El PRO inició una reestructuración de su agenda parlamentaria tras la designación de Diego Santilli como Jefe de Gabinete y la salida de Manuel Adorni, con el objetivo de unificar criterios legislativos entre sus bloques de Diputados y el Senado.
El impacto de este movimiento en el organigrama nacional busca, según fuentes de la Casa Rosada, optimizar la coordinación política con el partido liderado por Mauricio Macri. El jefe de la bancada amarilla en la Cámara de Diputados, Cristian Ritondo, mantuvo un encuentro clave con su par del Senado, Martín Goerling Lara, para coordinar los próximos pasos legislativos. La prioridad inmediata del espacio es avanzar con el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, una iniciativa que consideran fundamental para recuperar la iniciativa política tras las tensiones internas que generó el reciente tratamiento parlamentario de diversas reformas impulsadas por el Ejecutivo nacional. Los operadores del mercado y analistas políticos coinciden en que la figura de Santilli actúa como un nexo necesario para evitar nuevos cortocircuitos en el Congreso, donde La Libertad Avanza carece de mayorías propias para sancionar leyes estructurales sin el apoyo del macrismo.
La llegada de Santilli al gabinete fue recibida con optimismo por los intendentes del PRO y por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Adrián Ravier, el flamante vocero presidencial, destacó en su primera conferencia de prensa que ambos liderazgos están en sintonía política, subrayando que el PRO es un aliado estratégico indispensable para la gobernabilidad. Durante la reciente celebración del Día de la Independencia en la Embajada de Estados Unidos, Santilli mostró una integración total con el círculo íntimo del presidente Javier Milei, incluyendo a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Sin embargo, esta cercanía convive con una interna partidaria que dejó secuelas, como la renuncia de Esteban Bullrich al partido, motivada por lo que algunos sectores calificaron como una comunicación deficiente de la estrategia legislativa, especialmente tras la decisión de no dar quorum en sesiones clave de la Cámara Baja.
En el plano territorial, Santilli mantiene sus aspiraciones para la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 2027. Dirigentes bonaerenses del espacio indicaron que su nuevo rol ejecutivo, lejos de desgastarlo, lo posiciona como un gestor con capacidad de diálogo, sumando experiencia a su trayectoria previa como ministro del Interior y diputado nacional. Por otro lado, la relación entre la Nación y la Ciudad de Buenos Aires parece haber entrado en una fase de distensión. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y el presidente Milei coincidieron recientemente en el Palacio Bosch, donde se habrían sentado las bases para garantizar el flujo de fondos de coparticipación que la administración porteña reclama para equilibrar sus cuentas públicas. Esta estabilidad financiera es vital para el distrito capitalino, que depende de la regularización de la deuda nacional para sostener su plan de obras y servicios.
Contexto
La relación entre Mauricio Macri y Javier Milei ha atravesado momentos de alta volatilidad en las últimas semanas. El expresidente se encuentra actualmente en Miami, Estados Unidos, para asistir al encuentro de la selección argentina frente a Cabo Verde en el marco del Mundial de Fútbol, tras haber participado en una producción especial para el canal de streaming Olga. Mientras Macri busca mantener su influencia sobre el electorado joven, el presidente Milei ha lanzado críticas directas hacia su gestión económica. En declaraciones recientes, el mandatario libertario afirmó que el gobierno de Cambiemos estafó a los argentinos al defaultear la deuda en pesos, una acusación que generó un fuerte malestar en las filas del PRO. Esta tensión dialéctica ocurre en un momento donde el oficialismo necesita consolidar su base de apoyo para las elecciones legislativas de medio término en 2025.
Ante las críticas presidenciales, referentes económicos del PRO como Hernán Lacunza salieron a defender la gestión 2015-2019. Lacunza explicó que el denominado reperfilamiento de la deuda fue una medida de emergencia ante la crisis de confianza generada por el proceso electoral de aquel entonces. Según el exministro, la pérdida de crédito voluntario tras las elecciones primarias de agosto de 2019 obligó a tomar decisiones drásticas para evitar una catástrofe mayor. Desde el entorno de Macri sostienen que el actual gobierno debería enfocarse en los indicadores presentes, como el estancamiento del empleo privado y la pérdida del poder adquisitivo de las jubilaciones, en lugar de recurrir a revisionismos históricos que tensan la alianza legislativa necesaria para aprobar las reformas pendientes en el Congreso.
Impacto
El reordenamiento del PRO bajo la tutela operativa de Santilli en el gabinete nacional tiene consecuencias directas en la dinámica del poder en Argentina. En primer lugar, garantiza al Poder Ejecutivo un interlocutor con experiencia en la negociación política, algo que Manuel Adorni, desde su rol anterior, no lograba articular con la misma fluidez. Para el PRO, esto significa recuperar espacios de decisión y asegurar que sus proyectos, como la defensa de la propiedad privada, tengan un lugar en la agenda oficial. No obstante, el costo interno ha sido alto: la salida de figuras históricas y el descontento de las bases por la falta de una identidad clara frente a los ataques de Milei representan un desafío para la conducción de Mauricio Macri, quien deberá revalidar su liderazgo en una gira nacional que incluirá provincias clave como Córdoba.
Para el ciudadano y los mercados, la consolidación de esta alianza técnica en el gabinete ofrece una señal de previsibilidad. La coordinación entre Santilli y los bloques legislativos de Ritondo y Goerling Lara reduce la incertidumbre sobre la aprobación de leyes económicas críticas. Sin embargo, la tensión persiste en la cúpula. Dirigentes históricos del partido advierten que Milei utiliza la confrontación con Macri para sostener su propio relato político, mientras el PRO le aporta los cuadros técnicos y la estructura parlamentaria que el oficialismo no posee. El impacto final se medirá en la capacidad del gobierno para transformar esta sintonía política en resultados económicos concretos, especialmente en lo que respecta a la inflación y la reactivación del consumo, temas que la oposición peronista, liderada por figuras como Martín Llaryora, observa con atención desde el interior del país.
El próximo paso de esta reconfiguración política se dará una vez finalizado el Mundial de Fútbol, cuando Mauricio Macri regrese al país para iniciar una serie de reuniones con gobernadores aliados y opositores. La mirada está puesta en 2027, pero la urgencia de 2025 obliga a ambos espacios a mantener una convivencia pragmática. La capacidad de Santilli para gestionar las demandas de los intendentes bonaerenses y las necesidades fiscales de la Ciudad de Buenos Aires será el termómetro que determine si esta nueva etapa de la alianza libertaria-macrista logra estabilizarse o si las diferencias personales entre los líderes terminarán por fracturar el bloque legislativo en el corto plazo.