SOCIEDAD

La risa humana mantiene un patrón rítmico de hace 15 millones de años

Un estudio de la Universidad de Warwick reveló que humanos y grandes simios comparten una estructura rítmica idéntica en la risa, la cual se ha mantenido inalterada desde su último ancestro común.

Redacción El Capitán 28 de junio de 2026 5 min de lectura
La risa humana mantiene un patrón rítmico de hace 15 millones de años
Foto: La Nación

Investigadores de la Universidad de Warwick identificaron que la risa humana conserva un patrón rítmico compartido con los grandes simios desde hace 15 millones de años, según un estudio publicado este jueves en la revista Communications Biology.

El equipo de investigación, liderado por la primatóloga Chiara De Gregorio, analizó 140 secuencias de risa registradas en diversos contextos de interacción social y juego. La muestra incluyó a 13 grandes simios —cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos y cuatro chimpancés— junto con cuatro niños pequeños. Los expertos utilizaron grabaciones de interacciones relajadas y sesiones de cosquillas con cuidadores en el caso de los animales, mientras que los registros de los niños se obtuvieron en entornos domésticos similares para garantizar la paridad de las condiciones experimentales. El objetivo central fue determinar si existía una base acústica común que hubiera sobrevivido al proceso de especiación y evolución de los homínidos.

Los resultados del análisis acústico revelaron la existencia de lo que los científicos denominan un “patrón isocrónico”. Este concepto técnico refiere a una secuencia de sonidos separados por intervalos de tiempo regulares y constantes. Según indicaron desde el equipo de investigación, esta regularidad aparece de forma consistente en todas las especies analizadas, lo que sugiere que el “esqueleto” rítmico de la risa ya estaba presente en el ancestro común que habitó la Tierra hace 15 millones de años. A pesar de las diferencias biológicas y de comportamiento que separan a un chimpancé de un ser humano moderno, la estructura básica de la carcajada ante un estímulo físico como las cosquillas ha permanecido prácticamente intacta a través de las eras geológicas.

Sin embargo, el estudio también detectó divergencias significativas que marcan la evolución particular de nuestra especie. Si bien el ritmo base es compartido, la risa humana demostró ser más rápida, presentar una mayor variabilidad sonora y poseer una capacidad de adaptación superior a contextos sociales complejos. De acuerdo con los especialistas del laboratorio de comunicación vocal, los seres humanos han desarrollado una capacidad de modulación que permite diferenciar una carcajada espontánea de una risa nerviosa o una reacción formal. Esta flexibilidad vocal es considerada un rasgo distintivo de la evolución humana, caracterizada por un incremento notable en el control consciente de las emisiones sonoras, lo que marca una distancia con las vocalizaciones más automáticas de otros primates.

Contexto

La investigación de la Universidad de Warwick se inscribe en un esfuerzo científico de larga data por reconstruir la evolución del lenguaje humano, una tarea compleja debido a que el habla no deja registros fósiles directos. Ante la imposibilidad de analizar cuerdas vocales o tejidos blandos de ancestros extintos, los científicos recurren al estudio de especies vivas que comparten linajes genéticos. Los grandes simios, como los bonobos y chimpancés, funcionan como ventanas biológicas hacia el pasado. Estudios previos ya habían sugerido que las expresiones faciales de juego eran análogas entre primates, pero este nuevo trabajo profundiza en la arquitectura temporal del sonido, aportando datos numéricos sobre la frecuencia y el ritmo que no se habían documentado con tal precisión hasta la fecha.

Históricamente, la risa ha sido interpretada como una señal social de “no agresión” que facilita el juego y la cohesión grupal. Al remontar este patrón rítmico a 15 millones de años, la ciencia confirma que los mecanismos de vinculación social mediante el sonido preceden por mucho a la aparición del Homo sapiens. La comparación con otras especies fuera del grupo de los homínidos refuerza esta tesis: en animales como las ratas, aunque existen vocalizaciones asociadas al placer o al juego, estas no siguen el patrón isocrónico detectado en los simios. Esto sitúa a la risa de los grandes primates en una categoría evolutiva única, vinculada directamente con el desarrollo de sistemas de comunicación más sofisticados que eventualmente derivarían en el lenguaje humano.

Impacto

El descubrimiento de esta continuidad rítmica tiene implicancias directas en la comprensión de cómo se construyeron las bases del lenguaje. Según analistas del sector científico, el hecho de que la risa sea una vocalización compartida ofrece una referencia estable para medir qué capacidades vocales son nuevas y cuáles son heredadas. El estudio demuestra que el control contextual —la capacidad de decidir cómo y cuándo reír— fue el paso evolutivo crítico que permitió a los humanos pasar de sonidos instintivos a un sistema de comunicación simbólico. Esto permite a los lingüistas y biólogos mapear con mayor exactitud el momento en que la variabilidad vocal empezó a superar a la repetición rítmica instintiva.

Además, el trabajo de De Gregorio y su equipo subraya la importancia de la risa como un indicador de salud evolutiva y social. Al entender que la estructura de la carcajada es un rasgo biológico profundo y no solo una construcción cultural, se abren nuevas vías para estudiar trastornos de la comunicación en humanos que afectan el ritmo y la entonación. La persistencia de este patrón rítmico a pesar de los cambios en el entorno y la biología sugiere que la risa cumple una función biológica vital que la selección natural ha decidido preservar sin alteraciones mayores durante millones de años, consolidándola como uno de los comportamientos más antiguos y estables de nuestra estirpe.

El próximo paso para los investigadores de Warwick será ampliar la muestra a otras especies de primates menores para determinar con exactitud en qué punto de la línea temporal surgió la isocronía. Por el momento, la tensión científica se centra en descubrir si este ritmo constante es una propiedad intrínseca del sistema respiratorio de los homínidos o si responde a una necesidad neurológica de procesar la información social de manera predecible. El estudio deja claro que, cada vez que un niño ríe por cosquillas, está ejecutando una partitura acústica que ha resonado en las selvas y sabanas mucho antes de que la humanidad diera sus primeros pasos.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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