MUNDIAL 2026

El método Scaloni: las claves del liderazgo para gestionar figuras

Lionel Scaloni consolidó un modelo de conducción basado en la cercanía emocional y la disciplina técnica, permitiendo decisiones tácticas de alto impacto sin alterar la cohesión interna del plantel de la Selección Argentina.

Redacción El Capitán 18 de julio de 2026 7 min de lectura
El método Scaloni: las claves del liderazgo para gestionar figuras
Foto: La Nación

Lionel Scaloni decidió la suplencia de Rodrigo De Paul el pasado miércoles en la previa de la semifinal ante Inglaterra, priorizando el planteo táctico sobre la jerarquía de uno de los futbolistas con mayor rodaje en su ciclo.

La determinación del entrenador nacional, lejos de generar un conflicto interno en el vestuario, fue asimilada por el grupo como una variable estratégica necesaria para alcanzar la final del certamen. Según explicaron fuentes cercanas al cuerpo técnico en el predio de Ezeiza, la gestión de los egos dentro de un plantel plagado de estrellas internacionales se apoya en una comunicación directa que evita las interpretaciones de castigo o traición. De Paul, quien ingresó en el minuto 72 en reemplazo de Giuliano Simeone, resultó determinante para la circulación del balón en la remontada histórica que finalizó con una victoria por 2 a 1. El propio Scaloni admitió en conferencia de prensa el costo personal de la decisión, reconociendo una identificación profunda con el volante: “Cómo no me va a doler dejar a Rodrigo en el banco. Es un chico que nos dio un montón; me siento identificado. Yo era un poco él adentro de la cancha”, señaló el técnico, subrayando que la medida respondió estrictamente a lo que el partido demandaba en términos de control y dinámica.

Este estilo de conducción fue analizado por Fabián Jalife, psicólogo social y sociólogo, quien a través de una investigación documental identificó una combinación poco frecuente entre la afectividad y la exigencia profesional. De acuerdo con el especialista, el liderazgo de Scaloni rompe con los moldes tradicionales del fútbol argentino, donde la autoridad solía construirse desde la distancia o la confrontación. En este esquema, los futbolistas perciben una cercanía humana que permite aceptar roles secundarios de manera temporal sin que esto afecte su estatus dentro del grupo. El caso de Leandro Paredes es un antecedente fundamental en esta lógica: tras perder la titularidad en el Mundial de Qatar, el mediocampista fue uno de los primeros en buscar al entrenador para agradecerle tras la consagración. Esta dinámica se repitió recientemente en los cuartos de final contra Suiza, donde se observó a Paredes y Scaloni debatiendo tácticas durante una pausa de hidratación, evidenciando una horizontalidad controlada donde el jugador aporta su visión directa del campo para ajustar el sistema defensivo ante los ataques rivales.

La metodología de trabajo del cuerpo técnico nacional se fundamenta en la escucha activa y en la desmitificación de las figuras individuales en favor del funcionamiento colectivo. Según indicaron analistas del entorno de la AFA, el gran desafío del ciclo fue la integración de Lionel Messi bajo una nueva perspectiva: bajarlo del pedestal simbólico para reintegrarlo como un compañero más, sin que esto significara restarle importancia futbolística. Este proceso permitió que el resto de los convocados no sintiera un techo en su crecimiento personal, fomentando un ambiente de competencia interna saludable. Scaloni sostiene que la interacción con los jugadores es una norma constante, tanto en el campo como en la intimidad del vestuario, bajo la premisa de que el futbolista es quien enfrenta las dificultades reales del juego. Al presentarse como un aprendiz permanente y no como un poseedor de verdades absolutas, el entrenador logra que sus dirigidos se sientan partícipes de la toma de decisiones, lo que reduce la resistencia ante cambios de esquema o rotaciones imprevistas en instancias decisivas.

