El presidente Javier Milei respaldó las expresiones de soberanía sobre las Islas Malvinas realizadas por los jugadores de la Selección Argentina tras vencer a Inglaterra, en un escenario de creciente tensión diplomática con Londres por la explotación de recursos naturales.
La reacción oficial se disparó inicialmente desde la cuenta de La Libertad Avanza, que apenas una hora después del partido publicó una foto de los futbolistas con una bandera reivindicativa acompañada de la frase: “Somos un país, no una película de Disney”. Esta expresión, que remite a una respuesta dada al The Washington Post en diciembre de 2022 contra la denominada agenda “woke”, marcó el pulso de una narrativa que el Ejecutivo decidió adoptar frente al impacto global del gesto deportivo. Según fuentes de la Casa Rosada, la gestión de la comunicación digital, ahora bajo la órbita de Karina Milei y Santiago Caputo, buscó capitalizar un sentimiento nacionalista que inicialmente el mandatario había preferido observar con distancia, desistiendo incluso de viajar al torneo para evitar una sobreexposición que no consideraba propia de su perfil político.
El propio Milei, en declaraciones posteriores, validó la actitud de los deportistas al señalar que es entendible que se dejen llevar por la emoción en un contexto de alta competencia. Esta postura contrasta con la rigidez de la FIFA, que a través de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había solicitado evitar elementos alusivos a la guerra de 1982 en los estadios. Sin embargo, el volumen de la conversación digital fue incontenible: según un informe de la consultora Ad Hoc, las menciones sobre Malvinas superaron los 2 millones en cinco días, duplicando el tráfico registrado el pasado 2 de abril. No obstante, el dato para el oficialismo fue agridulce, ya que las menciones que vinculaban directamente al Presidente con las islas alcanzaron un 667% de negatividad, reflejando una desconfianza persistente en sectores del electorado sobre su verdadera postura soberana.
Contexto
La relación de Javier Milei con la cuestión Malvinas ha estado marcada por contradicciones y un archivo frondoso que incluye elogios a Margaret Thatcher y una sintonía explícita con las formas diplomáticas del Reino Unido. En febrero de 2024, el mandatario le restó importancia a la visita del canciller británico David Cameron a las islas, afirmando a la cadena BBC que no se trataba de una provocación, lo que generó cortocircuitos con la entonces canciller Diana Mondino. Históricamente, la estrategia del actual Gobierno se alinea con las gestiones de Carlos Menem y Mauricio Macri, priorizando los acuerdos comerciales y la relación bilateral por sobre la confrontación directa en foros internacionales, una táctica opuesta a la utilizada por el kirchnerismo durante sus mandatos.
Este giro hacia un nacionalismo más activo ocurre en un momento de fricción económica real. El detonante ha sido la decisión final de inversión en el proyecto Sea Lion, un yacimiento petrolífero en aguas australes que, según proyecciones del Financial Times, tiene el potencial de triplicar el Producto Bruto Interno (PBI) de las islas. Ante este escenario, el canciller Pablo Quirno manifestó el repudio oficial el pasado 10 de junio, marcando el inicio de una etapa de mayor agresividad diplomática. A esto se sumó, el lunes pasado, una nota de protesta formal ante la Embajada del Reino Unido por los movimientos del buque HMS, el cual fue destacado en la zona sin la debida notificación a las autoridades argentinas, un hecho calificado como ilegal por el Palacio San Martín.
Impacto
El impacto de este resurgir nacionalista no solo afecta la política exterior, sino que profundiza las grietas internas dentro de la coalición de gobierno. La vicepresidenta Victoria Villarruel, de vínculos estrechos con la familia militar, ha mantenido una línea mucho más dura, calificando a los británicos de “piratas usurpadores”. Esta diferencia de matices ha generado tensiones con figuras como Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza, quien mantiene una disputa abierta con la vicepresidenta por la conducción de la agenda legislativa. La demora de casi tres semanas en el giro a comisiones del proyecto del “Super RIGI” en el Senado es interpretada por operadores del mercado como una represalia de Villarruel ante el desaire sufrido en actos oficiales.
Por otro lado, la presión interna obliga al Ejecutivo a reconfigurar su narrativa para no ceder banderas históricas a la oposición. Milei ha pasado de una postura de baja intensidad a declarar con grandilocuencia que bajo su gestión se han logrado los mayores avances diplomáticos para recuperar las islas. Sin embargo, este discurso choca con su alineamiento irrestricto hacia Estados Unidos, país que mantiene una “relación especial” con Gran Bretaña. La reciente visita del rey Carlos III a Washington, donde se recordó el apoyo estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, subraya la complejidad de obtener un respaldo explícito de la Casa Blanca en la disputa por el archipiélago del Atlántico Sur.
El próximo paso del Gobierno será intentar unificar la comunicación entre la Casa Rosada y el Senado para evitar que las internas personales entre Bullrich, Villarruel y Karina Milei sigan dilatando el tratamiento de leyes clave como la de inviolabilidad de la propiedad privada. Mientras tanto, la Cancillería evalúa nuevas medidas de protesta ante organismos internacionales por la actividad petrolera británica, buscando equilibrar su necesidad de inversiones extranjeras con la presión social que genera la causa Malvinas. La tensión pendiente radica en si este giro nacionalista es una estrategia de corto plazo para contener la negatividad en redes o si representa un cambio profundo en la hoja de ruta diplomática de la administración libertaria.