Especialistas de la Secretaría de Cultura de Río Negro confirmaron el hallazgo de tres nuevos sitios paleontológicos con restos de bosques petrificados de 50 millones de años de antigüedad en un establecimiento rural cercano a Pilcaniyeu.
El descubrimiento se produjo a unos 80 kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche, luego de que el propietario de un campo alertara a las autoridades sobre la presencia de materiales fósiles en su predio. La intervención, coordinada por la Dirección de Patrimonio y Museos, permitió identificar más de trece ejemplares de árboles petrificados que pertenecen al período Eoceno. Según informaron fuentes de la Secretaría de Cultura provincial, el operativo se realizó bajo el Plan Provincial de Conservación e Investigación del Patrimonio Cultural y Natural, integrando a un equipo multidisciplinario que incluyó a la Asociación Paleontológica de Bariloche, el Centro Educativo de Perfeccionamiento Específico y la Patrulla Ambiental del Escuadrón 34 de Gendarmería Nacional. Los trabajos de prospección y relevamiento técnico confirmaron que los restos corresponden a especies de coníferas y angiospermas, un hallazgo que modifica el mapa de la biodiversidad prehistórica de la zona.
Los investigadores destacaron que la tipología de flora identificada no contaba con registros previos en esta región específica de la estepa rionegrina. El análisis preliminar de los trece troncos hallados indica que estos árboles formaban parte de un ecosistema complejo y denso, muy alejado de la aridez que caracteriza al paisaje actual de Pilcaniyeu. Durante el procedimiento, los técnicos realizaron tareas de geolocalización, registro fotográfico y extracción controlada de muestras para evitar el deterioro de los materiales. De acuerdo con los protocolos de la Ley Provincial 3041 de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico, los restos fueron acondicionados y trasladados al Museo Paleontológico de Bariloche. Allí, los científicos iniciarán una fase de estudio microscópico para determinar con exactitud las especies vegetales y las patologías que pudieron haber afectado a estos ejemplares antes de su proceso de mineralización.
Contexto
El período Eoceno, que se extendió entre hace 56 y 34 millones de años, representó una de las etapas de mayor calentamiento global en la historia del planeta, conocida como el Óptimo Climático del Eoceno. En aquel entonces, la configuración geológica de la Patagonia era radicalmente distinta: la cordillera de los Andes aún no había alcanzado la altura necesaria para actuar como barrera contra la humedad del océano Pacífico. Esto permitía el ingreso de vientos húmedos que daban lugar a selvas subtropicales y bosques templados en áreas que hoy son desérticas. Los antecedentes en la región muestran hallazgos similares en la zona de Chubut, pero la ubicación de estos tres nuevos sitios en Río Negro aporta una pieza clave para entender cómo se distribuía la vegetación en el borde oriental de la cuenca neuquina y rionegrina antes del levantamiento definitivo de los Andes y la posterior desertificación de la meseta.
La preservación de estos ejemplares se debe a procesos geológicos específicos donde la materia orgánica de los árboles fue reemplazada por minerales, principalmente sílice, transportados por aguas subterráneas tras erupciones volcánicas recurrentes en la zona. Este fenómeno permitió que la estructura celular de las coníferas y angiospermas se mantuviera intacta durante 50 millones de años. Según indicaron desde la Dirección de Patrimonio y Museos, la colaboración del sector privado fue determinante en este caso, ya que la mayoría de los yacimientos paleontológicos en la Patagonia se encuentran en tierras de propiedad privada. La denuncia temprana del productor rural evitó el saqueo de las piezas o su destrucción por erosión natural, permitiendo que el Estado rionegrino tome custodia de los bienes que, por ley, pertenecen al dominio público provincial.
Impacto
La relevancia de este hallazgo reside en la posibilidad de reconstruir las variaciones climáticas extremas que sufrió el cono sur. Al identificar angiospermas (plantas con flores) en una zona donde no se esperaba encontrarlas para esa datación, los científicos pueden inferir datos sobre la temperatura media anual y el régimen de precipitaciones de hace 50 millones de años. Pablo Chafrat, director de Patrimonio y Museos de Río Negro, señaló que este descubrimiento constituye una oportunidad para ampliar el conocimiento sobre la historia natural de la provincia y pone en evidencia la riqueza patrimonial del territorio. El impacto científico se traduce en la apertura de nuevas líneas de investigación sobre la evolución ambiental, permitiendo comparar estos bosques con otros registros fósiles de la Antártida y Australia, regiones que en aquel entonces mantenían conexiones biológicas con la Patagonia.
Desde el punto de vista institucional, el éxito del operativo refuerza la vigencia de los protocolos de protección patrimonial en Río Negro. El involucramiento de Gendarmería Nacional y de asociaciones civiles especializadas garantiza que el material no solo sea estudiado, sino también protegido contra el tráfico ilícito de fósiles, un problema recurrente en la región sur. Para la comunidad científica, contar con trece ejemplares en un mismo radio geográfico permite realizar estudios poblacionales de la flora, analizando la densidad del bosque y la interacción entre diferentes especies. Esto aporta datos concretos para los modelos de cambio climático actuales, al observar cómo ecosistemas enteros desaparecieron o migraron ante las transformaciones geológicas y térmicas del pasado remoto.
El próximo paso de la investigación consistirá en el análisis de cortes delgados de los troncos en laboratorios especializados para observar la anatomía de la madera. Estos estudios permitirán confirmar si las especies halladas tienen parientes modernos en las selvas valdivianas o si se trata de linajes extintos tras el enfriamiento global del Oligoceno. Mientras tanto, los tres sitios paleontológicos permanecerán bajo vigilancia y se evalúa la posibilidad de realizar nuevas campañas de excavación en las áreas circundantes para buscar polen fósil o restos de fauna asociada que permitan completar el cuadro biológico de esta Patagonia desconocida. La tensión pendiente radica en la capacidad de financiamiento para sostener estas investigaciones de largo aliento en el actual contexto presupuestario de las instituciones de ciencia regionales.