TECNOLOGÍA

Ingenieros de software se adaptan ante la ola de despidos por la IA

Más de 600.000 trabajadores tecnológicos en Estados Unidos perdieron su empleo desde 2022 debido al avance de la inteligencia artificial, obligando a los ingenieros a redefinir sus competencias profesionales para sobrevivir en el mercado.

Redacción El Capitán 23 de julio de 2026 6 min de lectura
Ingenieros de software se adaptan ante la ola de despidos por la IA
Foto: Infobae

Más de 600.000 ingenieros de software en Estados Unidos perdieron sus empleos desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, enfrentando un mercado laboral transformado por la inteligencia artificial que exige nuevas habilidades de supervisión y diseño de sistemas complejos.

La realidad del sector tecnológico atraviesa una metamorfosis profunda que desplaza la escritura manual de código hacia un rol de auditoría de sistemas automáticos. Según datos de la plataforma especializada Layoff.fyi, la cifra de despidos masivos no se detiene, afectando incluso a perfiles senior de empresas líderes como Google, Amazon, Netflix y Meta. En este escenario, profesionales como Matt, un ingeniero que reside en Pawling, Nueva York, optan por desarrollar proyectos personales sin asistencia tecnológica para preservar sus capacidades técnicas. “Estoy tratando de mantener mi hacha afilada”, explicaron fuentes cercanas al sector, reflejando el temor de que la dependencia absoluta de la IA erosione el conocimiento fundamental de la programación. La presión corporativa es directa: tras sufrir un despido el verano pasado, Matt recibió instrucciones precisas de su nueva jerarquía para integrar herramientas de IA en cada proceso, una tendencia que se replica en los principales polos tecnológicos del mundo.

Los indicadores económicos del Banco de la Reserva Federal de Nueva York confirman la gravedad de la situación para los nuevos profesionales. En 2024, la tasa de desempleo entre graduados en informática escaló al 7%, mientras que la subocupación —ingenieros trabajando en puestos de menor calificación— superó el 19%. Esta degradación de las condiciones laborales marca el fin de una era de estabilidad garantizada. Bouke Klein Teeselink, profesor asistente de economía en el King’s College London, señaló que la habilidad tradicional de escribir código ha sido superada por la capacidad de dirigir sistemas automáticos. Según operadores del mercado laboral, la vara del éxito profesional ahora se mide por la eficiencia en el uso de la tecnología y no por la destreza lógica individual. Esta transición ha generado casos de reconversión extrema, como el de George Dover en Portland, Oregón, quien trabajó como maestro suplente tras ser despedido en 2024, realizando más de 400 postulaciones durante dos años antes de reinsertarse en un rol orientado específicamente al desarrollo de software con IA.

Contexto

El panorama actual contrasta drásticamente con la década anterior, cuando la programación era promovida como la base de la prosperidad económica global. En 2013, el entonces presidente Barack Obama, junto a figuras como Mark Zuckerberg y Bill Gates, impulsaron el mantra de “aprender a programar” como una herramienta de ascenso social infalible. En ese momento, Estados Unidos contaba con 1,5 millones de ingenieros de software con salarios que duplicaban el promedio nacional. Sin embargo, el costo de desarrollo de los modelos de lenguaje actuales ha cambiado las prioridades financieras de las empresas. Durante 2025, OpenAI destinó 8.000 millones de dólares y Anthropic cerca de 3.000 millones de dólares para perfeccionar sus algoritmos, una inversión que busca automatizar tareas que antes requerían miles de horas hombre. Como consecuencia directa, el interés académico ha mermado: la matrícula en programas universitarios de informática cayó un 8,1% y la de posgrado un 14% en el ciclo 2025-2026, según la National Student Clearinghouse.

La irrupción de la IA no solo afecta a quienes ya están en el sistema, sino que altera la competencia de entrada. Shriram Krishnamurthi, profesor de la Universidad de Brown, advirtió que la creciente demanda de revisión de código filtrará severamente a quienes no logren adaptarse a la velocidad de las nuevas herramientas. Al mismo tiempo, trabajadores sin formación técnica específica han comenzado a utilizar IA para generar código funcional, lo que aumenta el volumen de producción pero también la cantidad de errores y vulnerabilidades. Esta situación genera una paradoja: se necesitan menos programadores para producir más código, pero se requieren especialistas de altísimo nivel para identificar los fallos que las máquinas cometen. David Malan, profesor de la Universidad de Harvard, sostiene que el equilibrio futuro dependerá de ingenieros humanos que actúen como directores de orquesta de las herramientas automáticas, aunque esto implique una reducción neta de las plantillas de personal en las compañías de software.

Impacto

El impacto de esta crisis tecnológica trasciende lo laboral y se traslada a la organización colectiva y la salud mental de los trabajadores. La incertidumbre ha llevado a profesionales como Sam, en Los Ángeles, a considerar abandonar la industria para dedicarse a rubros físicos como la gastronomía o la silvicultura ante la imposibilidad de competir con el flujo constante de empleados desplazados de las grandes tecnológicas. Ante este vacío, han surgido redes de contención como la Tech Workers Coalition. Kaitlin Cort, una ingeniera con ocho años de experiencia, renunció a su puesto para fundar “What We Will”, un centro de recursos que asiste a trabajadores en procesos de despido y promueve la sindicalización en empresas como Oracle y Amazon. Según registros de la organización, al menos 10 trabajadores solicitan ayuda diariamente, y sus campañas de contacto masivo logran reunir a más de 100 afectados por semana, evidenciando una necesidad urgente de representación gremial en un sector históricamente reacio a los sindicatos.

La transformación del empleo tecnológico hacia un modelo de supervisión de IA plantea un desafío ético y técnico sobre la calidad del software futuro. Analistas del sector indican que la validación rigurosa de los resultados generados por máquinas será la competencia más valorada en el corto plazo. Sin embargo, la pérdida de la práctica manual de programación podría generar una brecha de conocimiento en las próximas generaciones de ingenieros, quienes podrían carecer de la base lógica necesaria para corregir errores complejos cuando la inteligencia artificial falle. La industria se encamina hacia una polarización donde solo los perfiles más adaptables y con mayor capacidad de diseño de sistemas lograrán mantener los niveles salariales que caracterizaron a la década pasada, mientras que las tareas de ejecución básica quedarán relegadas definitivamente a los algoritmos.

El próximo paso para la industria será la definición de nuevos marcos regulatorios y convenios colectivos que contemplen el uso de la IA en el entorno laboral. Mientras las empresas continúan invirtiendo miles de millones en infraestructura tecnológica, la tensión entre la eficiencia automatizada y la necesidad de supervisión humana experta marcará la agenda de los próximos años. El mercado laboral tecnológico de 2026 ya no busca programadores, sino arquitectos de soluciones capaces de auditar la inteligencia artificial en tiempo real.

Fuente: Infobae

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por Infobae.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias