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FIFA define el protocolo de entrega del trofeo para el Mundial 2026

La Selección Argentina y España disputarán la final del Mundial 2026 bajo un estricto reglamento de seguridad que limita la posesión del trofeo original.

Redacción El Capitán 19 de julio de 2026 7 min de lectura
FIFA define el protocolo de entrega del trofeo para el Mundial 2026
Foto: La Nación Deportes

La Selección Argentina enfrentará a España en la final del Mundial 2026 con el objetivo de obtener su cuarta estrella, bajo un estricto protocolo de la FIFA que establece la devolución inmediata del trofeo original tras la ceremonia.

El reglamento de la Copa Mundial de la FIFA 26 es taxativo respecto a la seguridad y la propiedad del galardón más preciado del fútbol internacional. Según lo dispuesto por la entidad que preside Gianni Infantino, el equipo que resulte ganador en el tiempo reglamentario, la prórroga o los penales, recibirá la pieza original de oro macizo únicamente para el acto de premiación sobre el césped del estadio. Los jugadores podrán alzarla, realizar la vuelta olímpica y posar para las cámaras ante el público presente, pero el contacto con la pieza auténtica finalizará antes de que la delegación abandone el recinto deportivo. Fuentes de la organización confirmaron que el protocolo de seguridad para esta edición será el más riguroso de la historia, involucrando traslados blindados y custodia permanente desde el momento en que el capitán del equipo vencedor suelte la copa en la zona de vestuarios.

El artículo 45 del Reglamento del Mundial detalla que la selección ganadora recibirá el Trofeo de la Copa Mundial de la FIFA, el cual seguirá siendo propiedad exclusiva de la institución rectora del fútbol. Una vez concluida la ceremonia de premiación y antes de retirarse del estadio, la federación triunfadora deberá devolver la pieza original a los funcionarios de la FIFA en el vestuario. En ese preciso instante, se les hará entrega del denominado Trofeo de los Campeones de la Copa Mundial de la FIFA, una réplica oficial que la delegación podrá trasladar a su país de origen. Esta normativa busca evitar incidentes o daños sobre la estructura original, que posee un valor incalculable no solo por sus materiales preciosos, sino por su carga histórica. La federación participante que resulte ganadora asume, además, el compromiso legal de tomar todas las medidas de seguridad necesarias para custodiar la réplica mientras esté en su poder, debiendo devolverla de inmediato si la FIFA lo solicitara por escrito.

Desde el punto de vista técnico, las diferencias entre ambas piezas son sustanciales aunque imperceptibles para el ojo del espectador promedio. El trofeo original, diseñado por el escultor italiano Silvio Gazzaniga, está confeccionado con 18 quilates de oro macizo, alcanza una altura de 36,8 centímetros y registra un peso exacto de 6,175 kilogramos. Su diseño icónico representa a dos figuras humanas sosteniendo el planeta Tierra con un dinamismo que buscaba romper con la rigidez de los trofeos anteriores. Por el contrario, la réplica que se entrega para la vitrina permanente de la federación campeona está fabricada principalmente en bronce y posteriormente sometida a un baño de oro de alta calidad. La producción de estas piezas sigue estando a cargo de la empresa GDE Bertoni, con sede en Paderno Dugnano, Italia, la misma firma que dio vida al diseño original tras ganar un concurso internacional en el que participaron artistas de siete países diferentes luego del Mundial de México 1970.

Contexto

La historia de los trofeos mundialistas está marcada por la seguridad y las pérdidas definitivas. Hasta 1970, la FIFA entregaba el trofeo Jules Rimet, con la condición de que aquel país que lograra tres campeonatos mundiales se quedaría con la posesión perpetua de la copa. Brasil alcanzó este hito en el Mundial de México 1970, lo que obligó a la creación de un nuevo diseño. Sin embargo, el trofeo Jules Rimet original fue robado en 1983 de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro y nunca fue recuperado, presumiéndose que fue fundido por los delincuentes. Este antecedente traumático para la memoria del fútbol mundial llevó a la FIFA a modificar drásticamente sus estatutos de propiedad. A partir de la creación de la actual Copa del Mundo en 1974, ningún país puede quedarse con la versión original, sin importar cuántas veces gane el torneo. La pieza auténtica reside permanentemente en el Museo de la FIFA en Zúrich, Suiza, y solo sale de allí para la gira del trofeo, el sorteo oficial y el partido inaugural y la final de cada edición.

