DEPORTES

El impacto del viejismo en el fútbol: el debate sobre la edad de Messi

El rendimiento no es un número en el DNI. La discusión sobre la edad en la élite, con Messi en el centro, expone sesgos y evidencia histórica: carreras extendidas, evolución del juego y estereotipos que aún condicionan el análisis deportivo y social.

Redacción El Capitán 20 de julio de 2026 6 min de lectura
El impacto del viejismo en el fútbol: el debate sobre la edad de Messi
Foto: Infobae
El Pulso editorial

Por qué importa

El fútbol marca agenda cultural: lo que se naturaliza en la cancha se replica en el trabajo y la vida cotidiana. Desarmar el viejismo permite evaluar con métricas y contexto, no con prejuicios, y abre espacio a trayectorias deportivas más largas y justas.

Lionel Messi encabeza el debate global sobre el rendimiento deportivo y la edad cronológica en el fútbol profesional, mientras analistas y organismos de derechos humanos denuncian la persistencia del viejismo como una barrera prejuiciosa en la alta competencia.

La discusión sobre la longevidad en el deporte de élite ha dejado de ser una cuestión meramente biológica para transformarse en un fenómeno sociológico. Según fuentes de la Secretaría de Bienestar Integral y diversos observatorios de derechos de las personas mayores, el fútbol opera como un amplificador de la denominada “violencia simbólica”. Este concepto se manifiesta cuando se reduce la capacidad de un atleta, como en el caso del capitán argentino, a un simple número en su documento de identidad. Los especialistas señalan que la narrativa mediática suele instalar la idea de un declive temporal inexorable, ignorando que el rendimiento es una construcción compleja donde intervienen la disciplina, la inteligencia táctica y la capacidad de adaptación. En este sentido, operadores del mercado deportivo coinciden en que la mirada social genera una desigualdad sobreviniente: un trato diferenciado que no surge de la merma física real, sino de un estereotipo que anticipa el retiro sin pruebas empíricas que lo sustenten.

El análisis técnico del juego de Messi revela que su vigencia no es un desafío a las leyes naturales, sino una evolución de su repertorio. De acuerdo con informes de consultoras de rendimiento deportivo, el futbolista ha logrado compensar la pérdida de explosión física con una lectura de juego superior y una sensibilidad táctica que no se mide en años. Sin embargo, la insistencia en preguntarse si podrá rendir a su edad funciona como un veredicto biológico que no admite matices. Desde el ámbito académico se utiliza el concepto de “injusticia epistémica”, desarrollado por la filósofa Miranda Fricker, para explicar cómo los prejuicios distorsionan la capacidad de conocer la realidad. En el fútbol, esto se traduce en una incapacidad de los analistas para reconocer la experiencia y la inteligencia situacional como activos tangibles, prefiriendo recaer en el estigma de la vejez como sinónimo de inutilidad o pérdida de relevancia competitiva.

La evidencia histórica en el fútbol profesional contradice sistemáticamente la premisa de que la juventud es el único territorio legítimo para el éxito. El caso de Kazuyoshi Miura, quien continúa en actividad profesional a los 59 años, es el ejemplo más extremo de una tendencia que incluye a figuras de renombre mundial. Gianluigi Buffon mantuvo su nivel en el arco hasta los 45 años, mientras que el sueco Zlatan Ibrahimovic compitió en la Serie A de Italia hasta los 41. Otros nombres propios que sostuvieron trayectorias de élite hasta los 40 años incluyen a Ryan Giggs en el Manchester United y Javier Zanetti en el Inter de Milán. Incluso en competencias de máxima exigencia como la Copa del Mundo, Roger Milla logró anotar un gol a los 42 años. Estos datos, recopilados por departamentos de estadística deportiva, demuestran que el cuerpo no es un reloj de arena que se vacía de forma uniforme, sino un territorio moldeado por la historia clínica, el entrenamiento y la motivación personal.

