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Tragedia de Linate: la cadena de fallas que causó 118 muertes en Milán

El choque entre un avión de Scandinavian Airlines y un jet privado en el aeropuerto de Linate, bajo una densa niebla, expuso graves deficiencias en la seguridad aeroportuaria italiana.

Redacción El Capitán 8 de octubre de 2026 4 min de lectura
Tragedia de Linate: la cadena de fallas que causó 118 muertes en Milán
Foto: Infobae

Un avión McDonnell Douglas MD-87 de Scandinavian Airlines y un Cessna 525-A Citation colisionaron el 8 de octubre de 2001 en el aeropuerto de Linate, Milán, provocando la muerte de 118 personas tras una incursión en pista fallida.

El siniestro ocurrió a las 9:28 de la mañana, en medio de una visibilidad reducida a menos de 200 metros por la niebla. El vuelo SK 686 de SAS, con destino a Copenhague y 110 personas a bordo, recibió autorización para despegar por la pista 36R. Simultáneamente, el jet privado Cessna, que debía dirigirse a París con cuatro ocupantes, ingresó por error en la trayectoria de despegue de la aeronave comercial. Según fuentes de la Agenzia Nazionale per la Sicurezza del Volo (ANSV), el impacto se produjo a una velocidad de 280 kilómetros por hora, desintegrando al Cessna de forma instantánea y dañando severamente el motor derecho y el tren de aterrizaje del MD-87.

A pesar de los daños estructurales, el comandante Joakim Gustafsson logró elevar el avión de SAS unos 11 metros durante breves segundos. Sin embargo, la pérdida de potencia en el motor restante y la imposibilidad de mantener la sustentación obligaron a un aterrizaje forzoso sobre la misma pista. La aeronave continuó su carrera descontrolada hasta impactar contra un edificio de depósito de equipajes a 300 kilómetros por hora. El choque final y el incendio posterior del combustible terminaron con la vida de todos los ocupantes de ambos aviones y de cuatro trabajadores de tierra que se encontraban en el hangar, consolidándose como el peor desastre aeronáutico en la historia de Italia.

Contexto

La investigación técnica posterior reveló que el accidente no fue producto de un único error, sino de una acumulación de negligencias sistémicas. Los pilotos del Cessna, de nacionalidad alemana, habían manifestado que era su primera vez operando en Linate y solicitaron instrucciones precisas. El controlador les indicó utilizar la calle de rodaje R5 (ruta norte), pero la tripulación tomó la R6 (ruta sur) debido a una señalización deficiente y confusa. Los carteles en la calle R6 estaban orientados para aviones que salían de la pista y no para los que ingresaban, lo que creó una trampa geográfica para los pilotos extranjeros en condiciones de baja visibilidad.

Un dato crítico aportado por los peritos de la ANSV fue la inexistencia de tecnología de vigilancia activa al momento del choque. El radar de superficie del aeropuerto de Linate había sido retirado en noviembre de 1999 y su reemplazo aún no estaba instalado ni operativo en octubre de 2001. Además, los sensores de incursión en pista, diseñados para emitir alarmas sonoras ante movimientos no autorizados, estaban desactivados por las autoridades aeroportuarias para evitar “falsas alarmas” causadas por vehículos de servicio. Esta falta de “ojos” electrónicos impidió que la torre de control detectara que el Cessna se encontraba en una zona prohibida antes del despegue del MD-87.

Impacto

Las consecuencias legales de la tragedia derivaron en un extenso proceso judicial que sentó precedentes sobre la responsabilidad de los organismos de control. En 2004, un tribunal de Milán dictó condenas para Vincenzo Fusco (director del aeropuerto), Paolo Zacchetti (controlador aéreo) y Sandro Gualano (ex responsable de ENAV). Tras varias apelaciones, la Corte de Casación dejó firmes en 2008 las penas para Gualano (6 años y 6 meses), Fabio Marzocca (4 años y 4 meses) y Zacchetti (3 años), mientras que los directivos de la sociedad aeroportuaria SEA, Antonio Cavanna y Lorenzo Grecchi, también recibieron sentencias de 3 años de prisión.

El impacto en la seguridad aérea global fue inmediato, obligando a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) a revisar los protocolos de señalización en tierra y la obligatoriedad de los radares de superficie en aeropuertos con alta frecuencia de niebla. La tragedia de Linate demostró que el error humano de un piloto —en este caso, confundir la calle R5 con la R6— debe ser contenido por capas de seguridad tecnológica y física. La identificación de las víctimas, pertenecientes a nueve nacionalidades distintas, requirió meses de trabajo forense mediante ADN y odontología, lo que impulsó mejoras en los protocolos de respuesta ante catástrofes masivas en terminales aéreas europeas.

Actualmente, el aeropuerto de Linate cuenta con sistemas de radar de última generación y una señalización estandarizada que impide la confusión entre calles de rodaje. La memoria de las 118 víctimas se mantiene en el “Bosque de los Hayas”, un memorial inaugurado en Milán para recordar que la seguridad aeronáutica depende de la infalibilidad del sistema y no solo de la pericia individual. La tensión persiste en el ámbito gremial de los controladores, quienes sostienen que las fallas de infraestructura no deben ser cargadas únicamente sobre el personal operativo.

Fuente: Infobae

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Información publicada por Infobae.

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Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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