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Tomás Aranda debutó como 10 de Boca bajo la mirada de Scaloni

El juvenil Tomás Aranda asumió la conducción creativa de Boca Juniors frente a Sarmiento por Copa Argentina, manteniendo el hábito del chicle que Lionel Scaloni destacó durante su convocatoria a la Selección Nacional.

Redacción El Capitán 17 de julio de 2026 6 min de lectura
Tomás Aranda debutó como 10 de Boca bajo la mirada de Scaloni
Foto: Olé

Tomás Aranda debutó este miércoles como el nuevo número 10 de Boca Juniors en el encuentro frente a Sarmiento de Junín por la Copa Argentina, ratificando la confianza depositada por el entrenador Rodolfo Arruabarrena en el inicio de su segundo ciclo.

El juvenil, que recientemente formó parte de la delegación de la Selección Argentina en la gira previa a la Copa del Mundo, mostró una solidez técnica que llamó la atención del cuerpo técnico nacional. Durante su estadía con el plantel mayor, Lionel Scaloni no solo valoró sus condiciones futbolísticas, sino que también identificó una particularidad conductual que el jugador trasladó al campo de juego en su estreno con la camiseta xeneize. Aranda mantiene la costumbre de jugar mascando chicle, un hábito que el entrenador de la Selección destacó públicamente y que le valió el apodo interno de “Chicle” entre sus compañeros y el staff técnico de la AFA. Según fuentes cercanas al cuerpo médico del club de la Ribera, esta práctica funciona como un mecanismo de descarga de tensión para el futbolista de 18 años, permitiéndole mantener la calma en situaciones de alta presión competitiva.

La decisión de Arruabarrena de otorgarle la emblemática camiseta número 10 a un juvenil en su debut absoluto responde a una reestructuración profunda del plantel profesional. En el estadio Coloso del Parque, donde se disputó el encuentro, Aranda se posicionó como el eje del circuito ofensivo, conectando las líneas de mediocampo con la delantera. Operadores del mercado de pases y analistas deportivos coinciden en que la exposición que recibió el jugador al ser llevado por Scaloni a la gira internacional aceleró los procesos de maduración en el predio de Ezeiza. El despliegue del volante creativo no se vio afectado por la responsabilidad del dorsal, manteniendo la fluidez en el pase corto y la visión periférica que lo caracteriza desde las divisiones inferiores, donde fue escalando categorías hasta asentarse en la Reserva dirigida por Mariano Herrón antes de su salto definitivo al primer equipo.

Durante el desarrollo del partido contra el conjunto de Junín, se observó a un Aranda muy activo en la presión tras pérdida, una faceta que Scaloni le exigió durante los entrenamientos en el predio de la Selección. La prensa especializada y los veedores presentes en Rosario notaron que el jugador no modificó su esencia a pesar del cambio de escenario y la magnitud del compromiso. La utilización del chicle, lejos de ser una distracción, parece haberse convertido en su marca registrada, una señal de identidad que el propio seleccionador nacional utilizó para romper el hielo con el juvenil durante su primera convocatoria. Desde el entorno del jugador aseguran que esta rutina le permite oxigenar mejor y controlar la ansiedad propia de un debut en una competencia de eliminación directa como es la Copa Argentina, donde el margen de error es mínimo.

Contexto

La irrupción de Tomás Aranda en la primera división de Boca Juniors no es un hecho aislado, sino el resultado de un proceso de seguimiento que comenzó hace dos años en las selecciones juveniles Sub-17 y Sub-20. Su convocatoria a la gira previa del Mundial por parte de Lionel Scaloni marcó un hito en su carrera, ya que fue uno de los pocos futbolistas del ámbito local sin minutos en primera en ser considerados para acompañar al grupo de elite. Este antecedente inmediato generó una expectativa inusual sobre su rendimiento en el club, especialmente tras la salida de jugadores experimentados que liberaron cupos en la zona de gestación. La llegada de Rodolfo Arruabarrena para iniciar su segunda etapa como director técnico xeneize coincidió con el regreso de Aranda de la Selección, lo que facilitó su inserción inmediata en el once titular para el debut copero.

Históricamente, la camiseta número 10 de Boca Juniors ha sido portada por figuras de la talla de Juan Román Riquelme, Diego Maradona y Carlos Tevez, lo que añade una carga simbólica adicional a la elección del juvenil. En los últimos meses, el Consejo de Fútbol liderado por Riquelme ha impulsado una política de promoción de talentos formados en la institución, otorgándoles roles protagónicos en competencias oficiales. Aranda se suma a una lista de juveniles que han debutado bajo presión extrema, pero con el respaldo explícito de haber sido testeados previamente en el entorno de la Selección Mayor, un filtro que pocos jugadores de su edad logran superar antes de consolidarse en sus respectivos clubes. La anécdota del chicle, mencionada por Scaloni en conferencias de prensa informales, humanizó la figura del volante ante la hinchada antes de que tocara su primera pelota profesional.

Impacto

El impacto de la titularidad de Aranda y su rendimiento con la 10 en la espalda redefine la planificación estratégica de Boca para el resto de la temporada. Al demostrar que puede conducir al equipo sin que el peso de la historia lo condicione, el cuerpo técnico gana una variante creativa que evita la necesidad de buscar refuerzos de alto costo en el mercado externo. Para el club, la consolidación de un activo propio con proyección de Selección Nacional representa un incremento potencial en el valor de mercado del plantel. Fuentes del departamento de fútbol profesional indican que ya existen sondeos de clubes europeos que siguen el rastro de los juveniles citados por Scaloni, lo que obliga a la dirigencia a blindar el contrato del jugador con cláusulas de rescisión acordes a su potencial.

Por otro lado, la presencia de Aranda en el equipo titular genera un efecto contagio en las categorías formativas, validando el camino de la meritocracia deportiva por sobre la jerarquía de los nombres consagrados. La victoria ante Sarmiento, más allá del resultado numérico, deja como saldo positivo la confirmación de un conductor que entiende el juego bajo los parámetros del fútbol moderno: intensidad, precisión y resiliencia psicológica. El hecho de que Scaloni mantenga un ojo puesto en su evolución garantiza que el jugador estará bajo una lupa constante, lo que eleva el nivel de exigencia en cada entrenamiento en Casa Amarilla. La “costumbre” del chicle, que comenzó como una curiosidad, es hoy el símbolo de un futbolista que juega con la naturalidad de quien lo hace en el patio de su casa, independientemente de la magnitud del estadio o el rival.

El próximo desafío para Tomás Aranda será mantener la regularidad en el torneo local, donde la exigencia física y el roce defensivo suelen ser superiores a los encuentros de copa. Con el respaldo de Scaloni y la confianza de Arruabarrena, el juvenil se perfila como la pieza central del nuevo Boca, mientras el cuerpo técnico nacional sigue de cerca su progresión de cara a futuras convocatorias. La tensión ahora se traslada a la gestión de sus minutos en cancha para evitar el desgaste prematuro de una de las promesas más firmes del fútbol argentino actual.

Fuente: Olé

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Información publicada por Olé.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias