Dominique Faena, figura del canal de streaming Luzu TV, expuso públicamente las dificultades que atraviesa debido a su diagnóstico de ansiedad generalizada y depresión, mientras equilibra su alta exposición mediática con una labor social de acompañamiento en hogares convivenciales.
La creadora de contenido, que consolidó su popularidad en plataformas como TikTok antes de dar el salto a la programación diaria de streaming, reconoció que la dinámica de la improvisación constante frente a cámara representa un desafío diario para su salud mental. Según indicaron especialistas en psicología consultados sobre este tipo de perfiles, la presión por el rendimiento en vivo y la interacción inmediata con las audiencias digitales suelen exacerbar cuadros de sobrepensamiento y ansiedad. Faena admitió que, a pesar de proyectar una imagen de seguridad y humor, suele experimentar episodios de parálisis o arrepentimiento tras sus intervenciones al aire. “Siempre me voy a arrepentir de lo que hago y de lo que no hago porque mi cabeza funciona así”, señaló la comunicadora, subrayando que la necesidad de control choca frontalmente con la naturaleza espontánea de su trabajo actual.
El entorno digital también juega un rol determinante en su estabilidad emocional. Faena describió una relación de dependencia con las redes sociales, particularmente con Twitter (ahora X), plataforma que utiliza para monitorear la opinión pública sobre su desempeño, a pesar del impacto negativo que esto conlleva. La conductora reveló que enfrenta ataques constantes, muchos de ellos con tintes antisemitas, lo que la obliga a refugiarse en círculos de contención más cerrados, como su canal de difusión de WhatsApp que cuenta con 15.000 seguidores fieles. Esta dualidad entre la necesidad de estar informada y el daño que le provoca el hostigamiento online es una de las tensiones que trabaja actualmente en su espacio terapéutico, buscando diferenciar su identidad real del personaje que interpreta en los medios.
Contexto
La problemática de la salud mental en figuras jóvenes de los medios digitales no es un fenómeno aislado, pero el caso de Faena cobra relevancia por la especificidad de su diagnóstico. A los 15 años inició su primer tratamiento psicoterapéutico, aunque fue durante la pandemia de COVID-19 cuando recibió un diagnóstico formal de trastorno de ansiedad generalizada y depresión. Según registros clínicos y antecedentes familiares mencionados por la propia protagonista, existe un componente genético significativo en su cuadro. Su padre sufrió ataques de pánico desde los 20 años, manifestando síntomas idénticos a los que ella experimenta hoy, como la sensación de aislamiento extremo en espacios públicos. Esta herencia biológica y conductual fue el motor para que su núcleo familiar buscara herramientas en la filosofía y la terapia para mitigar el traspaso generacional del trastorno.
Por otro lado, su carrera profesional estuvo marcada por el vínculo con Fermín Bo, conocido como Ferbo, con quien mantuvo una relación sentimental que se disolvió bajo la presión del ojo público. La dificultad de gestionar un noviazgo frente a miles de espectadores, sumado a la edición constante de videos por parte de los seguidores (fandoms), generó una distorsión entre la realidad de la pareja y la imagen idealizada que se consumía en redes. Actualmente, ambos mantienen una relación laboral diaria en Luzu TV, lo que añade una capa de complejidad a su rutina, ya que deben gestionar la confianza mutua sin cruzar los límites de una amistad que, según Faena, hoy resulta imposible de sostener debido a los remanentes afectivos de la ruptura.
Impacto
El testimonio de Faena impacta directamente en la percepción de los privilegios y la salud mental en los sectores socioeconómicos altos de Argentina. Al reconocer que, a pesar de haber crecido en un entorno de estabilidad económica y afectiva, el vacío emocional y el dolor físico fueron inevitables, la comunicadora desmitifica la idea de que el bienestar material garantiza la salud psíquica. Este mensaje resuena en una audiencia joven que atraviesa problemáticas similares y que encuentra en su honestidad un punto de validación. De acuerdo con fuentes del sector de salud mental, la visibilización de estos cuadros por parte de referentes mediáticos ayuda a reducir el estigma y fomenta la consulta profesional temprana en adolescentes y adultos jóvenes.
Asimismo, su labor fuera de las cámaras revela una faceta de compromiso social poco difundida. Desde 2018, Faena acompaña a dos hermanos que residen en un hogar convivencial especializado en casos de violencia familiar. Debido a que se trata de procesos judicializados, la identidad de los menores y la ubicación de la institución se mantienen bajo estricta reserva. Esta actividad, que surgió tras un test vocacional que la orientó hacia el trabajo social, se convirtió en su principal refugio emocional. La conductora describió estos encuentros de fin de semana como una instancia de sanación personal, donde los rituales cotidianos de meriendas y dibujos funcionan como un contrapeso necesario frente a la vacuidad y el ruido permanente de la fama digital.
El futuro de Dominique Faena parece estar orientado a una búsqueda de equilibrio entre su carrera en ascenso y su bienestar personal. Entre sus proyectos pendientes se encuentra la realización de un curso de formación para bomberos, un deseo que mantiene desde la infancia, y la proyección de formar una familia numerosa, un tema que ya ocupa un lugar central en sus reflexiones actuales. Mientras tanto, la tensión entre la adicción a las redes y la necesidad de desconexión sigue siendo el eje de su tratamiento. El próximo paso clave en su evolución profesional será determinar si la estructura del streaming permite los tiempos de pausa que su diagnóstico requiere o si la exposición terminará forzando un retiro temporal de las pantallas para preservar su integridad emocional.