Dos hermanas adolescentes residentes en la Franja de Gaza obtuvieron el premio ambiental Earth Prize tras desarrollar un sistema para convertir los escombros de edificios destruidos en ladrillos reutilizables para la reconstrucción local.
Farah Mousa, de 15 años, y Tala Mousa, de 17, fueron distinguidas como ganadoras regionales de Medio Oriente por su capacidad para transformar la devastación urbana en una solución habitacional práctica. Las jóvenes, que actualmente viven en una carpa tras haber sido desplazadas en múltiples ocasiones por los bombardeos que destruyeron su hogar en agosto pasado, diseñaron un proceso que utiliza materiales reciclados para generar bloques de construcción de bajo costo. El reconocimiento incluye una dotación económica de US$12.500, fondos que las hermanas planean destinar a la capacitación de otros jóvenes gazatíes. Según explicaron fuentes vinculadas a la organización del premio, el proyecto busca fomentar la autonomía de la población civil en las tareas de reconstrucción, reduciendo la dependencia exclusiva de la asistencia humanitaria internacional en un territorio donde la infraestructura básica ha colapsado casi por completo.
El proceso técnico desarrollado por las hermanas Mousa consiste en la recolección de escombros de hormigón y piedra, los cuales son triturados y pasados por un colador para obtener una granulometría fina. Esta base se mezcla posteriormente con materiales accesibles en el entorno de los campamentos de refugiados, como barro, ceniza y vidrio molido. El prototipo resultante es un ladrillo liviano diseñado para usos que no requieran carga estructural pesada, tales como la delimitación de senderos, la creación de divisiones internas en refugios o la construcción de canteros para cultivos de subsistencia. La efectividad de estos bloques ya fue puesta a prueba en condiciones reales cuando las adolescentes ayudaron a un vecino a reforzar la base de su carpa para resistir las inclemencias climáticas. A pesar de haber perdido sus herramientas y muestras originales durante su último desplazamiento forzado, las jóvenes lograron sistematizar el método para que pueda ser replicado a mayor escala por la comunidad.
Contexto
La iniciativa surge en un escenario de devastación sin precedentes en la historia reciente de la región. El conflicto armado, iniciado tras el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023 —que resultó en 1.200 muertes y 251 secuestros—, derivó en una campaña militar israelí que ha dejado más de 72.700 fallecidos en la Franja de Gaza, según datos del Ministerio de Sanidad local. Para comienzos de 2025, las estimaciones de organismos internacionales y analistas económicos situaron los daños materiales en aproximadamente US$70.000 millones. Naciones Unidas calcula que 1,9 millones de personas, lo que representa cerca del 90% de la población total del enclave, han sido desplazadas de sus hogares. Las calles de las principales ciudades, como Ciudad de Gaza y Jan Yunis, se encuentran cubiertas por millones de toneladas de escombros, lo que dificulta no solo la movilidad sino también el acceso a servicios básicos y la instalación de refugios temporales adecuados.
El Earth Prize, la plataforma que otorgó el galardón, es una competencia global que busca soluciones innovadoras a problemas ambientales críticos lideradas por jóvenes. En esta edición, el certamen ha destacado proyectos similares en otras regiones: en Europa, una joven irlandesa de 18 años fue premiada por crear un plástico biodegradable, mientras que en Kenia, dos adolescentes de 17 años desarrollaron filtros naturales para la captura de carbono. El caso de las hermanas Mousa destaca por realizarse en una zona de conflicto activo, donde el acceso a laboratorios o materiales convencionales es inexistente. La propuesta de las jóvenes palestinas se alinea con los esfuerzos de sostenibilidad al proponer una economía circular de guerra, donde el residuo del conflicto se convierte en el insumo principal para la recuperación del tejido urbano, evitando el descarte masivo de materiales que de otro modo quedarían inertes en el paisaje.
Impacto
La relevancia de este proyecto trasciende lo simbólico y se inserta en la necesidad urgente de soluciones habitacionales para los desplazados. Al utilizar escombros triturados, las hermanas Mousa abordan dos problemas simultáneos: la gestión de residuos sólidos de gran escala y la escasez de materiales de construcción tradicionales, cuyo ingreso a la Franja suele estar restringido o demorado por controles fronterizos. Expertos en logística humanitaria señalan que la producción local de estos ladrillos podría reducir significativamente los costos de mantenimiento de los campamentos de refugiados. Además, el plan de las hermanas de organizar talleres para capacitar a 100 jóvenes tiene el potencial de generar una fuerza de trabajo técnica inmediata, capaz de producir al menos 200 bloques iniciales para mejorar las condiciones de vida en las zonas de carpas, donde la humedad y la inestabilidad del terreno son constantes amenazas para la salud pública.
Desde una perspectiva social, el proyecto representa un cambio en la narrativa de la reconstrucción de Gaza. En lugar de esperar el inicio de los grandes planes de infraestructura contemplados en acuerdos diplomáticos internacionales, la iniciativa fomenta una respuesta desde las bases. Fuentes del sector de la construcción en la región indican que la implementación de estas técnicas de reciclaje de escombros podría ser la clave para la fase de transición entre los refugios de emergencia y las viviendas permanentes. La utilización de ceniza y vidrio, elementos abundantes en las zonas bombardeadas, permite que el costo de producción sea prácticamente nulo, permitiendo que familias que han perdido todo su patrimonio puedan participar activamente en la mejora de su entorno inmediato sin depender de subsidios externos que a menudo no llegan a tiempo.
El futuro de la iniciativa depende ahora de la estabilidad del cese el fuego que entró en vigor en octubre de 2025, enmarcado en las gestiones diplomáticas de la administración de Donald Trump. Aunque el plan de paz contempla una reconstrucción integral del territorio para beneficio del pueblo de Gaza, las agencias humanitarias advierten que las obras a gran escala aún no han comenzado de manera efectiva. En este intervalo de incertidumbre, el trabajo de Farah y Tala Mousa se posiciona como una herramienta de resiliencia civil. El próximo paso para las hermanas será participar en la votación pública global del Earth Prize, donde compiten por el galardón general, mientras intentan establecer su primer centro de capacitación técnica entre las ruinas de lo que alguna vez fue su vecindario.