El árbitro Nicolás Lamolina quedó en el centro de la escena deportiva tras anular un penal a favor de Godoy Cruz luego de observar la repetición de la jugada en el teléfono celular de un futbolista de All Boys.
El encuentro, correspondiente a la fecha 33 de la Primera Nacional y disputado en el Estadio Islas Malvinas de Floresta, finalizó con un empate sin goles que quedó relegado a un segundo plano ante la gravedad institucional del fallo. La controversia se desató cuando, tras sancionar una pena máxima inicial, Lamolina fue rodeado por jugadores del conjunto local. En medio de las protestas, uno de los integrantes del plantel de All Boys le exhibió un video de la acción en un dispositivo móvil, lo que derivó en la rectificación inmediata de la decisión. Fuentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) indicaron que el procedimiento vulnera directamente el protocolo de la International Football Association Board (IFAB), dado que la categoría no cuenta con el sistema de Video Assistance Referee (VAR) habilitado oficialmente para su uso en competencia.
La situación escaló en tensión cuando, minutos después de la anulación antirreglamentaria, el juez sancionó un nuevo penal para el conjunto mendocino, el cual fue finalmente desperdiciado por el ejecutante del “Tomba”. Operadores del mercado deportivo y analistas arbitrales coincidieron en que la actuación de Lamolina representa un antecedente peligroso para la transparencia del ascenso argentino. La reacción en las plataformas digitales no se hizo esperar, transformando la indignación en una ola de contenidos humorísticos y críticas ácidas. Los usuarios de redes sociales como X (ex Twitter) e Instagram viralizaron imágenes comparando la situación con el fútbol amateur, mientras que otros señalaron la falta de autoridad del colegiado al permitir que la tecnología externa, no autorizada por el reglamento FIFA, interfiriera en su juicio directo sobre el campo de juego.
Contexto
El episodio ocurrido en Floresta se inscribe en una temporada de la Primera Nacional marcada por cuestionamientos recurrentes hacia el desempeño de los cuerpos arbitrales. La categoría más importante del ascenso en Argentina atraviesa una etapa de definiciones críticas, donde equipos como Ferro Carril Oeste buscan consolidar su camino al ascenso directo, mientras que otros como Chacarita Juniors y Tristán Suárez pelean por evitar la pérdida de la categoría. La ausencia de VAR en esta división responde a limitaciones presupuestarias y de infraestructura logística que la AFA aún no ha logrado resolver para la totalidad de los estadios del ascenso. Históricamente, las decisiones arbitrales en la Primera Nacional han sido objeto de debate, pero el uso de un celular como herramienta de revisión externa marca un punto de inflexión sin precedentes en la era moderna del fútbol local.
Antecedentes cercanos en la misma categoría refuerzan la sensación de inestabilidad reglamentaria. Recientemente, el descenso de Estudiantes de Río Cuarto y las protestas insólitas de la hinchada de Racing de Córdoba han puesto de manifiesto un clima de crispación generalizada en los estadios. La figura de Nicolás Lamolina, perteneciente a una familia de larga tradición en el arbitraje argentino, se ve ahora sometida a un escrutinio público que trasciende lo meramente deportivo. Según informaron desde el Colegio de Árbitros, se espera que el informe del partido detalle minuciosamente las razones por las cuales se permitió el ingreso de elementos tecnológicos ajenos a la terna oficial, una falta que podría derivar en sanciones disciplinarias severas para el juez principal y sus asistentes, quienes no intervinieron para evitar el contacto del árbitro con el dispositivo móvil del jugador.
Impacto
La consecuencia inmediata de este escándalo es el debilitamiento de la credibilidad del sistema de justicia deportiva en el ascenso. Al permitir que un video de origen privado y no verificado por canales oficiales determine el curso de un partido, se abre la puerta a que cualquier actor con acceso a una cámara pueda presionar a las autoridades en tiempo real. Expertos en derecho deportivo advierten que Godoy Cruz podría presentar una queja formal ante el Tribunal de Disciplina, aunque el resultado del partido difícilmente sea modificado. El impacto también se siente en la tabla de posiciones: el empate deja a ambos equipos en una situación de estancamiento en sus respectivas aspiraciones, en una fecha donde cada punto es vital para definir los cruces del Reducido y la permanencia.
Para el hincha y el espectador neutral, el hecho refuerza la percepción de una desigualdad tecnológica entre la Liga Profesional y la Primera Nacional. Mientras en la máxima categoría el VAR es una herramienta estandarizada, en el ascenso la falta de recursos técnicos deriva en soluciones improvisadas que rozan lo absurdo. La viralización de los memes y el contenido humorístico en redes sociales funciona como un termómetro del hartazgo social ante la falta de profesionalismo en áreas clave de la organización del fútbol. La imagen de un árbitro mirando una pantalla de cinco pulgadas rodeado de futbolistas enardecidos se ha convertido en el símbolo de una crisis de autoridad que la AFA deberá abordar con urgencia para evitar que se repita en las instancias finales del torneo.
Se espera que en las próximas horas la Dirección Nacional de Arbitraje, encabezada por Federico Beligoy, emita un comunicado aclarando la posición oficial respecto al uso de tecnología no autorizada. La tensión se traslada ahora a la próxima fecha, donde la lupa estará puesta no solo en los jugadores, sino fundamentalmente en el desempeño de los jueces en partidos de alta sensibilidad. El futuro inmediato de Nicolás Lamolina en las designaciones oficiales es incierto, y su caso servirá como testigo para las reformas que el fútbol argentino demanda en sus categorías de plata.