TECNOLOGÍA

Marcas globales reemplazan influencers por avatares de IA en redes

Empresas de diversos sectores utilizan figuras generadas por inteligencia artificial para simular testimonios reales en Instagram, eludiendo regulaciones de transparencia y reduciendo costos operativos mediante el uso de identidades digitales ficticias.

Redacción El Capitán 24 de junio de 2026 5 min de lectura
Marcas globales reemplazan influencers por avatares de IA en redes
Foto: Infobae

Empresas internacionales de tecnología y moda comenzaron a implementar influencers generados por inteligencia artificial para promocionar productos en Instagram, según revelaron auditorías de ciberseguridad y reportes de la industria publicitaria global durante este mes.

La tendencia, que crece de manera exponencial en mercados de Europa y Medio Oriente, se basa en la creación de avatares hiperrealistas que simulan ser consumidores finales para generar contenido de tipo UGC (User Generated Content). Estos personajes digitales, que carecen de existencia física, son utilizados para grabar reseñas, mostrar productos y emitir recomendaciones que el público percibe como testimonios genuinos. La detección de estas prácticas fue confirmada por la firma de ciberseguridad Reality Defenders, especializada en deepfakes, tras analizar campañas de aplicaciones móviles y marcas de indumentaria que presentaban inconsistencias visuales en sus publicaciones. El fenómeno pone en jaque la noción de autenticidad en el marketing digital, ya que las marcas no están obligadas legalmente a declarar que sus protagonistas son algoritmos y no personas de carne y hueso.

Uno de los casos más emblemáticos detectados involucra a Once, una aplicación de fotografía diseñada para eventos, que utilizó en su perfil de Instagram videos de una supuesta novia emocionada utilizando el servicio. Tras un análisis técnico, se determinó que la mujer era una creación sintética. De igual manera, la aplicación de diseño arquitectónico Maket admitió el uso de estas herramientas. Un vocero de la firma explicó que los influencers de IA sirven para testear conceptos creativos y ganchos de marketing a pequeña escala, funcionando como un experimento para entender las preferencias de la audiencia sin los costos de una producción tradicional. Por su parte, la marca de moda Ashle, con sede en Dubái, debió retirar imágenes de su catálogo tras descubrirse que una de sus modelos digitales presentaba una malformación física —un dedo de más—, error característico de los motores de generación de imagen actuales.

Contexto

El auge de los influencers sintéticos no es un hecho aislado, sino la evolución de una industria que busca maximizar márgenes de ganancia. Clarissa Mansbridge, creadora de la cartera digital Mia Metaverse y exrepresentante de celebridades, sostiene que entre el 40% y el 60% del contenido de las grandes marcas ya se produce mediante inteligencia artificial. Históricamente, las empresas dependían de contratos con humanos que conllevan riesgos reputacionales, opiniones personales variables y tarifas por hora elevadas. La transición hacia lo digital permite a las agencias de marketing escalar la producción de contenido de manera infinita. Para garantizar el secreto de estas operaciones, las marcas imponen acuerdos de confidencialidad (NDA) estrictos a los desarrolladores de software y editores de video, impidiéndoles revelar que las figuras que aparecen en pantalla son ficticias.

La falta de un marco regulatorio global ha facilitado esta opacidad. Mientras que en la Unión Europea se prepara la entrada en vigor de la Ley de Inteligencia Artificial para agosto, la cual exigirá el etiquetado obligatorio de todo contenido manipulado o generado por IA, otras jurisdicciones como el Reino Unido mantienen un vacío legal. La Advertising Standards Authority (ASA), organismo que regula la publicidad británica, confirmó que actualmente no existen normas específicas que obliguen a las marcas a revelar el uso de IA. El criterio de la ASA se limita a evaluar si el anuncio es engañoso en su promesa comercial, independientemente de si el emisor del mensaje es un humano o un código informático. Esta disparidad normativa genera un escenario donde las empresas pueden operar en zonas grises según la región donde pauten sus anuncios.

Impacto

El impacto directo de esta tecnología se traduce en una erosión de la confianza del consumidor y un aumento en la vulnerabilidad ante posibles estafas. Según datos proporcionados por Lisa Barber, editora de Which? Tech, una investigación reciente reveló que el 70% de los usuarios no logra distinguir entre un video real y uno generado por inteligencia artificial. Esta incapacidad de detección convierte a las plataformas sociales en terrenos fértiles para el engaño, donde el usuario promedio toma decisiones de compra basadas en recomendaciones que cree humanas pero que son, en realidad, guiones programados. El grupo de consumidores Which? advirtió que la falta de transparencia no solo afecta la competencia leal, sino que también facilita la creación de perfiles falsos destinados a capturar datos o promover servicios financieros de dudosa procedencia.

Desde el punto de vista económico, la industria de los influencers humanos enfrenta una amenaza existencial. La capacidad de generar avatares que no requieren viáticos, no envejecen y pueden trabajar las 24 horas del día está desplazando la inversión publicitaria hacia agencias de contenido sintético. Mansbridge argumenta que la autenticidad en el marketing moderno ya no reside en la humanidad del emisor, sino en la resonancia del mensaje con el consumidor. Si un avatar de IA logra reflejar una verdad sobre el producto que conecte con la audiencia, las marcas consideran que el objetivo está cumplido. Sin embargo, para los defensores de los derechos del consumidor, esta lógica ignora el derecho fundamental a saber quién está del otro lado de la pantalla intentando influir en una conducta de consumo.

El próximo paso en esta disputa se dará en el terreno legislativo y tecnológico. Mientras las herramientas de detección de deepfakes intentan seguirle el ritmo a los avances de los motores de renderizado, la presión social por un etiquetado claro aumenta. Se espera que la implementación de la normativa europea en agosto funcione como un caso testigo para el resto del mundo, forzando a las plataformas como Instagram y TikTok a integrar etiquetas automáticas de IA. La tensión pendiente radica en si las marcas aceptarán esta transparencia o si buscarán nuevas formas de camuflar sus algoritmos para mantener la ilusión de una recomendación orgánica y humana.

Fuente: Infobae

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por Infobae.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias