Luis Vommaro, presidente de la Cámara Argentina de las Instalaciones para Fluidos (CAIF), advirtió sobre la crítica dificultad para hallar mano de obra calificada en el sector de la construcción durante un informe nacional sobre demanda laboral.
El dirigente empresarial sostuvo que la dinámica del empleo en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se encuentra estrechamente ligada a la inversión estatal. Según datos de la entidad, la retracción de la obra pública genera un efecto de desplazamiento donde las empresas que pierden contratos estatales se vuelcan masivamente al mercado privado. Este fenómeno, de acuerdo con fuentes del sector, provoca una sobreoferta de servicios que deprime los precios de los presupuestos y reduce drásticamente la rentabilidad de las compañías instaladoras. Vommaro explicó que esta situación no solo afecta los balances contables, sino que precariza las condiciones de los empleados y degrada la calidad técnica de las obras sanitarias, de gas y contraincendios.
La problemática del talento humano no se limita únicamente a la formación técnica, sino que radica en la ruptura de los vínculos de identidad profesional. Vommaro, quien se formó como Maestro Mayor de Obras en la Escuela Técnica Ingeniero Luis A. Huergo de Caballito en 1976, señaló que el modelo de aprendizaje actual carece del componente de tutoría que existía décadas atrás. En su análisis, la transmisión de conocimientos entre generaciones y el respaldo de instituciones sólidas permitían que un oficial no solo supiera ejecutar una tarea, sino que comprendiera la normativa vigente. La falta de este esquema colaborativo es, según la CAIF, el principal motivo por el cual los jóvenes no logran sostenerse en el mercado de los oficios especializados.
Contexto
La crisis de identidad en los oficios sanitarios tiene un punto de quiebre histórico identificado en la década de 1990. Durante ese período, la privatización de Obras Sanitarias de la Nación (OSN) conllevó la desaparición de la matrícula oficial que el organismo otorgaba, lo que desreguló el ejercicio de la profesión. Hasta ese momento, el Centro de Constructores de Obras Sanitarias, fundado el 18 de julio de 1915, funcionaba en tándem con el Estado para garantizar que cualquier innovación técnica fuera discutida en comisiones de estudio y volcada en normas de aplicación obligatoria. Este ecosistema aseguraba que tanto el profesional como el obrero sintieran un orgullo de pertenencia que hoy se considera perdido.
La creación de la CAIF en 1996 surgió precisamente como una respuesta a la anarquía normativa y a la apertura importadora de aquellos años. La cámara buscó agrupar no solo a los instaladores, sino también a fabricantes y comerciantes para intentar restablecer un orden en una actividad que carecía de paritarias y de controles de calidad sobre los materiales que ingresaban al país. Con 111 años de historia acumulada a través de sus entidades predecesoras, la organización observa hoy un escenario de baja participación gremial y una fragmentación que impide la consolidación de nuevas empresas familiares o pymes del sector, similares a la que Vommaro inició con su padre y hermano en 1978.
Impacto
La escasez de mano de obra calificada impacta directamente en la seguridad habitacional y en los costos operativos de los desarrollos inmobiliarios. Sin un control estatal riguroso y una matriculación responsable, el mercado queda expuesto a la improvisación, lo que deriva en instalaciones deficientes que representan riesgos de siniestralidad en fluidos críticos como el gas. Para el consumidor final, la falta de una red de profesionales certificados se traduce en una mayor volatilidad laboral y en la dificultad de encontrar servicios técnicos con garantía de cumplimiento normativo. La desvinculación entre la formación teórica de los cursos cortos y la práctica real en obra genera un bache de idoneidad que las empresas no logran cubrir.
Desde el punto de vista económico, la falta de un “círculo virtuoso” de capacitación y control impide que el sector de las instalaciones funcione como un motor de ascenso social. La ausencia de un marco institucional fuerte desincentiva a los jóvenes a especializarse en plomería o instalaciones complejas, prefiriendo empleos con menor barrera de entrada pero también menor estabilidad a largo plazo. Según operadores del mercado, si no se restablece un sistema de capacitación permanente vinculado a entidades empresarias, la industria seguirá perdiendo competitividad frente a la creciente complejidad de los nuevos materiales y tecnologías de construcción sostenible.
El desafío inmediato para la CAIF y el sector de la construcción radica en reconstruir el prestigio del oficio para atraer a las nuevas generaciones. La tensión pendiente se centra en la capacidad del Estado para retomar un rol fiscalizador que devuelva valor a la matrícula profesional. Mientras la obra pública permanezca paralizada, la presión sobre el mercado privado continuará forzando una baja en los estándares de calidad, a la espera de que una nueva regulación laboral o incentivos a la formación técnica logren revertir la tendencia de desprofesionalización que afecta a la industria desde hace más de tres décadas.