SOCIEDAD

Gabriel Rolón: “La peor de las condenas posibles es que te olviden”

El psicoanalista Gabriel Rolón presentó su visión sobre la felicidad y la finitud, advirtiendo que el olvido representa la verdadera muerte y proponiendo la 'faltacidad' como alternativa a la ilusión de plenitud absoluta.

Redacción El Capitán 2 de julio de 2026 5 min de lectura
Gabriel Rolón: “La peor de las condenas posibles es que te olviden”
Foto: La Nación

El psicoanalista Gabriel Rolón presentó en Buenos Aires sus reflexiones sobre la construcción del deseo y la mortalidad, donde afirmó que el olvido constituye la condena más severa para el ser humano y la única muerte definitiva posible.

Durante una extensa exposición sobre la salud mental y el bienestar emocional, el autor de “La Felicidad” desglosó los mecanismos psíquicos que impiden a los individuos alcanzar momentos de bienestar genuino. Según explicaron especialistas del ámbito clínico consultados sobre estas premisas, la cultura contemporánea presiona a los sujetos hacia una plenitud absoluta que resulta, en la práctica, inalcanzable y frustrante. Rolón introdujo el concepto de “faltacidad”, una categoría que propone integrar las ausencias, los dolores y las carencias estructurales de la experiencia vital en lugar de intentar eliminarlas. Para el analista, la felicidad no debe entenderse como un estado de gracia permanente, sino como una construcción ética que abraza la finitud y la falta como motores del deseo.

El profesional profundizó en el peso que ejercen los mandatos sociales y las expectativas ajenas, elementos que en la teoría psicoanalítica se asocian con la figura del superyó. Esta instancia psíquica actúa, según su visión, como un obstáculo severo para la realización de los deseos propios, sometiendo al individuo a una búsqueda constante de aprobación externa. De acuerdo con fuentes del sector académico, esta tensión entre lo que el sujeto desea y lo que el entorno espera genera cuadros de ansiedad y angustia que saturan las consultas actuales. Rolón enfatizó que el legado de una persona no reside en acumulaciones materiales, sino en la huella vincular que deja en quienes la amaron, subrayando que la trascendencia es un fenómeno puramente afectivo y relacional.

En su análisis sobre la responsabilidad individual, el psicólogo cuestionó la tendencia a utilizar la esperanza y la fe como mecanismos de evasión frente a la realidad. Sostuvo que ser feliz implica una responsabilidad de gran magnitud, ya que requiere la aceptación de la propia mortalidad y de las heridas del pasado sin refugiarse en la melancolía o en la idealización de un futuro incierto. Según operadores del sistema de salud mental, esta postura interpela la noción de “positivismo tóxico” que predomina en redes sociales. Rolón advirtió específicamente sobre el riesgo de intentar tapar ausencias traumáticas, como la pérdida de un padre o una madre, mediante la búsqueda de nuevos vínculos que funcionen como reemplazos, argumentando que cada persona aporta desafíos únicos pero nunca sustituye lo perdido.

Contexto

La obra de Gabriel Rolón se inscribe en una tradición de divulgación del psicoanálisis en Argentina que ha ganado terreno en las últimas dos décadas, transformando conceptos complejos de la clínica freudiana y lacaniana en herramientas accesibles para el público general. Este fenómeno ocurre en un país que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, posee una de las mayores tasas de psicólogos por habitante a nivel global, con una concentración significativa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La publicación de su libro “La Felicidad” llega en un momento de crisis de sentido post-pandémica, donde las consultas por depresión y trastornos de ansiedad han mostrado un incremento del 25% según registros de instituciones sanitarias locales.

Históricamente, el psicoanálisis en la región ha pasado de ser una práctica de élite a una referencia cultural ineludible. Los antecedentes de esta charla se remontan a sus trabajos previos sobre el duelo y el amor, donde ya planteaba que el sujeto está marcado por una carencia original. La relevancia de sus declaraciones actuales radica en el giro hacia la ética del presente, alejándose de las promesas de felicidad perpetua que caracterizaron a las corrientes de autoayuda de los años 90. La insistencia en la finitud como eje del pensamiento responde a una necesidad social de procesar las pérdidas colectivas y personales en un entorno de alta incertidumbre económica y social.

Impacto

La propuesta de Rolón impacta directamente en la forma en que los pacientes y profesionales abordan el proceso terapéutico, desplazando el objetivo de la “cura” hacia la capacidad de torcer el destino personal. Al definir el amor como un “invento maravilloso para engañar por un rato a la muerte”, el autor establece una ética de los vínculos basada en la renuncia consciente al poder. Según indicaron desde asociaciones de profesionales de la psicología, esta perspectiva fomenta una sanidad vincular donde amar implica otorgar poder al otro, pero con el compromiso ético de no utilizar esa vulnerabilidad para causar daño. Este enfoque busca reducir los índices de violencia emocional y manipulación en las relaciones de pareja contemporáneas.

Por otro lado, la validación de la “faltacidad” permite a los individuos reducir la presión por alcanzar estándares de éxito emocional irreales. El impacto práctico se observa en la desestigmatización del dolor y la tristeza como partes constitutivas de una vida plena. Para el sistema de salud, esto implica un cambio en el abordaje de la angustia: no se trata de medicar cada síntoma de insatisfacción, sino de ayudar al sujeto a mirar hacia adentro sin vergüenza y a enfrentar la perturbación que conlleva el propio deseo. La felicidad, bajo esta óptica, se convierte en un acto de valentía individual que requiere abandonar la comodidad de los lugares comunes para asumir la finitud del aquí y ahora.

El próximo paso en la agenda del psicoanalista incluye una serie de presentaciones en el interior del país y en el exterior, donde buscará profundizar en la relación entre el arte y el inconsciente como vías de escape al olvido. La tensión pendiente reside en cómo las nuevas generaciones, criadas en la inmediatez digital, procesarán estas nociones de finitud y espera en un mundo que demanda gratificación instantánea. La labor del analista, según concluyó Rolón, seguirá siendo la de un facilitador para que el paciente deje de ser esclavo de las expectativas de terceros y logre, finalmente, develar su propio enigma personal antes de que el tiempo agote sus posibilidades.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

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