CULTURA

Gauchos del Mar instalan una tabla de surf en hielo frente al Obelisco por la Antártida

Los hermanos Joaquín y Julián Azulay presentaron una instalación artística en el centro porteño para concientizar sobre la protección del ecosistema antártico y lanzar su séptimo documental narrado por Ricardo Darín.

Redacción El Capitán 19 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Foto: La Nación

Los hermanos Joaquín y Julián Azulay, conocidos como Gauchos del Mar, instalaron este martes una tabla de surf atrapada en un bloque de hielo frente al Obelisco porteño para reclamar la creación de un área marina protegida en la Antártida.

La intervención artística, que comenzó a las 7 de la mañana en la Plaza de la República, funciona como una metáfora visual del derretimiento de los glaciares y marca el lanzamiento de “Antártida-Dominio Uno”, el séptimo largometraje de los documentalistas. La obra expuesta no es una pieza genérica, sino una de las tablas utilizadas por los surfistas para surcar las aguas gélidas del continente blanco durante el rodaje. Según explicaron los organizadores en el lugar, la estructura de hielo está diseñada para derretirse gradualmente ante la vista de los transeúntes, simbolizando la fragilidad de los ecosistemas australes frente al avance del cambio climático y la explotación de recursos. El evento busca captar la atención de la opinión pública nacional e internacional antes de una serie de definiciones diplomáticas clave sobre la soberanía ambiental en el Atlántico Sur.

El nuevo documental de los Azulay cuenta con una producción de alto perfil, incluyendo la narración de Ricardo Darín en su versión en castellano y del once veces campeón mundial de surf, Kelly Slater, para la versión en inglés. El objetivo central del film es impulsar una petición pública para que los países que integran la Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) aprueben la creación de un santuario marino en el denominado Dominio 1, que abarca la Península Antártica y las Islas Shetland del Sur. Joaquín Azulay, de 37 años, destacó que el surf funciona como un vehículo para atraer audiencias hacia causas ambientales urgentes. La propuesta técnica del proyecto busca restringir actividades humanas nocivas, principalmente la pesca industrial de krill, para preservar la biodiversidad y garantizar la continuidad de las investigaciones científicas en la región bicontinental.

Contexto

La trayectoria de los Gauchos del Mar comenzó hace más de una década con un enfoque centrado en la supervivencia y la exploración nómade. Joaquín, exjugador de fútbol profesional en el Cádiz B de España y administrador de empresas, junto a su hermano Julián, arquitecto, iniciaron su primer viaje por el Pacífico sin recursos financieros, realizando trabajos temporales como limpieza de barcos y pintura de viviendas para costear sus filmaciones. Desde entonces, han producido seis rodajes que les valieron 71 premios internacionales en diversos festivales de cine. Sus expediciones se han caracterizado por alejarse de los destinos turísticos tradicionales, enfocándose en zonas de conflicto o climas extremos, incluyendo recorridos por las Islas Malvinas y diversas costas del continente africano, donde el componente social y político comenzó a ganar peso sobre el aspecto meramente deportivo.

El proyecto actual se enmarca en una disputa global por la conservación de los mares del sur. La región del Dominio 1 es una de las áreas más productivas biológicamente del planeta, pero también una de las más afectadas por el aumento de la temperatura oceánica. Históricamente, los hermanos Azulay han utilizado sus producciones para documentar no solo la búsqueda de la ola perfecta, sino también las tensiones geopolíticas y ambientales de los territorios que visitan. En esta séptima entrega, la transición de deportistas a activistas ambientales se consolida definitivamente, utilizando el alcance masivo de plataformas como YouTube, donde el documental ha sido publicado de forma gratuita para fomentar la participación ciudadana y la recolección de firmas digitales que respalden la propuesta de protección marina ante los organismos internacionales.

Impacto

La relevancia de esta acción radica en la presión social necesaria de cara a la reunión de la CCAMLR prevista para el año 2026. En dicho encuentro, las naciones miembro deberán decidir si establecen límites estrictos a la pesca comercial en las zonas reclamadas por el proyecto. Según fuentes del sector ambientalista, la creación del Área Marina Protegida en el Dominio 1 permitiría resguardar ecosistemas vulnerables que hoy se encuentran bajo amenaza por la sobreexplotación de recursos vivos. El impacto de la instalación en el Obelisco busca nacionalizar un debate que suele quedar restringido a ámbitos científicos o diplomáticos, conectando la identidad marítima argentina con la necesidad de políticas de Estado que trasciendan las fronteras y aseguren la sostenibilidad del krill, base de la cadena alimentaria antártica.

Para el sector científico, la iniciativa de los Gauchos del Mar representa un apoyo fundamental en la divulgación de datos críticos sobre el retroceso de las barreras de hielo. La visibilidad que aporta una figura como Ricardo Darín y el respaldo de la comunidad internacional del surf posicionan a la Argentina en el centro de una campaña global de conservación. Los especialistas indican que, de no lograrse el consenso para 2026, el ecosistema del Dominio 1 podría enfrentar daños irreversibles en su biodiversidad marina. La intervención urbana en la Ciudad de Buenos Aires es, por tanto, el primer paso de una estrategia de comunicación que pretende transformar el interés por los deportes extremos en un compromiso civil concreto por la preservación del patrimonio natural del país y del mundo.

El derretimiento total de la pieza de hielo frente al Obelisco marcará el cierre de esta fase de promoción presencial, mientras la petición digital continúa sumando adhesiones de ciudadanos de todo el mundo. El próximo paso clave para los hermanos Azulay será la presentación del documental en foros ambientales internacionales, buscando influir en las delegaciones diplomáticas que tienen poder de voto en la Convención. La tensión pendiente reside en la postura de ciertos países que históricamente se han opuesto a las restricciones pesqueras en la zona, lo que convierte a los próximos dos años en un período crítico para la diplomacia ambiental argentina y la protección efectiva de los mares australes.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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