La Fundación Manuelita reportó que el 80% de sus egresados en Palmira accede a la educación superior, superando el 3% inicial registrado en 2014, tras implementar el programa integral de transformación pedagógica y social denominado Educar Uno a Uno.
Gloria Eugenia Medellín Sánchez, gerente de la organización, detalló que el éxito del modelo radica en la personalización del aprendizaje y la escucha activa de la comunidad educativa. Según datos del Ministerio de Educación de Colombia, cerca del 40% de los estudiantes que ingresan a la universidad desertan; sin embargo, entre los beneficiarios de este programa, la cifra de abandono se desploma a apenas el 2%. Este rendimiento se sostiene mediante un sistema de seguimiento post-escolar que utiliza herramientas digitales como WhatsApp y correos electrónicos para mantener el vínculo con los graduados, quienes luego regresan a las aulas para actuar como referentes ante las nuevas generaciones de estudiantes en contextos de vulnerabilidad.
El despliegue operativo en el territorio de Palmira enfrenta desafíos estructurales complejos, principalmente por la presencia de fronteras invisibles y el asedio de pandillas que buscan reclutar a menores como informantes o “campaneros”. Frente a esta realidad, la estrategia de la Fundación se centra en romper el círculo vicioso de la pobreza y la violencia mediante la reducción de brechas de aprendizaje. La metodología aplicada no es estática; requiere un año previo de diagnóstico para ajustar los estándares pedagógicos a las necesidades específicas de cada territorio. Esta flexibilidad permite que los docentes, quienes históricamente han trabajado bajo esquemas conductistas tradicionales, adopten estrategias de aprendizaje activo y diseño de proyectos de aula pertinentes para su entorno.
La implementación tecnológica ha sido uno de los pilares más exigentes del proyecto. Medellín Sánchez recordó que en 2014 el proceso comenzó desde la alfabetización digital básica de los docentes, evolucionando hacia la integración pedagógica de las TIC. No obstante, la sostenibilidad de este componente representa el mayor riesgo financiero para las instituciones públicas. Sin el respaldo de la Fundación, el mantenimiento, la conectividad y la reposición de equipos resultan inalcanzables para el presupuesto estatal actual. Por esta razón, la organización inició una fase de evaluación en nuevos colegios con una carga tecnológica reducida, buscando determinar si es posible escalar el impacto educativo con una inversión menor en hardware, priorizando el capital humano y social.
Contexto
La Fundación Manuelita es el brazo social de una organización agroindustrial con 162 años de trayectoria en el Valle del Cauca. Su origen se remonta a las tierras de Manuela Ferrer, madre del escritor Jorge Isaacs, las cuales fueron adquiridas en subasta por Santiago Eder, inmigrante letón y fundador de la compañía. Desde 2014, la fundación decidió intervenir directamente en el sistema público colombiano para fortalecer la calidad educativa en zonas donde el Estado presenta limitaciones de cobertura y profundidad. El programa Educar Uno a Uno surgió como una respuesta a la falta de oportunidades en sectores rurales y urbanos de alto riesgo, donde la educación es vista como la única vía de movilidad social ascendente.
Históricamente, la educación en Colombia ha estado marcada por una profunda desigualdad entre las zonas urbanas consolidadas y las periferias afectadas por el conflicto armado. En Palmira, la segmentación territorial por grupos delictivos condiciona el acceso de los niños a las escuelas. La intervención de la Fundación Manuelita se produce en un marco de corresponsabilidad, donde el sector privado aporta metodologías de gestión y recursos técnicos que complementan la responsabilidad primaria del Estado. Durante la última década, el programa ha logrado que el 70% de los docentes en sus instituciones foco se apropien de metodologías innovadoras, transformando el aula en un espacio de pensamiento crítico y contención socioemocional.
Impacto
El impacto más significativo del programa se observa en la alteración de las trayectorias de vida de los jóvenes en zonas de conflicto. Al pasar de un 3% a un 80% de tránsito a la educación superior, se genera un efecto multiplicador en la economía local y en la seguridad ciudadana. La formación en competencias socioemocionales permite que los estudiantes desarrollen resiliencia frente a las presiones de las estructuras criminales. Además, el componente social del programa suple la carencia de orientadores profesionales en las escuelas públicas, brindando un soporte psíquico fundamental para familias que atraviesan situaciones de violencia doméstica o precariedad económica extrema.
Desde una perspectiva institucional, el modelo de la Fundación Manuelita demuestra que la alianza público-privada puede dinamizar procesos de innovación que el sistema burocrático estatal suele procesar con lentitud. La transferencia de conocimiento hacia los docentes, bajo el esquema de “formación de formadores”, garantiza que las capacidades queden instaladas en la institución más allá de la presencia física de la fundación. Esto redefine el rol del maestro en la sociedad colombiana, posicionándolo como un actor clave para la paz y la cualificación de la fuerza laboral futura, en un contexto donde la inteligencia artificial y los recursos digitales exigen una actualización constante de las prácticas pedagógicas.
El próximo paso de la organización consiste en validar la eficacia del modelo con baja densidad tecnológica para facilitar su replicabilidad en otras regiones del país. La tensión pendiente reside en la capacidad del Estado para absorber estas metodologías y garantizar la estabilidad de las plantas docentes, cuya rotación actual dificulta la consolidación de procesos de largo aliento. La meta final es que el modelo de aprendizaje activo se convierta en una política pública que trascienda la filantropía corporativa y se integre formalmente en el sistema educativo nacional.