SOCIEDAD

La generación sándwich: crece la presión sobre adultos de 40 y 50 años

La gerontóloga Claudia Viascán Castillo advirtió sobre el desgaste físico y emocional que sufren los adultos que cuidan simultáneamente a hijos y padres mayores, en un contexto de falta de políticas públicas en Argentina.

Redacción El Capitán 5 de julio de 2026 5 min de lectura
La generación sándwich: crece la presión sobre adultos de 40 y 50 años
Foto: La Nación

La gerontóloga Claudia Viascán Castillo advirtió este viernes que la Argentina enfrenta una crisis de cuidados debido al crecimiento de la denominada “generación sándwich”, compuesta por adultos de entre 40 y 50 años que asisten simultáneamente a sus hijos y padres.

Este fenómeno, que la especialista define técnicamente como “generación lasagna”, responde a una transformación demográfica y social profunda que afecta la salud mental y física de quienes ejercen el rol de cuidadores. Según datos analizados por expertos en gerontología, la combinación del empleo femenino fuera del hogar, la maternidad tardía y el descenso en la tasa de natalidad ha configurado un escenario donde las responsabilidades domésticas se solapan de manera inédita. Viascán Castillo señaló que, a diferencia de décadas anteriores, hoy es frecuente encontrar a personas de 70 años conviviendo con adolescentes o adultos de 90 años compartiendo el hogar con niños pequeños, lo que exige una capacidad de adaptación para la cual las familias no han sido capacitadas formalmente.

La especialista remarcó que el sistema de cuidados en la Argentina presenta fallas estructurales graves, caracterizadas por la ausencia de capacitación y la falta de aprendizaje específico para abordar la vejez. De acuerdo con fuentes del sector salud, la carencia de políticas públicas integrales deja la responsabilidad exclusivamente en el ámbito privado y familiar, generando un desgaste sostenido. Viascán Castillo fue contundente al plantear el interrogante sobre quién cuida a los que cuidan, subrayando que el agotamiento emocional y psicológico es una constante en este grupo etario. La falta de paciencia y las dificultades para establecer límites son consecuencias directas de un sistema que no ofrece soporte externo ni herramientas de gestión emocional para enfrentar el cambio de roles que implica asistir a un progenitor.

Contexto

El escenario actual se enmarca en lo que la gerontología denomina “gerontoglobalización”, un proceso caracterizado por la extensión de la esperanza de vida y el aumento proporcional de la población de adultos mayores a nivel mundial. En la Argentina, este proceso se ve agravado por factores socioeconómicos que retrasan la independencia de los jóvenes, obligando a los padres a mantener el apoyo económico y logístico a sus hijos durante más tiempo. Históricamente, el cuidado ha sido una tarea asignada culturalmente a las mujeres, quienes hoy deben equilibrar su inserción en el mercado laboral con la atención de un hogar multigerencial. Según registros de organismos de seguridad social, aunque los hombres han incrementado su participación en la crianza de los hijos, la atención de los adultos mayores sigue recayendo mayoritariamente sobre las hijas o nueras.

La transición demográfica muestra que la convivencia entre cuatro generaciones es cada vez más común, pero las estructuras habitacionales y los servicios de salud no han evolucionado al mismo ritmo. Hace treinta años, el cuidado de los padres solía ocurrir cuando los hijos ya estaban emancipados; hoy, la maternidad después de los 35 o 40 años provoca que la demanda de atención de un niño pequeño coincida con el deterioro de la salud de un abuelo. Esta simultaneidad de demandas genera una presión económica y emocional que, según analistas del Ministerio de Salud, incrementa los casos de síndrome de burnout en el ámbito doméstico, afectando la productividad laboral y la estabilidad del núcleo familiar primario.

Impacto

La principal consecuencia de este fenómeno es el deterioro de la calidad de vida del cuidador, quien suele postergar su propia salud y proyectos personales para cumplir con las demandas externas. Viascán Castillo explicó que poner límites a los hijos es una tarea compleja, pero establecerlos con los padres puede resultar “terrible” debido a la carga afectiva y el respeto jerárquico tradicional. Este conflicto de roles genera sentimientos de culpa y frustración que impactan directamente en el sistema sanitario, con un aumento en las consultas por estrés crónico y trastornos del sueño en adultos de mediana edad. La falta de una red de contención institucional obliga a las familias a recurrir a soluciones informales que, en muchos casos, no garantizan el bienestar del adulto mayor ni el del cuidador.

A nivel social, la persistencia del sesgo de género en las tareas de cuidado profundiza la brecha de desigualdad laboral. Las mujeres de la generación sándwich tienen mayores probabilidades de reducir su jornada laboral o abandonar sus carreras para atender las necesidades familiares, lo que impacta en su futura jubilación y autonomía económica. Operadores del mercado de salud privada indican que la demanda de servicios de asistencia domiciliaria ha crecido, pero los costos resultan prohibitivos para la clase media, lo que refuerza la dependencia del trabajo no remunerado dentro del hogar. La presión sobre este segmento de la población no solo afecta el presente, sino que condiciona la salud de los futuros adultos mayores, quienes llegan a su propia vejez con un desgaste acumulado significativo.

El desafío para los próximos años radica en la creación de marcos regulatorios que reconozcan el trabajo de cuidado y provean servicios de respiro para las familias. La necesidad de profesionalizar la asistencia y desmitificar el rol del cuidador familiar como única opción es urgente para evitar el colapso de la salud mental de los adultos de mediana edad. Se espera que el debate sobre una Ley Nacional de Cuidados gane espacio en la agenda legislativa, mientras las organizaciones de la sociedad civil presionan por programas de capacitación que brinden herramientas prácticas para manejar la convivencia multigeracional y el establecimiento de límites saludables en el entorno doméstico.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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