Un adolescente de 17 años fue detenido este jueves en Rosario tras una serie de allanamientos vinculados al asesinato del policía federal Rodolfo Manfredi, ocurrido el pasado 11 de junio durante un enfrentamiento armado en la zona oeste.
El operativo, que culminó con la captura del menor en una vivienda de la calle Eduardo Gómez al 2800, en el barrio Godoy, representa un avance significativo en la desarticulación de la banda liderada por el clan Muñoz. Según informaron fuentes del Departamento de Investigaciones Federales de la Policía Federal, el joven es hijo de Eduardo Muñoz, sindicado como el jefe de la organización que controla la venta de estupefacientes en el sector de Villa Banana. Durante el procedimiento, autorizado por el juez de Garantías Eduardo Rodrígues Da Cruz, los efectivos secuestraron teléfonos celulares y documentación que los fiscales federales Santiago Alberdi, Matías Mené y Matías Scilabra consideran de alto valor probatorio para la causa. El detenido está sospechado de haber integrado el grupo de aproximadamente diez personas que emboscó a los agentes federales mientras realizaban tareas de inteligencia de civil.
La reconstrucción del hecho realizada por el Ministerio Público Fiscal indica que el ataque se produjo cuando Manfredi, de 30 años, y su compañero Emilio V., de 34, ingresaron a un pasillo de la calle Gutenberg, entre 27 de Febrero y Gálvez. En ese punto, con escasa iluminación, fueron detectados por los denominados “satélites” de la organización, quienes alertaron sobre la presencia policial al grito de “cobani, váyanse”. Tras un breve lapso de entre 8 y 11 minutos, los agentes fueron cercados y atacados a balazos. Manfredi falleció en el acto tras recibir tres impactos de bala en la espalda, mientras que Emilio V. resultó gravemente herido con múltiples disparos y permanece internado en proceso de recuperación en el Hospital Italiano de Rosario. Los investigadores señalaron que Jorge y Eduardo Muñoz habrían sido quienes dieron la orden directa de disparar tras increpar a los oficiales al grito de “ustedes no son de acá, toquen a la banda”.
Contexto
El escenario de violencia en Villa Banana no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una reconfiguración de las estructuras criminales tras la caída de antiguos referentes del narcomenudeo en la zona. De acuerdo con los registros judiciales, la banda de los Muñoz es considerada la sucesora de la organización que lideraba Dalmacio “Sapo” Saravia, un histórico delictivo de 57 años que en enero pasado fue condenado a 8 años de prisión por regentear la venta de drogas en Villa Banana y Vía Honda. La detención del adolescente de 17 años se suma a las capturas previas de sus tíos, Luis y Jorge “Morcilla” Muñoz, y de Mario Peralta, un joven de 25 años señalado como “soldadito” de la estructura. Luis Muñoz había sido herido en la zona toracoabdominal durante el mismo tiroteo y fue aprehendido mientras permanecía internado en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA).
La peligrosidad de esta organización motivó que el Ministerio de Seguridad de la Nación ofreciera una recompensa de 20 millones de pesos por datos que permitieran localizar a Eduardo Rodolfo Muñoz, de 37 años, quien se encontraba prófugo desde el día del crimen. Finalmente, Muñoz fue capturado en la tarde de este jueves, pocas horas después del arresto de su hijo. La estructura criminal, según el legajo judicial, cuenta con una jerarquía definida donde el líder ahora detenido contaba con el apoyo de sus hermanos y de al menos tres lugartenientes identificados bajo los apodos de “Diente de lata”, “Mojarra” y “Colombiano”, quienes todavía permanecen con pedido de captura activo por parte de la justicia federal.
Impacto
La captura de los principales referentes del clan Muñoz impacta directamente en la logística de distribución de estupefacientes en el distrito oeste de Rosario, una de las zonas con mayores índices de homicidios de la ciudad. Fuentes de las fuerzas federales indicaron que estos arrestos debilitan la capacidad operativa de una banda que utilizaba la violencia extrema para mantener el control territorial frente a la presencia de fuerzas de seguridad. La muerte de Manfredi, un agente de 30 años en cumplimiento del deber, aceleró los tiempos procesales y generó una presión institucional que derivó en el uso de herramientas de alta tecnología, como intervenciones telefónicas en tiempo real y tareas de vigilancia encubierta, para dar con el paradero de los sospechosos en barrios periféricos como Godoy.
Para los vecinos de Villa Banana, el desmantelamiento parcial de esta estructura representa un alivio momentáneo ante el asedio de los “satélites” que controlan los ingresos a los pasillos, aunque persiste el temor por posibles represalias o el surgimiento de nuevas facciones que intenten ocupar el vacío de poder dejado por los Muñoz. Desde el ámbito judicial, los fiscales Alberdi, Mené y Scilabra buscan ahora consolidar las pruebas para demostrar la coautoría funcional de todos los detenidos en el homicidio agravado del policía federal, un delito que prevé la pena de prisión perpetua. La documentación secuestrada en el último allanamiento podría revelar además las conexiones de la banda con proveedores de mayor escala y otras células criminales que operan en el Gran Rosario.
La investigación se centra ahora en la localización de los tres prófugos restantes, cuya captura se considera clave para cerrar el círculo sobre la totalidad de los participantes en la emboscada. En los próximos días, el adolescente detenido será puesto a disposición de la justicia de menores, mientras que Eduardo Muñoz enfrentará la audiencia imputativa donde se formalizarán los cargos por el asesinato de Manfredi y la tentativa de homicidio de Emilio V. La tensión en la zona oeste permanece elevada ante el despliegue de fuerzas federales que buscan evitar un rebrote de violencia entre bandas antagónicas.