El árbitro Nicolás Lamolina anuló un penal a favor de Godoy Cruz durante el empate 0 a 0 frente a All Boys en Floresta, luego de que futbolistas locales le exhibieran la repetición de la jugada en un teléfono celular.
La controversia se desató en los minutos finales de la fecha 33 del torneo de la Primera Nacional, cuando el juez sancionó una falta de Iván Zafarana sobre Axel Rodríguez dentro del área. Tras la expulsión del defensor por juego brusco grave, los jugadores del conjunto de Floresta rodearon a la terna arbitral portando un dispositivo móvil para demostrar que la infracción había ocurrido fuera del perímetro penal. Según fuentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), la decisión de Lamolina de dar marcha atrás con el cobro del penal, basándose presuntamente en la asistencia de su línea pero bajo la presión de las imágenes digitales, representa una irregularidad técnica grave dado que la categoría no cuenta con la habilitación del sistema de videoasistencia oficial.
Desde el Colegio de Árbitros indicaron que el procedimiento adoptado por Lamolina será evaluado exhaustivamente, ya que el reglamento de la International Football Association Board (IFAB) prohíbe taxativamente el uso de equipos de comunicación o pantallas por parte de los jugadores para interferir en las decisiones del juez. En el informe preliminar, el árbitro sostuvo que hizo un esfuerzo consciente por no observar la pantalla del dispositivo y que su rectificación respondió exclusivamente a una advertencia tardía de su asistente de línea. Sin embargo, la secuencia televisiva mostró una proximidad inusual entre el juez y el aparato electrónico, lo que generó suspicacias en la delegación de Godoy Cruz y en los observadores del Tribunal de Disciplina, quienes ahora deben determinar si existió una vulneración del protocolo de competencia.
La situación de Iván Zafarana añade una capa de complejidad al conflicto administrativo. A pesar de que el penal fue anulado y el juego se reanudó con un tiro libre para el equipo mendocino, la tarjeta roja directa al defensor se mantuvo firme bajo el cargo de juego brusco grave. Operadores del mercado deportivo y especialistas en derecho federativo señalan que el jugador podría enfrentar una sanción agravada si el informe arbitral consigna que fue él o un compañero directo quien ingresó el dispositivo al campo de juego. Las normas vigentes establecen que cualquier integrante del plantel que utilice tecnología no autorizada para protestar debe ser expulsado de inmediato, una medida que Lamolina no aplicó en el momento del tumulto, limitándose a procesar la información visual externa para modificar su fallo inicial.
Contexto
El denominado “celuVAR” no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia de una disparidad tecnológica profunda en el fútbol argentino. Mientras que la Liga Profesional de Fútbol (LPF) implementó el VAR en abril de 2022 tras un largo proceso de capacitación y certificación por parte de la FIFA, la Primera Nacional se mantiene operando bajo el sistema tradicional de arbitraje humano sin soporte técnico. Esta brecha genera tensiones recurrentes en partidos de alta intensidad donde los ascensos y descensos están en juego. Históricamente, la AFA ha postergado la llegada de la tecnología a la segunda división debido a los altos costos operativos que implica el despliegue de fibra óptica y salas VOR en estadios que, en muchos casos, no cuentan con la infraestructura mínima requerida para los estándares internacionales.
Antecedentes cercanos en el ascenso muestran que la presión sobre los árbitros se ha intensificado con la inmediatez de las redes sociales y las transmisiones vía streaming, que permiten a los suplentes y cuerpos técnicos acceder a las repeticiones segundos después de cada jugada. En temporadas anteriores, se registraron incidentes menores donde auxiliares técnicos intentaron mostrar tablets a los cuartos árbitros, pero nunca una decisión de campo de tal magnitud —un penal en los minutos finales— había sido revertida en un contexto de tanta exposición mediática. La IFAB, en sus circulares de 2023 y 2024, ha reforzado la idea de que el árbitro es la máxima autoridad y que cualquier intento de influir mediante dispositivos externos debe ser castigado con la máxima severidad para proteger la integridad del juego.
Impacto
El impacto de este suceso trasciende el resultado deportivo entre All Boys y Godoy Cruz, afectando directamente la credibilidad del arbitraje en las categorías de ascenso. Fuentes cercanas al Tribunal de Disciplina sugieren que este caso sentará un precedente punitivo para evitar que el uso de teléfonos celulares se convierta en una herramienta de presión sistemática en estadios sin VAR. Si el organismo decide actuar de oficio, Lamolina podría enfrentar una suspensión de varias fechas por permitir la injerencia de elementos externos en su proceso de toma de decisiones. Para los clubes, esto representa una señal de alerta sobre la conducta de sus futbolistas, ya que la exposición a sanciones económicas y deportivas por el uso de tecnología prohibida podría comprometer sus campañas en el torneo.
Por otro lado, la controversia acelera el debate sobre la necesidad urgente de profesionalizar el arbitraje en la Primera Nacional. La disparidad de criterios entre lo que sucede en la máxima categoría y el ascenso genera un clima de injusticia percibida que suele derivar en incidentes violentos. Los analistas arbitrales coinciden en que, si no se implementa un sistema de revisión oficial o se prohíbe estrictamente el acceso de dispositivos al banco de suplentes, el fútbol argentino corre el riesgo de caer en una anarquía reglamentaria donde la verdad de la jugada sea dictada por quien tenga la mejor conexión a internet en el campo de juego. La seguridad de los árbitros también está en juego, ya que la validación de estos reclamos informales los expone a mayores agresiones físicas durante las protestas.
El futuro inmediato de los protagonistas depende ahora de las actas oficiales que se elevarán a la calle Viamonte en las próximas horas. Se espera que el Tribunal de Disciplina cite a declarar a la terna arbitral completa para esclarecer si hubo comunicación por intercomunicadores en el momento exacto de la rectificación o si, efectivamente, la imagen del celular fue el factor determinante. Mientras tanto, el plantel de All Boys aguarda la sanción definitiva para Zafarana, cuya suspensión podría extenderse más allá de una fecha debido a la naturaleza del reclamo y la gravedad de la falta técnica reportada. La resolución de este conflicto marcará el límite de lo permitido en la era de la hiperconectividad aplicada al deporte profesional.