Theresa Varela, la religiosa de 89 años nacida en Cabo Verde y radicada en el norte cordobés, confirmó que no verá el trascendental partido del Mundial entre Argentina y el seleccionado africano este viernes a las 19 horas. La fundadora de la Misión María de la Esperanza, quien reside en San Marcos Sierras desde hace décadas, optó por mantenerse al margen de la transmisión oficial para evitar la dualidad de sentimientos que le genera el enfrentamiento deportivo entre su tierra de origen y el país donde desarrolló su obra social.
La historia de Varela, conocida popularmente como “La Negra”, trasciende lo estrictamente deportivo, aunque el fútbol ha sido el hilo conductor de su vida desde su infancia en Fundura, una localidad rural de la isla de Santiago. Quinta de 13 hermanos, la religiosa mantiene un vínculo estrecho con la realidad de su país natal, al punto de haber identificado un parentesco lejano con Hélio Sandro Oliveira Alves Varela, actual integrante de la selección caboverdiana. Según indicaron allegados a su fundación, la monja sigue de cerca el desempeño de figuras como el arquero Josimar Dias, apodado “Vozinha”, quien en la previa del encuentro manifestó su deseo de atajarle un penal a Lionel Messi, a quien en el archipiélago africano apodan “el león”.
A pesar de su ferviente simpatía por River Plate y de tener su casa decorada con camisetas y pelotas, Varela decidió que el viernes realizará el trayecto desde la ciudad de Córdoba hacia San Marcos Sierras durante el horario del partido. Esta decisión responde a una necesidad de preservar su tranquilidad emocional, dado que el clima de efervescencia en su familia, repartida entre Argentina y Cabo Verde, ha alcanzado niveles máximos. “Soy argentina y caboverdiana. No puedo desear que ninguno pierda. Al que gane lo voy a aplaudir”, afirmó la religiosa, quien planea viajar en los próximos meses al archipiélago para visitar a sus sobrinos y obtener una fotografía con el plantel nacional de su país de origen para exhibirla en su hogar cordobés.
La pasión de Theresa por el fútbol no es una afición tardía, sino una vocación que casi compite con su llamado religioso. Durante su juventud en Cabo Verde, se desempeñaba como arquera en terrenos baldíos, una actividad que inicialmente la hizo dudar de ingresar al convento a los 18 años. Fue un sacerdote de su pueblo quien, para convencerla, le mostró imágenes de novicias practicando el deporte, lo que finalmente selló su destino. Incluso ya consagrada como monja en Portugal e Italia, continuó jugando de manera informal, llegando a sufrir una lesión abdominal por un pelotazo que derivó en una intervención quirúrgica, hecho que mantuvo en reserva ante sus superioras de la orden San Pedro Claver por temor a las reprimendas institucionales.
Contexto
Cabo Verde es un archipiélago volcánico de apenas medio millón de habitantes ubicado frente a las costas de África occidental. A pesar de contar con una liga local limitada a una docena de clubes, el fútbol representa el principal motor social y cultural de las islas. Theresa Varela llegó a la Argentina hace 55 años, tras pasar por misiones en Estados Unidos, Brasil y Colombia. Su desembarco en la provincia de Córdoba se produjo en un momento de profunda búsqueda personal, que la llevó a solicitar permiso al entonces obispo Raúl Primatesta para abandonar la vida de claustro y dedicarse a la misión directa en las zonas más postergadas del noroeste provincial.
El 9 de septiembre de 1996, Varela renovó sus votos perpetuos bajo un régimen de vida independiente, adoptando un hábito informal compuesto por un jumper de jean y una cofia celeste. Su labor se intensificó durante la crisis socioeconómica de 2001, cuando su fundación llegó a asistir a casi 2.000 niños en siete comedores distribuidos en Cruz del Eje y parajes rurales aledaños. En la actualidad, la organización mantiene la asistencia alimentaria para 500 menores y gestiona la aldea “La Esperanza”, un centro de capacitación y salud que contó en sus inicios con el apoyo de figuras del deporte y la cultura como el exentrenador de Boca Juniors, Carlos Bianchi, y el conductor Jorge Guinzburg.
Impacto
La presencia de Varela en la región ha transformado la dinámica de asistencia social en el departamento Cruz del Eje. Su fundación no solo provee alimentación, sino que coordina un hospital móvil que recorre diferentes puntos del país para brindar atención médica gratuita. El impacto de su figura es tal que ha logrado amalgamar voluntades de distintos sectores políticos y deportivos; es recordada la anécdota con Carlos Bianchi, a quien Theresa le aclaró su fanatismo por River Plate en el primer contacto telefónico, recibiendo como respuesta del técnico que para el servicio humanitario no existían las rivalidades futbolísticas.
Para la comunidad de San Marcos Sierras, el partido del viernes representa un hito simbólico que une la identidad de su vecina más ilustre con la realidad global del Mundial. El hecho de que una nación pequeña como Cabo Verde logre enfrentar a la Argentina de Messi es vivido por Varela como un triunfo del espíritu deportivo sobre las limitaciones geográficas y económicas. La religiosa destaca que, en su tierra natal, la pelota es considerada “una amiga” y que el entusiasmo de los jóvenes por el deporte es una herramienta de contención social similar a la que ella intenta aplicar en sus comedores cordobeses, donde todavía se la ve patear la pelota con los chicos que asisten a los talleres.
El próximo paso para la religiosa será concretar su viaje al archipiélago africano una vez finalizada la competencia mundialista. Mientras tanto, continuará con su rutina que comienza diariamente a las 4:30 de la mañana con oraciones y la planificación de las misiones sanitarias. El resultado del viernes, sea cual fuere, encontrará a Theresa Varela trabajando en la aldea “La Esperanza”, manteniendo su promesa de no tomar partido por ninguna de las dos banderas que representan su historia personal, mientras aguarda que el fútbol siga siendo, como ella define, el motor que mueve su corazón cada vez que ve una pelota rodar en un baldío.