Nueve tenistas argentinos iniciarán este lunes su participación en el cuadro principal de Wimbledon, el tercer Grand Slam de la temporada, con el objetivo de superar la primera ronda en el All England Lawn Tennis and Croquet Club.
El contingente nacional llega a Londres encabezado por Francisco Cerúndolo, actual 21° del ranking ATP, quien se posiciona como la principal esperanza tras conquistar recientemente el ATP 500 de Queen’s. Según datos de la Asociación Argentina de Tenis (AAT), esta edición cuenta con una mezcla de experiencia y debutantes, destacándose la presencia de tres jugadores que ingresan por primera vez al cuadro mayor: Thiago Tirante (54°), Román Burruchaga (66°) y Marco Trungelliti (94°). La preparación previa en la gira europea de césped arrojó resultados dispares, con rendimientos destacados en Eastbourne y Mallorca, aunque la adaptación a la velocidad de la bola y el pique bajo de la hierba londinense sigue siendo el factor determinante para las aspiraciones de los jugadores sudamericanos.
Francisco Cerúndolo arriba a la Catedral en el punto más alto de su rendimiento sobre esta superficie, tras convertirse en el primer argentino en ganar un torneo en Londres. A pesar de sus títulos en Eastbourne 2023 y Queen’s, el mayor de los hermanos Cerúndolo arrastra la cuenta pendiente de superar el debut en Wimbledon, tras sus caídas ante Roman Safiullin en 2024 y Nuno Borges en 2025. En esta ocasión, enfrentará al español Jaume Munar (44°). Por su parte, Juan Manuel Cerúndolo (42°) llega con el mejor ranking de su carrera tras sumar sus primeras victorias en césped en Eastbourne ante Raphael Collignon y Arthur Fery. El sorteo no fue benévolo para el menor de la dinastía, quien deberá medirse ante Alejandro Davidovich Fokina (22°), reciente campeón en el ATP 250 de Mallorca.
La lista de competidores se completa con nombres que ya conocen la dinámica del torneo pero atraviesan presentes irregulares. Tomás Etcheverry (32°), quien alcanzó la segunda ronda en las últimas dos ediciones, llega tras sendas derrotas en los debuts de Halle y Eastbourne; su primer escollo será el italiano Lorenzo Sonego (72°). Mariano Navone (38°), en tanto, buscará repetir su actuación del año pasado donde venció a Denis Shapovalov, aunque tendrá un debut de alta complejidad frente al Top 10 italiano Flavio Cobolli. Sebastián Báez (56°) optó por una estrategia diferente al no disputar torneos previos, presentándose directamente en Londres para enfrentar al alemán Jan-Lennard Struff (77°), mientras que Camilo Ugo Carabelli (57°) hará lo propio ante el español Daniel Mérida (85°).
Contexto
La relación del tenis argentino con el césped estuvo históricamente marcada por la resistencia técnica y cultural a una superficie que no abunda en la región. La célebre frase de Guillermo Vilas, “el pasto es para las vacas”, pronunciada en la década del 70, sintetizó durante años la frustración de los jugadores formados en el polvo de ladrillo. Sin embargo, el propio Vilas matizó su postura tras ganar el Masters de Kooyong en 1974 y obtener dos títulos del Abierto de Australia (1978 y 1979) cuando este se disputaba sobre hierba. A pesar de esos éxitos, Wimbledon se mantuvo como el único Grand Slam esquivo para el máximo referente del tenis nacional, estableciendo un techo de cristal que solo pocos, como David Nalbandian en la final de 2002 o Juan Martín del Potro en las semifinales de 2013, lograron perforar.
Desde la perspectiva técnica, los analistas del circuito ATP señalan que la transición de la tierra batida al césped requiere una modificación biomecánica en el apoyo y una reducción en los tiempos de preparación del golpe. Históricamente, los jugadores argentinos han sufrido la falta de torneos locales en esta superficie, lo que los obliga a realizar giras europeas intensivas de apenas tres o cuatro semanas para intentar adaptar su juego. En la última década, la tendencia comenzó a revertirse levemente gracias a una mayor versatilidad en el juego de fondo y mejoras en la potencia del servicio, aunque las estadísticas generales siguen mostrando una brecha significativa en comparación con los especialistas europeos y australianos.
Impacto
El desempeño de la delegación en Wimbledon tiene consecuencias directas tanto en el ranking mundial como en la planificación financiera de los jugadores para el resto de la temporada. De acuerdo con fuentes del mercado de apuestas y analistas deportivos, una buena actuación en Londres garantiza una base de puntos que permite a los tenistas asegurar su entrada directa a los cuadros principales del US Open y la gira de cemento norteamericana. Para jugadores como Tirante, Burruchaga y Trungelliti, superar la primera ronda representa no solo un hito deportivo en sus carreras, sino también un ingreso económico vital debido a los premios oficiales del torneo, que este año han visto un incremento en las rondas iniciales.
En términos de desarrollo deportivo, el éxito de Francisco Cerúndolo en la gira previa impacta en la percepción del tenis argentino a nivel global, demostrando que la formación en canchas lentas no es un impedimento absoluto para competir en superficies rápidas. Según operadores del mercado de indumentaria y patrocinio, la visibilidad que otorga Wimbledon es superior a cualquier otro evento del calendario, lo que potencia las posibilidades de los jugadores nacionales de atraer sponsors internacionales. La consolidación de una camada capaz de ganar partidos en la Catedral del tenis es fundamental para romper el estigma histórico y fomentar una preparación más integral en las categorías juveniles de la región.
El inicio de la competencia marcará el pulso de una semana decisiva para el deporte nacional. La atención estará puesta en la capacidad de resistencia de los argentinos ante sacadores potentes como Struff o especialistas como De Miñaur, quien será el rival del debutante Román Burruchaga. Si la delegación logra colocar a más de tres representantes en la tercera ronda, se considerará una de las mejores actuaciones colectivas de los últimos años. La actividad comenzará formalmente en las canchas periféricas del predio, mientras que los preclasificados esperan su turno en los estadios principales, bajo la atenta mirada de un público que, año tras año, renueva su expectativa por ver a un argentino desafiar la lógica del césped.