Marcos Llorente integra la lista definitiva de 26 convocados de España para el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá, tras ganarse la titularidad en el lateral derecho bajo la conducción técnica de Luis de la Fuente.
El futbolista del Atlético de Madrid, de 31 años, llega a esta cita mundialista en una posición de privilegio que parecía lejana meses atrás. Según fuentes del cuerpo técnico de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), la capacidad de Llorente para cubrir múltiples funciones en el campo fue el factor determinante para su inclusión. El jugador, que debutó con la absoluta de la mano de Luis Enrique en un empate 1-1 ante Países Bajos en el Amsterdam Arena, atravesó un proceso de selección complejo. Durante el ciclo de De la Fuente, Llorente no fue considerado en los primeros doce encuentros del entrenador riojano. Su regreso se produjo recién en el decimotercer partido, tras haber sido uno de los tres descartes previos a la última Eurocopa, donde solo disputó 45 minutos en un amistoso frente a Andorra en Badajoz. Esta perseverancia técnica le permitió adueñarse de una banda derecha que quedó vacante tras la grave lesión de Dani Carvajal, transformándose hoy en la principal opción para el debut mundialista el próximo 11 de junio.
Más allá de su rendimiento deportivo, Llorente es reconocido en el ámbito internacional por su estilo de vida calificado como “antisistema” dentro del fútbol de élite. El jugador mantiene una filosofía de salud estricta que incluye la dieta paleolítica, el uso de gafas especiales para filtrar la luz azul antes de dormir y la práctica del “grounding” o caminar descalzo para conectar con la energía del suelo. Estas prácticas, que comparte con su entorno familiar, generaron debates en el entorno médico deportivo. De acuerdo con analistas del rendimiento físico en la Liga española, su estado atlético es considerado “fuera de serie”, permitiéndole sostener niveles de intensidad que pocos futbolistas alcanzan a su edad. Esta disciplina no es nueva; su padre, Paco Llorente, y su tío Julio Llorente, ambos ex futbolistas profesionales, ya aplicaban métodos de alimentación y cuidado personal que se alejaban de los estándares de sus respectivas épocas, consolidando una genética y una cultura de trabajo que Marcos llevó al extremo profesional.
Luis Miguel Ramis, quien fuera su entrenador en las categorías inferiores del Real Madrid y pieza clave en su formación, recuerda que el potencial de Llorente no siempre fue evidente para todos. Según relató el actual técnico del Burgos, cuando Marcos estaba en el Juvenil C de “La Fábrica”, apenas sumaba minutos de juego. Ramis intervino ante Ramón Martínez, entonces responsable de la cantera blanca, para ascenderlo al Juvenil A pese a su contextura física delgada en aquel momento. En octubre de 2013, Llorente ya formaba parte del eje del mediocampo en la Youth League, compartiendo equipo con Aleix Febas y Javi Muñoz en un empate 1-1 contra el Copenhague. Ramis destaca que, aunque se formó como mediocentro durante tres temporadas, su inteligencia táctica le permite jugar “de lo que quiera”, una polivalencia que lo llevó a marcar 13 goles en la temporada 2020-21, fundamentales para que el Atlético de Madrid se consagrara campeón de LaLiga.
Contexto
La trayectoria de Marcos Llorente en la selección española ha sido una carrera de fondo con altibajos marcados por los cambios de mando técnico. Su primer contacto con la camiseta nacional fue en la categoría Sub-19, debutando en Katwijk aan Zee en una victoria 2-1 ante Países Bajos, precisamente bajo las órdenes de Luis de la Fuente, su actual seleccionador. Posteriormente, pasó por la Sub-21 antes de dar el salto a la mayor. En el Mundial de Qatar 2022, su participación fue limitada: permaneció en el banco de suplentes durante los tres partidos de la fase de grupos y solo ingresó como titular en el encuentro de octavos de final contra Marruecos, donde disputó los 120 minutos de la eliminación española. Este antecedente de irregularidad en las convocatorias hace que su consolidación actual, a los 31 años, sea vista por los operadores del mercado deportivo como una “remontada” profesional basada en su reconversión como lateral y carrilero.
El trasfondo de su preparación física también incluye polémicas públicas, como sus declaraciones sobre la exposición solar sin protectores químicos o sus críticas a ciertos procesos de fumigación, lo que ha reforzado su imagen de deportista disruptivo. Sin embargo, desde el departamento médico del Atlético de Madrid indican que sus parámetros biométricos son los mejores de la plantilla, lo que justifica su capacidad para recorrer grandes distancias a alta velocidad. Esta base física fue la que convenció a Diego Simeone para adelantarlo en el campo en noches históricas como la de Anfield en 2020, y es la misma que hoy convence a De la Fuente para otorgarle la responsabilidad de la banda derecha en el torneo más importante del mundo, superando las dudas iniciales sobre su encaje en el sistema táctico del entrenador riojano.
Impacto
La presencia de Llorente en el once titular de España altera la dinámica defensiva y ofensiva del equipo. A diferencia de laterales tradicionales, su despliegue le permite actuar como un extremo adicional en fase de ataque, compensando la falta de profundidad que el equipo suele mostrar ante defensas cerradas. Según fuentes de la RFEF, su inclusión busca dotar a la selección de una “energía extra” necesaria para los climas extremos que se esperan en las sedes de México y Estados Unidos. El impacto de su estilo de vida también permea en el vestuario; su rigurosidad con el descanso y la nutrición ha influido en compañeros más jóvenes, estableciendo un nuevo estándar de profesionalismo que trasciende lo que sucede en los entrenamientos habituales en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
Para el esquema de De la Fuente, Llorente representa un seguro de vida ante eventuales bajas por lesión o sanciones durante el torneo. Su capacidad para retroceder al mediocentro, jugar como interior o incluso como segundo delantero le otorga al cuerpo técnico una flexibilidad que reduce la necesidad de realizar cambios estructurales profundos. En un torneo corto como el Mundial, donde la recuperación física entre partidos es mínima, contar con un atleta de sus características es considerado una ventaja competitiva estratégica. La prensa especializada coincide en que Llorente ha pasado de ser un jugador de rol a ser una pieza indispensable para equilibrar un equipo que combina la juventud de sus extremos con la experiencia de su bloque defensivo.
El futuro de Llorente, no obstante, tiene una fecha de vencimiento que él mismo ha sugerido. A pesar de su estado físico impecable, el jugador ha manifestado en círculos íntimos que no planea extender su carrera profesional de manera indefinida, priorizando su calidad de vida y sus proyectos personales fuera del fútbol una vez que sienta que su ciclo en la élite ha terminado. Por ahora, el foco está puesto en el debut mundialista en la capital mexicana, donde buscará redimirse de la temprana salida en Qatar. La tensión pendiente radica en ver si su físico podrá sostener el ritmo de una competencia de un mes bajo condiciones climáticas exigentes, siendo este Mundial la plataforma definitiva para validar su método de preparación no convencional ante los ojos del mundo futbolístico.