Contexto

El surgimiento del denominado “Método Scaloni” se produce en un momento de transición generacional para el fútbol argentino, tras años de inestabilidad en la conducción técnica y crisis de resultados. Históricamente, el liderazgo en la Selección estuvo marcado por figuras de alta confrontación o perfiles extremadamente rígidos, como los de César Luis Menotti, Carlos Bilardo o Alfio Basile, quienes basaban su autoridad en una imagen de masculinidad tradicional y épica. Scaloni, quien asumió inicialmente de forma interina tras el Mundial de Rusia 2018, introdujo una sensibilidad distinta, permitiéndose mostrar emociones y vulnerabilidad frente a sus jugadores. Este cambio de paradigma cultural dentro del predio de Ezeiza facilitó la construcción de vínculos basados en la confianza mutua más que en el temor jerárquico. La serie documental de tres episodios disponible en la plataforma Flow reconstruye estos hitos, mostrando cómo la vulnerabilidad del líder, lejos de ser una debilidad, se convirtió en la herramienta principal para cohesionar a un grupo que venía de sucesivas frustraciones deportivas.

La evolución del ciclo muestra que las decisiones tácticas no son aisladas, sino que forman parte de una planificación a largo plazo que incluye el seguimiento detallado del rendimiento físico y psicológico de cada integrante. La inclusión de figuras jóvenes y la rotación de los históricos han sido constantes desde la Copa América 2021, estableciendo un precedente donde nadie tiene el puesto asegurado por nombre propio. Esta política de gestión de recursos humanos ha permitido que la Selección Argentina mantenga un nivel de competitividad alto, independientemente de los nombres que salgan a la cancha. La transparencia en los motivos de cada cambio, explicada siempre desde la necesidad del equipo y no desde el error individual, ha sido el factor determinante para que el plantel mantenga una armonía inédita en la historia reciente del seleccionado nacional, evitando las filtraciones de conflictos o las internas que solían desgastar los procesos anteriores antes de las grandes citas internacionales.

Impacto

La efectividad de este modelo de liderazgo trasciende lo estrictamente deportivo y se posiciona como un caso de estudio en la gestión de equipos de alto rendimiento. Al lograr que estrellas consagradas en las ligas más competitivas de Europa acepten roles de suplencia en partidos de eliminación directa, Scaloni establece un estándar de profesionalismo que impacta directamente en la cultura del fútbol local. Para los clubes y formadores, este enfoque sugiere que la inteligencia emocional es tan relevante como la capacidad estratégica al momento de conducir grupos con altos niveles de exposición y presión mediática. El impacto concreto se observa en la resiliencia del equipo: la capacidad de revertir resultados adversos, como ocurrió frente a Inglaterra, depende en gran medida de la confianza que los jugadores tienen en las directivas del banco de suplentes. Si el vínculo entre el técnico y el jugador está roto, las instrucciones tácticas pierden peso en los momentos de crisis extrema dentro del campo de juego.

Asimismo, la reubicación de roles dentro del plantel asegura una vigencia prolongada del ciclo, permitiendo una transición suave entre los referentes veteranos y las nuevas promesas. El hecho de que jugadores como Paredes o De Paul acepten su realidad actual sin resentimientos garantiza que el ambiente de trabajo siga siendo óptimo para la incorporación de nuevos talentos. Según operadores del mercado deportivo, esta estabilidad interna también incrementa el valor de marca de la Selección Argentina, atrayendo patrocinadores y fortaleciendo la imagen institucional de la AFA a nivel global. La humildad como eje de conducción, sumada a la capacidad de admitir errores y debatir soluciones con los subordinados, redefine lo que se espera de un líder en el siglo XXI, alejándose del autoritarismo para abrazar una autoridad construida desde el respeto mutuo y el conocimiento técnico compartido.

Hacia adelante, el desafío del cuerpo técnico será mantener esta dinámica de grupo ante el inminente recambio generacional que enfrentará el equipo en los próximos años. La final del torneo se presenta no solo como una oportunidad de sumar un nuevo título, sino como la prueba definitiva de que el sistema de rotación y la gestión de egos pueden sostenerse bajo la máxima presión posible. Con el respaldo de los resultados y la lealtad incondicional de sus dirigidos, Scaloni se encamina a consolidar un legado que prioriza el bienestar del grupo por sobre las individualidades, estableciendo un método que probablemente sea replicado en otros ámbitos de la conducción organizacional en Argentina. La tensión pendiente radica en cómo reaccionará el esquema ante una eventual derrota crítica, aunque hasta el momento, la estructura emocional del plantel parece estar diseñada para absorber los impactos sin desmoronarse.

Fuente: La Nación

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias