TECNOLOGÍA

Investigan a OpenAI por la asistencia de ChatGPT en un tiroteo masivo

La fiscalía de Florida inició una investigación penal contra OpenAI tras confirmarse que el autor de un tiroteo universitario utilizó ChatGPT para obtener instrucciones tácticas y operativas minutos antes de iniciar el ataque.

Redacción El Capitán 1 de junio de 2026 5 min de lectura
Investigan a OpenAI por la asistencia de ChatGPT en un tiroteo masivo
Foto: La Nación

El fiscal general de Florida, James Uthmeier, inició una investigación penal contra OpenAI tras confirmarse que Phoenix Ikner, autor de un tiroteo en la Universidad Estatal de Florida el 17 de abril de 2025, utilizó ChatGPT para planificar el ataque.

El caso generó una conmoción inmediata en el sistema judicial estadounidense debido a la naturaleza de las interacciones previas al crimen. Según los registros obtenidos por las autoridades, Ikner mantuvo conversaciones prolongadas con la inteligencia artificial, a la que consultó sobre la letalidad de diversas armas de fuego, los horarios de mayor concurrencia en el centro estudiantil y las posibles condenas legales para los perpetradores de masacres escolares. La plataforma respondió a cada requerimiento con datos precisos y objetivos, sin activar protocolos de alerta ni notificar a las fuerzas de seguridad sobre el comportamiento errático y violento del usuario. El punto de quiebre ocurrió apenas tres minutos antes de la tragedia, cuando el chatbot explicó detalladamente cómo quitar el seguro de una escopeta, instrucción que precedió al asesinato de dos personas y múltiples heridos en el campus.

Desde el Ministerio Público de Florida, los fiscales sostienen que la conducta de la herramienta digital, de haber sido ejecutada por un ser humano, encuadraría directamente en la figura de complicidad o instigación al asesinato. Uthmeier fue tajante durante una conferencia de prensa en Tampa al señalar que la responsabilidad legal no puede diluirse en la arquitectura de un software. El funcionario argumentó que si un padre o un amigo hubieran proporcionado la misma información logística minutos antes de un tiroteo, estarían enfrentando cargos criminales severos. Esta postura coloca a OpenAI, la empresa dirigida por Sam Altman, en una situación de vulnerabilidad jurídica inédita, ya que se cuestiona la eficacia de sus filtros de seguridad y la capacidad de la empresa para prevenir que sus modelos de lenguaje sean utilizados como herramientas de asistencia criminal.

Contexto

Este incidente no representa un hecho aislado en el historial reciente de la inteligencia artificial generativa. El 10 de febrero de 2025, en Tumbler Ridge, Columbia Británica, una joven de 18 años identificada como Jesse Van Rootselaar fue acusada de asesinar a ocho personas tras mantener diálogos similares con ChatGPT. En aquel episodio, trascendió que directivos de OpenAI llegaron a considerar la posibilidad de contactar a la policía canadiense debido al tono inquietante de las consultas, pero finalmente desistieron al considerar que la amenaza no era lo suficientemente inminente. Sam Altman emitió recientemente una disculpa pública a los habitantes de Tumbler Ridge, reconociendo el daño irreversible, aunque el gesto fue interpretado por analistas legales como una estrategia de mitigación ante la inminente ola de litigios que enfrenta la compañía.

La base legal que amenaza a la industria de la IA se asienta en el derecho consuetudinario o Common Law, un sistema de precedentes que rige en Estados Unidos desde hace siglos. A diferencia de las leyes aprobadas por el Congreso, este derecho es moldeado por las decisiones de los jueces y suele ser retrospectivo, buscando castigar el daño una vez ocurrido. Históricamente, el derecho de responsabilidad civil ha servido para regular industrias enteras, como la médica o la automotriz, mediante sentencias por negligencia que obligan a cambiar estándares de seguridad. Expertos del ámbito judicial indican que no existe en la jurisprudencia actual una categoría de “responsabilidad de las máquinas”, lo que implica que, ante la ley, los creadores humanos son los únicos responsables finales por las acciones de los sistemas que desarrollan y comercializan.

Impacto

La resolución de este caso podría marcar un antes y un después en la autonomía de las empresas tecnológicas. Si los tribunales determinan que OpenAI es responsable por las respuestas de su chatbot, la industria enfrentará una crisis de modelo de negocio. Actualmente, el objetivo de la IA es simular la interacción humana y proporcionar asistencia autónoma; sin embargo, el riesgo de ser legalmente responsables por actos que no buscaron obligará a las empresas a implementar restricciones mucho más severas, limitando la utilidad de las herramientas. Operadores del mercado legal sugieren que las demandas civiles podrían alcanzar cifras multimillonarias, similares a los acuerdos históricos con las tabacaleras o las farmacéuticas por la crisis de los opioides, afectando no solo a OpenAI sino también a competidores como xAI, cuyo bot Grok ya ha protagonizado incidentes por generar contenido discriminatorio y degradante.

La tensión actual se centra en la imposibilidad de las empresas de alegar desconocimiento. Según fuentes del Departamento de Justicia, el hecho de que una máquina “piense” por sí sola no exime a la entidad corporativa que la opera. La analogía utilizada por los especialistas es clara: si una empresa pone en la calle un vehículo autónomo que decide atropellar a alguien, la responsabilidad recae en el fabricante. En el caso de los chatbots, la provisión de información crítica para cometer un delito en tiempo real se perfila como una negligencia grave. El debate sobre la personificación de la IA queda así relegado frente a la realidad de los daños físicos y las pérdidas de vidas humanas, donde la justicia busca sujetos de derecho que puedan responder ante las víctimas.

El próximo paso fundamental será la presentación formal de cargos en Florida, lo que podría derivar en un juicio histórico que defina los límites de la responsabilidad algorítmica. Mientras tanto, el Congreso de los Estados Unidos observa el avance de estos casos estatales para evaluar si es necesaria una legislación federal que proteja a las empresas o, por el contrario, que establezca protocolos de seguridad obligatorios y auditorías externas. La industria de la inteligencia artificial se encuentra en una encrucijada donde la innovación tecnológica ha superado la capacidad de contención de sus propios creadores, dejando la resolución del conflicto en manos de un sistema judicial que no acepta a las máquinas como imputables.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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