INTERNACIONAL

Irán pierde terreno en el control del flujo petrolero del Golfo

Las exportaciones de crudo desde el Golfo Pérsico alcanzaron los 17 millones de barriles diarios en septiembre, su nivel más alto desde febrero, desafiando la influencia de Teherán en el estrecho de Ormuz.

Redacción El Capitán 30 de septiembre de 2026 6 min de lectura
Irán pierde terreno en el control del flujo petrolero del Golfo
Foto: Infobae

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó el pasado 26 de septiembre una propuesta de alto el fuego formulada por Irán, la cual contemplaba la reapertura del estrecho de Ormuz por un periodo de siete días.

La decisión de la Casa Blanca se sustenta en una lectura estratégica de los flujos energéticos globales. Según datos proporcionados por la firma de rastreo de buques Kpler, los estados árabes de la región exportaron un promedio de 17 millones de barriles diarios (bpd) de petróleo crudo y productos refinados durante el mes de septiembre. Esta cifra representa el volumen más alto desde febrero y se aproxima a los 21 millones de bpd registrados antes del inicio de las hostilidades. En contraste, las exportaciones iraníes se desplomaron a apenas 200.000 bpd, lo que significa menos de una décima parte de su capacidad previa al conflicto. Operadores del mercado energético en Washington sostienen que el control que Teherán ejerce sobre el recurso vital del Golfo parece estar debilitándose ante la adaptación de los países vecinos y el despliegue de seguridad internacional.

A pesar del incremento en el volumen de salida, el precio del crudo Brent se mantiene estancado por encima de los 100 dólares el barril, un incremento del 43% respecto a los valores de junio. Este fenómeno ocurre aun cuando en aquel mes los volúmenes de exportación eran un 25% inferiores a los actuales. Analistas del sector energético indican que este desacoplamiento entre oferta y precio no responde a los costos de flete, a pesar de que las tarifas de buques cisterna operan en niveles récord. La explicación radica en un desequilibrio estructural donde la oferta global sigue por debajo de la demanda, sumado a la distorsión generada por la posible prohibición estadounidense a las exportaciones de diésel y el temor persistente a nuevos ataques contra la infraestructura energética por parte de fuerzas insurgentes o estatales vinculadas a Irán.

La logística de transporte ha sufrido una transformación radical para garantizar la salida del crudo. Arabia Saudita incrementó significativamente su transporte de barriles, utilizando buques cisterna estatales bajo escolta de la Marina de Estados Unidos. Estos navíos transitan el estrecho de Ormuz para realizar transferencias de carga en el golfo de Omán hacia otros buques. El 28 de septiembre, la estatal Saudi Aramco convocó a refinerías chinas para presentar ofertas de carga para el próximo mes, tras haber concretado la venta de 90 millones de barriles en las dos semanas previas. Fuentes del Ministerio de Energía saudí admiten que este sistema de intercambio es costoso e insostenible a largo plazo, pero ha permitido que los flujos no se estanquen frente a la belicosidad iraní. No obstante, la oferta total del Golfo Pérsico todavía se sitúa 4 millones de bpd por debajo de los niveles previos a la guerra.

Contexto

La inestabilidad en el Golfo Pérsico se produce en un escenario de alta sensibilidad energética global, con antecedentes directos en la invasión rusa a Ucrania que llevó al Brent a un pico de 129 dólares por barril. En este marco, China ha vuelto a traccionar la demanda mundial tras una reducción del 40% en sus compras durante el verano boreal. La caída acelerada de las reservas nacionales chinas de combustible para aviones, diésel y gasolina ha provocado que los precios mayoristas superen a los minoristas, los cuales están limitados por el gobierno de Beijing. Esta situación obliga a las refinerías chinas a operar a máxima capacidad para abastecer su mercado interno y buscar excedentes para exportación, aunque el riesgo de nuevas restricciones gubernamentales impulsa una carrera por la compra de crudo en el mercado abierto.

La salida de Irán como proveedor principal ha forzado a los compradores asiáticos a buscar crudos similares en otros mercados, elevando los precios oficiales. Los futuros de Dubái, que representan el tipo de petróleo más parecido al iraní, cotizan actualmente a 116 dólares el barril. La competencia entre China y los compradores europeos por crudos de características similares a los del Mar del Norte presiona al alza el indicador Brent. Según informes de consultoras energéticas, el precio del Brent a plazo, que proyecta la oferta para las próximas semanas, se ubica en torno a los 124 dólares por barril. La brecha inusual entre los precios a plazo y los futuros evidencia una escasez crítica en los mercados al contado que el aumento de producción saudí aún no logra compensar totalmente.

Impacto

El impacto de esta crisis se traslada directamente a los surtidores y a la economía productiva. En Estados Unidos, el precio del diésel en las gasolineras se mantiene cerca de los 6,50 dólares por galón, una cifra récord que genera tensiones políticas a pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato. La escasez en el Golfo de México y las restricciones impuestas por Rusia han elevado los precios mayoristas del diésel a casi 200 dólares en mercados clave. La administración Trump evalúa restringir las exportaciones de este combustible para aliviar la presión interna, una medida que, según operadores del mercado, reduciría la demanda de crudo estadounidense pero aumentaría la necesidad de otros tipos de petróleo en Europa, ampliando la brecha de 12 dólares entre el Brent y el West Texas Intermediate (WTI).

La seguridad marítima sigue siendo el factor de mayor riesgo para la estabilidad de precios. Si bien Irán no ha inmovilizado petroleros desde el 23 de septiembre, informes de inteligencia marítima de la empresa Windward detectaron 75 embarcaciones de alta velocidad frente a la costa omaní el 26 de septiembre, capaces de desplegar munición a la deriva. La vulnerabilidad de activos estratégicos como el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí y los puertos regionales mantiene en alerta a las compañías de seguros y logística. La capacidad de los rebeldes hutíes en Yemen para interferir en la ruta de Bab al-Mandeb en el Mar Rojo añade una capa adicional de incertidumbre a una red de distribución que ya opera al límite de su capacidad técnica y financiera.

El panorama hacia el cierre del año sugiere que el aumento de las exportaciones no es sinónimo de una mayor seguridad en el estrecho de Ormuz, sino de una adaptación forzada de la industria al riesgo constante. La tensión pendiente radica en la reacción de los sectores de línea dura en Teherán ante la pérdida de su principal herramienta de presión geopolítica. Si Irán se siente acorralado por el aislamiento comercial y el fracaso de las negociaciones de alto el fuego, la posibilidad de ataques directos a la infraestructura energética del Golfo podría restringir nuevamente los flujos, invalidando las ganancias logísticas obtenidas por la coalición liderada por Estados Unidos y Arabia Saudita.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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