INTERNACIONAL

Israel y Líbano negocian en Washington el desarme de Hezbollah para finalizar la guerra

Delegaciones de ambos países mantienen reuniones directas en el Departamento de Estado bajo la mediación de EE.UU., buscando un acuerdo de seguridad definitivo antes del vencimiento de la tregua vigente.

Redacción El Capitán 24 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: Infobae

Representantes de Israel y Líbano retomaron este viernes en Washington las negociaciones directas para establecer un cese del fuego permanente y avanzar en el desarme de Hezbollah, tras una primera jornada de discusiones calificadas como positivas por el Departamento de Estado.

El encuentro, que se desarrolla en la sede de la diplomacia estadounidense, busca consolidar un esquema de seguridad que permita el retiro de las tropas israelíes y la estabilización de la frontera norte. Según informaron fuentes del Departamento de Estado, la sesión previa se extendió desde las 09:00 hasta las 17:00 horas, logrando avances en puntos técnicos que anteriormente parecían infranqueables. La urgencia de estas conversaciones radica en la proximidad del vencimiento de la tregua, mientras los equipos de trabajo intentan redactar un documento que satisfaga las exigencias de soberanía de Beirut y las garantías de seguridad que reclama Tel Aviv para sus ciudadanos en la zona de conflicto. Operadores diplomáticos en Washington señalaron que, a pesar de la ausencia física del secretario de Estado, Marco Rubio, y del presidente Donald Trump —quienes se encuentran en una gira oficial por China—, la hoja de ruta trazada por la administración republicana se mantiene firme bajo la supervisión de altos funcionarios de carrera y asesores de seguridad nacional.

La dinámica de las reuniones actuales refleja un cambio de paradigma en la diplomacia regional, ya que se intenta forzar un desarme efectivo del grupo terrorista chií proiraní Hezbollah, al que Washington identifica como el principal escollo para la paz. Desde el inicio de la tregua el pasado 17 de abril, las cifras de la contienda han sido devastadoras: las autoridades libanesas reportan más de 2.800 fallecidos, incluyendo al menos 200 niños, lo que aumenta la presión internacional sobre las delegaciones para alcanzar un resultado concreto. En este escenario, el gobierno de los Estados Unidos ha instado al Ejército del Líbano a tomar un rol protagónico y “plantar cara” a la organización armada, con el fin de recuperar la autoridad estatal en todo el territorio. Por su parte, el régimen de Irán, a través de canales indirectos, ha condicionado cualquier estabilidad a que Israel detenga definitivamente sus operaciones contra la estructura de Hezbollah, una demanda que choca frontalmente con la postura del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien exige la eliminación de la amenaza misilística en su frontera.

Contexto

El proceso de diálogo que hoy se desarrolla en Washington tiene su antecedente inmediato en la reunión del 23 de abril en la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump anunció una prórroga de tres semanas del alto el fuego. En aquel momento, el mandatario estadounidense expresó su optimismo sobre la posibilidad de concretar una cumbre histórica entre Netanyahu y el presidente libanés, Joseph Aoun. Sin embargo, la realización de dicho encuentro de alto nivel quedó supeditada a la obtención de garantías verificables de seguridad y al cese total de las hostilidades. Históricamente, Israel y Líbano no mantienen relaciones diplomáticas formales y se encuentran técnicamente en estado de guerra desde hace décadas, lo que convierte a estas conversaciones directas en el Departamento de Estado en un hecho de relevancia geopolítica excepcional para la región del Medio Oriente.

A este complejo panorama se suma la variable externa de la influencia de las potencias globales. Mientras las delegaciones negocian en Washington, Trump y Rubio mantienen encuentros en Beijing con el presidente Xi Jinping. El objetivo de la Casa Blanca es involucrar a China en la resolución de la crisis con Irán, aprovechando la asociación estratégica que el gigante asiático mantiene con Teherán y Moscú. Según declaraciones de Trump tras su encuentro con Xi, el líder chino habría manifestado su voluntad de colaborar en la reapertura del estrecho de Ormuz, un punto vital para el comercio energético global. No obstante, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán aclaró que el paso de buques chinos por dicho estrecho responde exclusivamente a la alianza bilateral entre ambas naciones, manteniendo una postura desafiante hacia la presión occidental sobre el conflicto en el Líbano.

Impacto

El éxito o fracaso de estas negociaciones determinará no solo el fin de la violencia inmediata, sino también la reconfiguración del poder estatal en el Líbano. Un acuerdo que incluya el desarme de Hezbollah significaría un golpe estratégico para la influencia de Irán en el Levante y una victoria política para la administración Trump, que busca cerrar frentes de conflicto mediante acuerdos de seguridad rígidos. Para el ciudadano libanés, el impacto se traduce en la posibilidad de iniciar una reconstrucción tras las miles de muertes y el desplazamiento masivo de población. En cambio, para Israel, la prioridad absoluta es el retorno seguro de los residentes de las comunidades del norte, quienes han vivido bajo la amenaza constante de los ataques desde territorio libanés durante los últimos meses de escalada bélica.

Desde el punto de vista económico y logístico, la estabilidad en la región es fundamental para garantizar la libre circulación de productos energéticos. La Casa Blanca ha enfatizado que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto, y un acuerdo en el Líbano podría aliviar las tensiones que actualmente encarecen los seguros de transporte marítimo y afectan los precios internacionales del crudo. Sin embargo, la resistencia interna en el Líbano es notable: el diputado de Hezbollah, Ali Ammar, ya calificó el proceso de negociación como una “concesión gratuita” a Israel, lo que sugiere que cualquier pacto firmado en Washington enfrentará serios desafíos de implementación en el terreno, especialmente si el Ejército libanés no logra imponer su autoridad sobre las milicias armadas.

El cierre de esta segunda jornada de conversaciones en Washington marcará el ritmo de los próximos días, con la posibilidad latente de una cumbre presidencial si se logran los consensos mínimos de seguridad. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha insistido en que un acuerdo de paz es “inminentemente posible” si se logra aislar el factor Hezbollah de la ecuación soberana libanesa. Las próximas 48 horas serán críticas para determinar si la tregua se transforma en un tratado de paz duradero o si la región se encamina hacia una nueva fase de hostilidades abiertas una vez que expire el plazo del alto el fuego vigente.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

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