El Canal de Panamá registró un incremento del 11% en su tránsito marítimo desde el inicio del conflicto en Irán el pasado 28 de febrero, consolidándose como la principal alternativa global ante el cierre del estratégico estrecho de Ormuz.
La inestabilidad geopolítica en el Golfo Pérsico transformó la logística del combustible a nivel mundial, forzando a las compañías navieras a buscar rutas que garanticen la seguridad de su carga. Según datos proporcionados por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), en las jornadas de mayor demanda el flujo de embarcaciones llegó a experimentar picos de hasta el 20% por encima de los promedios habituales. Este fenómeno no solo responde a una necesidad de seguridad, sino a una reconfiguración del mercado energético donde los buques que transportan Gas Natural Licuado (GNL) y petróleo comenzaron a desplazar a los portacontenedores y graneleros. Eduardo Lugo, presidente y director ejecutivo de la consultora Maritime & Logistics Consulting Group, explicó que la inseguridad en Ormuz obligó a las empresas a priorizar la previsibilidad del cruce panameño por sobre los costos logísticos tradicionales.
El incremento en la demanda tuvo un correlato directo en la recaudación de la vía interoceánica a través de un sistema de subastas de cupos. Las empresas que no cuentan con una reserva previa y necesitan transitar con urgencia para cumplir con sus contratos de entrega deben pujar en subastas donde los precios se han llegado a duplicar. Un caso testigo reportado por las autoridades del canal involucró a un buque gasero que abonó la cifra récord de US$ 4 millones por un solo tránsito. Víctor Vial, director financiero de la ACP, indicó que los recursos adicionales obtenidos mediante este mecanismo de subastas sugieren que el crecimiento de los ingresos totales para el presente ejercicio se ubicará entre el 10% y el 15%. No obstante, el funcionario mantuvo una postura de cautela al señalar que, debido a la volatilidad del escenario internacional, la administración aún no ha modificado formalmente sus proyecciones presupuestarias anuales.
La dinámica del mercado energético también muestra un cambio en el origen de los suministros que atraviesan las esclusas panameñas. Marc Gilbert, líder global del Centro de Geopolítica de Boston Consulting Group (BCG), señaló que el petróleo proveniente de los Estados Unidos está supliendo actualmente los volúmenes que las refinerías asiáticas importaban anteriormente desde el Golfo. Esta triangulación logística llevó a que los cargamentos de crudo estadounidense que transitan por Panamá alcancen su nivel más alto en los últimos cuatro años. Aunque esta ruta implica viajes más largos hacia Asia y peajes de tránsito más elevados en comparación con el paso por Medio Oriente, la parálisis de Ormuz dejó al sistema global sin opciones inmediatas, obligando a una adaptación forzosa de toda la cadena de suministros.
Contexto
Para comprender la magnitud de este fenómeno, es necesario recordar que el Canal de Panamá, una infraestructura de 80 kilómetros que une el Atlántico con el Pacífico, es responsable del 3% del comercio marítimo mundial. Históricamente, la vía ha enfrentado desafíos operativos ligados a factores climáticos. Durante el año 2023, el país centroamericano sufrió una sequía sin precedentes que redujo drásticamente los niveles de los lagos Gatún y Alajuela, limitando el calado de los buques y el número de tránsitos diarios permitidos. Esta crisis hídrica había puesto en duda la fiabilidad del canal como ruta crítica en momentos de alta demanda global.
Sin embargo, el inicio de la guerra en Irán coincidió con una recuperación en el régimen de lluvias en la cuenca del canal, lo que permitió a la ACP aumentar la disponibilidad de cupos justo cuando la crisis en el estrecho de Ormuz —el paso de combustible más importante del planeta— comenzó a desviar el tráfico internacional. A diferencia del año pasado, las condiciones climáticas actuales juegan a favor de Panamá, permitiendo que la infraestructura opere a plena capacidad para absorber el excedente de buques que huyen de la zona de conflicto. Esta convergencia entre la necesidad geopolítica y la disponibilidad operativa ha posicionado al canal como un refugio logístico inesperado en medio de la crisis energética global.
Impacto
El impacto económico para Panamá es directo y masivo debido al marco constitucional que rige a la vía. La ley fundamental panameña establece que el canal debe transferir anualmente al Tesoro Nacional la totalidad de sus excedentes económicos una vez cubiertos los costos de operación y mantenimiento. En el año fiscal 2025, el canal generó ingresos brutos por US$ 5.700 millones, de los cuales aproximadamente US$ 3.000 millones ingresaron directamente a las arcas del Estado. Este aporte representa el 3,4% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, una cifra que no contempla los beneficios indirectos generados por la Zona Libre de Colón, los puertos y el sistema ferroviario transístmico.
La inyección de recursos extraordinarios provenientes de las subastas de cupos y el aumento del tonelaje transitado representan un alivio fiscal para el gobierno panameño, que no tenía contemplado este superávit en sus planes originales. Además del beneficio financiero, la situación actual refuerza la relevancia estratégica de Panamá en la geopolítica del transporte. Las empresas navieras están siendo forzadas a revisar su capacidad de almacenamiento y a incorporar tecnologías de seguimiento de datos en tiempo real, lo que acelera la modernización de la industria logística local. La crisis en Medio Oriente, paradójicamente, ha terminado por fortalecer el engranaje económico de la nación centroamericana, transformando una disrupción global en una oportunidad de crecimiento interno.
Hacia adelante, la sostenibilidad de estos ingresos extraordinarios dependerá exclusivamente de la duración del conflicto en Irán y de la capacidad de las refinerías asiáticas para mantener sus niveles de compra de crudo estadounidense. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca bloqueado o bajo amenaza constante, el Canal de Panamá seguirá operando como el termómetro de la urgencia energética mundial. La administración de la vía monitorea ahora si este flujo de buques gaseros se convertirá en una tendencia estructural o si se trata de un fenómeno transitorio que obligará a un nuevo reajuste de tarifas cuando la normalidad retorne a las rutas del Golfo.