de la mecenas estadounidense hasta su muerte, resguarda piezas fundamentales del siglo XX como “Alchemy” (1947) de Jackson Pollock, “L’Empire des lumières” (1953–54) de René Magritte y “La Baignade” (1937) de Pablo Picasso. Fuentes del museo indicaron que la institución funciona como un contrapunto necesario a la Bienal, permitiendo un diálogo entre el expresionismo abstracto y el surrealismo en un entorno que conserva la escala doméstica de la antigua propietaria, quien fue clave para el posicionamiento de artistas como Max Ernst y Alexander Calder en el mercado europeo.
La diversificación del mapa artístico veneciano incluye también espacios de profunda carga simbólica y literaria, como el Laberinto de Borges en la isla de San Giorgio Maggiore. Este jardín, diseñado por el arquitecto Randoll Coate en 1979 e inaugurado formalmente el 14 de junio de 2011 para conmemorar el 25º aniversario del fallecimiento del escritor argentino, representa una de las colaboraciones más estrechas entre la Fondazione Giorgio Cini y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. El espacio no solo funciona como un homenaje estético, sino que forma parte de un complejo cultural mayor que, desde 1950, ha restaurado antiguos edificios monásticos para albergar bibliotecas especializadas en historia del arte e institutos de investigación, consolidándose como un refugio para académicos que buscan escapar del bullicio del centro histórico durante los meses de mayor actividad turística.
Contexto
La Bienal de Venecia posee una trayectoria que se remonta a 1895, posicionándose como la institución cultural más antigua de su tipo en el mundo. Su estructura alterna anualmente entre el arte contemporáneo y la arquitectura, sirviendo como un termómetro de las tensiones políticas y estéticas de cada época. Históricamente, la muestra ha sido el escenario donde se validan las tendencias que luego dominan las ferias y museos de Nueva York, Londres y París. Sin embargo, el crecimiento exponencial del turismo de masas en la última década ha transformado la dinámica de la ciudad. La implementación de tasas de entrada para turistas de un solo día y la regulación de los flujos peatonales son respuestas directas a un fenómeno que, si bien inyecta millones de euros a la economía local, amenaza la sostenibilidad del patrimonio arquitectónico y la calidad de vida de los residentes permanentes.
En paralelo a la institucionalidad de la Bienal, Venecia ha sabido integrar el capital privado para la recuperación de edificios históricos. Un ejemplo paradigmático es Punta della Dogana, la lengua de tierra que divide el Gran Canal del Canal de la Giudecca. Este espacio, que alberga la Colección Pinault, fue transformado en un centro de arte contemporáneo que complementa la oferta de la Basílica de Santa Maria della Salute. De acuerdo con analistas del mercado del arte, la presencia de grandes corporaciones y fundaciones privadas ha permitido que estructuras que estaban en riesgo de colapso se conviertan en nodos dinámicos que atraen a un público más joven. Estos sitios ofrecen perspectivas visuales únicas del Palazzo Ducale y la Piazza San Marco, funcionando como miradores estratégicos que redistribuyen a los visitantes fuera de los circuitos tradicionales de la Plaza San Marcos.
Impacto
El impacto de estas visitas alternativas radica en la preservación de la identidad productiva de Venecia, más allá de su fachada como museo a cielo abierto. La Fornace Orsoni, fundada en 1888 por Angelo Orsoni, es el último gran horno de mosaicos que opera en la ciudad. Esta manufactura es responsable de los materiales utilizados en la restauración de la Basílica de San Marcos, la Sagrada Familia en Barcelona y monumentos en Tailandia. La existencia de su “Biblioteca de Color”, con miles de tonos catalogados, demuestra que la economía veneciana aún retiene un componente industrial y artesanal de altísimo valor agregado. Para los especialistas en patrimonio, la supervivencia de estos talleres es vital para evitar que la ciudad se convierta exclusivamente en un parque temático, manteniendo vivo un saber alquímico que vincula el fuego, el vidrio y la hoja de oro con la demanda del mercado global de lujo y restauración.
Asimismo, la puesta en valor de sitios como la Chiesa dei Gesuiti (Santa Maria Assunta) refuerza el peso del barroco veneciano en la narrativa turística actual. Reconstruida a partir de 1715 bajo el mecenazgo de la familia Manin y diseñada por el arquitecto Domenico Rossi, la iglesia es un testimonio de la opulencia religiosa del siglo XVIII. Al albergar obras maestras como “Il Martirio di San Lorenzo” de Tiziano y la “Assunzione della Vergine” de Tintoretto, el templo compite en calidad artística con los grandes museos nacionales. La estrategia de las autoridades eclesiásticas y culturales consiste en resaltar estos espacios en zonas más tranquilas, como Fondamenta Nuove, para incentivar el desplazamiento de los turistas hacia los barrios periféricos, aliviando la congestión en el eje Rialto-San Marcos que suele colapsar durante los meses de la Bienal.
El desafío inmediato para Venecia tras la inauguración de la 61ª Bienal será equilibrar la rentabilidad económica de un evento de escala mundial con la protección de su tejido social y artesanal. La gestión de Koyo Kouoh bajo el lema “In Minor Keys” sugiere una mirada hacia lo sutil y lo menos explorado, una filosofía que la ciudad intenta aplicar a su propio modelo de desarrollo. Con la mirada puesta en el cierre de la muestra en noviembre, el gobierno local evaluará si las medidas de control de flujo y la promoción de estos cinco puntos clave logran mitigar el impacto ambiental y estructural de los casi 700.000 visitantes esperados, en una ciudad que lucha constantemente por no hundirse bajo el peso de su propia fama.