ECONOMÍA

Tokio aplica multas inmediatas por arrojar basura en Shibuya

El distrito de Shibuya implementó sanciones de 2.000 yenes para quienes arrojen residuos en la vía pública, ante el récord de 42,7 millones de turistas.

Redacción El Capitán 3 de junio de 2026 6 min de lectura
Tokio aplica multas inmediatas por arrojar basura en Shibuya
Foto: Infobae

El distrito de Shibuya, en Tokio, comenzó a aplicar multas inmediatas de 2.000 yenes a quienes arrojen basura en la vía pública, como respuesta directa al récord histórico de 42,7 millones de visitantes internacionales registrados durante el último año.

La medida representa un endurecimiento drástico de las políticas de convivencia urbana en uno de los centros neurálgicos de la capital japonesa. Según indicaron fuentes de la administración local de Shibuya, la sanción equivale aproximadamente a 12 dólares y busca frenar el deterioro del espacio público provocado por el turismo de masas. Para garantizar la efectividad de la norma, el gobierno municipal desplegó un cuerpo de 50 agentes especializados que patrullan las zonas de mayor afluencia, con la facultad de emitir boletas de infracción en el acto. Los infractores tienen la posibilidad de abonar la multa mediante diversos métodos de pago, incluyendo efectivo, tarjetas de crédito y códigos QR, una flexibilidad diseñada específicamente para captar a los visitantes extranjeros que transitan por la zona.

El operativo se centra en combatir conductas que se volvieron recurrentes con la reapertura total de las fronteras, como el consumo de bebidas alcohólicas en la calle y el abandono de envases en las veredas. Bajo el eslogan institucional “Si tiras basura, pierdes dinero”, las autoridades locales pretenden instalar una advertencia clara para aquellos turistas que desconocen las estrictas normas de urbanidad japonesas. De acuerdo con operadores del sector turístico en Tokio, el incremento de los residuos no solo afecta la estética de la ciudad, sino que pone en riesgo la infraestructura de limpieza urbana, que no fue dimensionada para el volumen de personas que actualmente circulan por el cruce de Shibuya y sus alrededores. La vigilancia constante de los agentes busca generar un efecto disuasorio inmediato en un entorno donde la densidad poblacional alcanza niveles críticos durante los fines de semana.

La gestión de los residuos en Shibuya enfrenta un desafío logístico adicional: la histórica escasez de papeleras públicas en las calles de Tokio. Esta particularidad, que suele desconcertar a los viajeros occidentales, obliga a los ciudadanos a cargar con sus propios desechos hasta sus hogares o alojamientos. Fuentes del Departamento de Seguridad Pública explicaron que la falta de cestos responde a protocolos de seguridad nacional establecidos tras incidentes terroristas previos, donde se utilizaron recipientes de basura para ocultar artefactos explosivos. Esta política de seguridad, mantenida durante décadas, choca ahora con los hábitos de consumo de millones de turistas que compran alimentos y bebidas al paso en las tiendas de conveniencia locales, generando un excedente de plásticos y restos orgánicos que terminan acumulados en esquinas o entradas de estaciones de metro.

Contexto

El fenómeno del sobreturismo en Japón se aceleró de manera exponencial tras la pandemia de COVID-19, impulsado en gran medida por una devaluación histórica del yen que abarató los costos para los viajeros internacionales. En 2025, el país alcanzó la cifra récord de 42,7 millones de visitantes, superando todas las proyecciones oficiales previas. Este flujo masivo de personas se concentró principalmente en el denominado “Triángulo de Oro” que integran Tokio, Kioto y Osaka. Según una encuesta gubernamental reciente, el 20% de los turistas extranjeros identificó la ausencia de papeleras como la principal incomodidad de su viaje, lo que evidencia una desconexión entre las expectativas del visitante y las normas de seguridad y limpieza del país anfitrión. Históricamente, la sociedad japonesa se ha regido por el principio de responsabilidad individual sobre los desechos, una cultura que el turismo masivo está poniendo a prueba.

Ante esta situación, el gobierno de Tokio ya había comenzado a exigir a los comercios de cercanía, especialmente a los locales de comida rápida y puestos de “street food”, la instalación obligatoria de contenedores privados para sus clientes. Sin embargo, la persistencia del problema en áreas abiertas llevó a la administración de Shibuya a adoptar este enfoque punitivo. No es la primera vez que el distrito toma medidas restrictivas; anteriormente se habían implementado prohibiciones temporales al consumo de alcohol en la vía pública durante festividades como Halloween, debido a los desmanes y la suciedad acumulada. La actual normativa de multas fijas representa la institucionalización de un control que antes era meramente persuasivo, marcando un cambio de paradigma en la relación de la ciudad con sus visitantes internacionales.

Impacto

La implementación de estas multas tiene un impacto directo en la percepción de Japón como un destino ordenado y limpio, pero también genera tensiones sobre la sostenibilidad del modelo turístico actual. Para los residentes de Shibuya, la medida es vista como un alivio necesario ante la degradación de su entorno cotidiano, mientras que para el sector comercial representa un desafío de comunicación para no ahuyentar el consumo. Expertos en urbanismo señalan que la recaudación por infracciones no tiene un fin meramente fiscal, sino que busca financiar el costo operativo de los 50 agentes de vigilancia y las tareas de limpieza adicionales que el municipio debe contratar para mantener los estándares de higiene exigidos por la población local. La adopción de pagos digitales para las multas indica que el gobierno japonés reconoce la naturaleza transitoria del infractor y busca evitar la impunidad que suele rodear a las faltas cometidas por extranjeros.

Por otro lado, esta política forma parte de un paquete de medidas más amplio que incluye el aumento de impuestos específicos a turistas y la implementación de sistemas de control de aforo mediante aplicaciones móviles en zonas de alta saturación. El impacto se extiende también a la industria de las redes sociales, donde la viralización de comportamientos inapropiados de turistas ha generado un fuerte rechazo social en Japón. Al sancionar económicamente estas conductas, las autoridades envían un mensaje global sobre los límites de la hospitalidad japonesa frente al comportamiento incívico. La medida en Shibuya podría servir como modelo para otros distritos de Tokio, como Shinjuku o Asakusa, que enfrentan problemáticas similares de acumulación de residuos en zonas de templos y centros comerciales.

El éxito de esta iniciativa dependerá de la capacidad de los agentes para cubrir las áreas críticas durante las 24 horas, especialmente en horario nocturno cuando el consumo de alcohol en las calles se incrementa. Se espera que en los próximos meses el gobierno metropolitano de Tokio evalúe los resultados de estas sanciones para determinar si es necesario elevar el monto de las multas o extender la vigilancia a otros barrios periféricos. La tensión entre el beneficio económico que reportan los 42,7 millones de turistas y la preservación del orden público seguirá siendo el eje central de la política urbana japonesa en el corto plazo, mientras el país busca equilibrar su apertura al mundo con el mantenimiento de sus tradiciones de limpieza y seguridad.

Fuente: Infobae

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Información publicada por Infobae.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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