Contexto

El surgimiento de este debate se produce en un escenario de transformación demográfica global sin precedentes. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, las sociedades actuales son cada vez más longevas, con una expectativa de vida que se ha extendido significativamente en las últimas décadas. Este cambio estructural ha diversificado las trayectorias vitales, permitiendo que las personas permanezcan activas y plenamente capaces durante mucho más tiempo que en el siglo XX. En el ámbito del fútbol argentino y mundial, esta realidad choca con imaginarios sociales anacrónicos que asocian los 35 años con el fin de la vida útil. El contexto actual exige una revisión de los criterios de evaluación, ya que persistir en lecturas viejistas no solo desconoce la evolución de la medicina deportiva y la nutrición, sino que reproduce prejuicios que afectan a poblaciones que envejecen de manera diversa y productiva.

Históricamente, el deporte ha sido un espacio donde el cuerpo joven es sacralizado, dejando poco margen para la valoración de la madurez. No obstante, la profesionalización extrema de los últimos 15 años ha permitido que los futbolistas extiendan sus carreras mediante regímenes de entrenamiento personalizados y tecnologías de recuperación que antes no existían. Este avance técnico ha dejado en evidencia que el límite de la edad es, en gran medida, una construcción cultural. Fuentes del Ministerio de Salud indican que la percepción de la vejez en Argentina sigue anclada en modelos de pasividad, lo que genera una tensión constante cuando figuras de la talla de Messi demuestran una vigencia que rompe con esos moldes preestablecidos. La narrativa del “todavía puede” es el síntoma de una sociedad que se niega a aceptar que la capacidad no tiene una fecha de vencimiento fija.

Impacto

La persistencia del viejismo en el fútbol tiene consecuencias que trascienden el campo de juego y afectan directamente la integración social de las personas mayores. Al ser el fútbol un amplificador cultural masivo, los discursos que allí se naturalizan terminan replicándose en ámbitos laborales, educativos y comunitarios. Si la opinión pública acepta que un deportista es “viejo” y por ende menos valioso a los 37 años, se refuerza la discriminación etaria en el mercado de trabajo, donde la exclusión suele comenzar a edades similares. Combatir estos estereotipos en el deporte es, por lo tanto, una herramienta de justicia social. La visibilización de trayectorias longevas exitosas contribuye a desmontar el imaginario de la vejez como una etapa de declive, promoviendo una mirada más realista y justa sobre el curso vital humano.

Desde el punto de vista institucional, los clubes y federaciones comienzan a notar que la diversidad etaria enriquece a los planteles. La presencia de jugadores experimentados no solo aporta estabilidad emocional en momentos de presión, sino que funciona como un mecanismo de transmisión de conocimientos hacia las nuevas generaciones. El impacto de cambiar esta narrativa permitiría a las instituciones deportivas optimizar sus recursos, valorando el capital intelectual y táctico de los veteranos en lugar de forzar retiros prematuros basados en prejuicios. Para el ciudadano promedio, ver a sus ídolos competir en niveles altos a edades avanzadas funciona como un incentivo para mantener una vida activa, desafiando los estigmas que históricamente han rodeado al proceso de envejecimiento en la cultura occidental.

El próximo paso en esta evolución cultural será la implementación de un lenguaje deportivo libre de estereotipos, que permita analizar el rendimiento desde una perspectiva técnica y no cronológica. La tensión pendiente reside en cómo los medios de comunicación y las marcas comerciales adaptarán sus discursos para reflejar esta nueva realidad demográfica. Se espera que en los próximos torneos internacionales, la discusión se desplace desde la fecha de nacimiento hacia la eficiencia métrica y el aporte estratégico, consolidando un cambio de paradigma que reconozca que el talento, en su máxima expresión, no tiene edad.

Fuente: Infobae

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Contexto

El envejecimiento poblacional y los avances en medicina y entrenamiento alteraron la idea de que a los 35-37 años un futbolista “se termina”. Sin embargo, persiste un relato que reduce la discusión a la fecha de nacimiento, aun cuando la evidencia muestra desempeños sólidos en edades mayores.

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Información publicada por Infobae.

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