SOCIEDAD

Dilemas de la madurez: el impacto del hambre emocional en la pareja

Un profesional de 65 años analiza la crisis de su matrimonio de cuatro décadas frente a una relación paralela de 15 años, exponiendo la carencia de afecto como el principal motor del conflicto.

Redacción El Capitán 28 de junio de 2026 4 min de lectura
Dilemas de la madurez: el impacto del hambre emocional en la pareja
Foto: Infobae

Un contador de 65 años reveló la crisis estructural de su matrimonio de cuatro décadas tras mantener una relación paralela durante 15 años con Carina, una exclienta de 54 años, exponiendo el impacto del aislamiento emocional en la vejez.

El caso, analizado por especialistas en vínculos, describe una trayectoria de vida marcada por la privación. El protagonista, cuya identidad se mantiene bajo reserva, relató cómo la construcción de su estabilidad económica junto a su esposa, con quien inició su relación a los 18 años, derivó en un “desierto emocional”. Según fuentes del ámbito de la psicología vincular, este fenómeno es recurrente en parejas que priorizaron la supervivencia financiera y la crianza por sobre la nutrición afectiva. El hombre detalló que, durante diez años, su vida sexual fue inexistente, limitándose a la autosatisfacción diaria ante el agotamiento crónico de su cónyuge, quien también trabajaba en el estudio contable familiar mientras criaba a sus dos hijos.

La irrupción de Carina ocurrió cuando ella tenía 39 años y él 50, en el marco de un proceso de divorcio complejo donde el contador ejercía como asesor legal y contable. Lo que comenzó como un acompañamiento profesional ante un exmarido conflictivo, mutó en un vínculo de 15 años. “Creí que buscaba sexo, cuando lo que necesitaba en realidad era otra cosa”, admitió el protagonista, diferenciando su situación de la de otros hombres que recurren a servicios sexuales para evitar el compromiso emocional. En este caso, la relación con Carina se transformó en el único espacio de validación y ternura, contrastando con un hogar donde, a pesar de los nietos y los logros materiales, impera la frialdad.

Contexto

Para comprender esta situación es necesario remontarse a la historia de la pareja original. Ambos provenían de familias humildes y compartieron jornadas laborales de 12 horas mientras cursaban sus estudios universitarios. La decisión de tener hijos se postergó hasta los 30 años por temor a la inestabilidad económica. Este esquema de “supervivencia y empuje” se mantuvo hasta los 40 años, edad en la que el hombre tuvo su primera aventura con una mujer del ámbito de Tribunales. Según operadores del sector salud mental, este tipo de conductas suelen emerger cuando la presión por el progreso material cede y aparecen las preguntas sobre la satisfacción personal y el tiempo restante de vida.

El vínculo con Carina atravesó distintas etapas. Durante los primeros 12 años, la relación fluyó como un espacio de distensión. Sin embargo, en los últimos tres años, el conflicto se agudizó. La vulnerabilidad de Carina, quien carece de una red de contención fuera de esas horas compartidas, y la negativa del hombre a pasar siquiera una noche fuera de su casa por temor a un desborde emocional, generaron una tensión insostenible. A los 65 años, el protagonista se encuentra en una encrucijada ética y existencial: mantener la estructura familiar intacta para evitar el dolor de sus hijos y nietos, o apostar por el afecto en el tramo final de su vida activa.

Impacto

Este escenario plantea un debate profundo sobre la función de la fidelidad y la responsabilidad compartida en el deterioro matrimonial. Según analistas de conducta, la situación afecta no solo a los involucrados directos, sino que redefine el concepto de “éxito” familiar. El impacto concreto se observa en la parálisis de decisión del protagonista, quien teme que un divorcio a esta edad resulte en un aislamiento total durante una eventual enfermedad o en la hostilidad de su círculo íntimo en fechas festivas. La falta de calidez se presenta aquí no como un problema secundario, sino como una carencia tan asfixiante como la falta de aire, según la descripción del propio afectado.

La mirada de terceros también juega un rol determinante. Mientras algunos amigos sugieren un diálogo honesto con la esposa, otros plantean que ella, al elegir no ver las señales evidentes durante 15 años, es corresponsable de la dinámica de negación. Este “pacto de silencio” no escrito es lo que permite que muchas estructuras familiares se mantengan en pie, aunque vacías de contenido afectivo. El dilema del contador refleja una realidad estadística en aumento: el incremento de las separaciones en adultos mayores de 60 años, fenómeno conocido como “divorcio gris”, impulsado por la búsqueda de una calidad de vida emocional que las décadas de sacrificio laboral omitieron.

El protagonista sostiene que no existe una salida exenta de sufrimiento. La posibilidad de hablar con su esposa parece estéril ante la convicción de que ella no puede modificar su naturaleza poco afectiva a esta altura de la vida. La tensión entre la lealtad a lo construido y la necesidad de autorrealización emocional permanece abierta. Por el momento, el hombre ha optado por no forzar una decisión drástica, aceptando la contradicción como parte constitutiva de su presente, mientras el tiempo para una resolución definitiva se agota frente a la inminencia de la vejez avanzada.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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