La elección del diseño de Silvio Gazzaniga en 1971 marcó un antes y un después en la estética deportiva. Tras la entrega definitiva de la Jules Rimet a Brasil, la FIFA recibió 53 propuestas de escultores de todo el mundo. Gazzaniga propuso una obra que simbolizara la alegría y la magnitud del esfuerzo deportivo, utilizando líneas espirales que ascienden desde la base para recibir al mundo. La base del trofeo contiene dos anillos de malaquita, una piedra semipreciosa de color verde, y en su parte inferior se graban los nombres de las selecciones nacionales que han ganado el torneo desde 1974. Actualmente, el espacio para las inscripciones es una preocupación logística para la FIFA, ya que se estima que la base actual tendrá capacidad para albergar nuevos nombres solo hasta el centenario de la Copa del Mundo en 2030, lo que podría derivar en una futura modificación del pedestal o del diseño integral del galardón.

Impacto

La implementación de estas reglas estrictas impacta directamente en la logística de los festejos nacionales. Para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) o la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), ganar la final implica activar un protocolo de traslado de la réplica oficial bajo normas de seguridad privada internacional. El impacto no es solo simbólico; la posesión de la réplica oficial permite a las federaciones exhibir el logro en sus predios de entrenamiento y museos locales, fomentando el turismo deportivo y el sentido de pertenencia. No obstante, la responsabilidad civil es total: si la réplica sufriera daños durante las caravanas de festejo, como ha ocurrido en celebraciones previas donde los trofeos cayeron de los autobuses, la federación responsable debe afrontar los costos de restauración y posibles sanciones administrativas por parte de la FIFA. Operadores del mercado de seguros deportivos indican que las pólizas para cubrir el traslado de la réplica desde la sede del Mundial hasta el país de destino han aumentado su valor debido a la masividad de los festejos modernos.

Además, el hecho de que el trofeo original no viaje al país ganador refuerza el valor de exclusividad de la FIFA sobre su marca global. Esto genera un mercado secundario de exhibiciones donde la entidad madre del fútbol gestiona giras mundiales patrocinadas por empresas multinacionales, generando ingresos millonarios que no serían posibles si el trofeo estuviera guardado en la caja fuerte de una federación nacional. Para los jugadores, la experiencia de tener el oro macizo en sus manos se limita a esos escasos 60 minutos de euforia en el campo de juego, convirtiendo ese momento en un hito irrepetible de sus carreras profesionales. La diferencia de peso entre el oro y el bronce bañado también es un factor que los futbolistas suelen notar; mientras la original requiere un esfuerzo físico considerable para ser sostenida con una sola mano, la réplica es sensiblemente más manejable para los desfiles prolongados.

El próximo domingo, cuando el árbitro marque el final del encuentro en el MetLife Stadium, se activará el engranaje burocrático y de seguridad que garantiza que la Copa del Mundo regrese a Suiza. Mientras Argentina busca consolidar su hegemonía mundial y España intenta recuperar la gloria alcanzada en 2010, la FIFA ya tiene preparados los maletines de transporte y los documentos de cesión temporal. El capitán que levante el trofeo estará sosteniendo 18 quilates de historia que, apenas unas horas después, volverán a ser custodiados por la máxima autoridad del fútbol, dejando en manos de los campeones una copia fiel que simbolizará la gloria eterna, pero bajo la estricta supervisión de Zúrich.

Fuente: La Nación Deportes

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Información publicada por La Nación Deportes.

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