El ministro de Energía de Cuba, Vicente de la O Levy, confirmó que el país agotó totalmente sus reservas de diésel y fueloil, dejando al sistema eléctrico nacional en una situación de vulnerabilidad crítica sin precedentes históricos.
La declaración oficial, realizada ante medios estatales, expone una parálisis casi total de la infraestructura energética de la isla. Según detalló De la O Levy, la disponibilidad actual se limita exclusivamente al gas extraído de pozos locales, cuya producción registró un leve incremento, pero resulta insuficiente para cubrir la demanda básica de la población y la industria. El funcionario fue enfático al repetir que la existencia de fueloil y diésel es nula, lo que impacta directamente en las plantas termoeléctricas que constituyen la columna vertebral del suministro eléctrico cubano. Esta carencia de hidrocarburos derivó en cortes de suministro que, en diversas zonas de La Habana y el interior, se extienden entre 20 y 22 horas por jornada, paralizando la actividad económica y social del país caribeño.
La gravedad del desabastecimiento provocó el miércoles las primeras protestas aisladas en las calles de La Habana, donde los ciudadanos manifestaron su descontento por la falta de luz y la imposibilidad de conservar alimentos o realizar tareas mínimas. En este escenario, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, bajo la gestión de la administración actual, reiteró una oferta de asistencia humanitaria valuada en 100 millones de dólares. No obstante, la propuesta de Washington está condicionada a la implementación de reformas estructurales en el sistema político cubano y a que la distribución de los recursos sea supervisada por la Iglesia católica y organizaciones no gubernamentales calificadas como confiables por la Casa Blanca. El secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que la responsabilidad de aceptar o rechazar esta ayuda vital recae exclusivamente sobre el Palacio de la Revolución.
Contexto
La crisis energética actual se origina en una combinación de factores geopolíticos y el endurecimiento de las sanciones económicas. Históricamente, Cuba dependió del suministro subsidiado de petróleo proveniente de Venezuela y México para mantener operativas sus refinerías y centrales eléctricas. Sin embargo, este flujo se interrumpió de manera abrupta. Venezuela cesó sus exportaciones tras la operación militar estadounidense que depuso a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, mientras que México tomó una decisión similar luego de que el expresidente Donald Trump amenazara con la imposición de aranceles comerciales si continuaba el apoyo logístico a la isla. Estas acciones dejaron a La Habana sin sus dos principales socios energéticos en la región, obligándola a buscar alternativas en mercados distantes y con mayores costos logísticos.
Durante el transcurso del presente año, la única entrada significativa de hidrocarburos registrada fue un buque de bandera rusa que transportó 100.000 barriles de crudo. Sin embargo, el ministro De la O Levy admitió que ese cargamento ya fue consumido en su totalidad, dejando al país sin margen de maniobra. A este aislamiento comercial se sumó el incremento de las sanciones directas aplicadas a principios de mayo, cuando Washington penalizó a altos funcionarios cubanos bajo acusaciones de violaciones a los derechos humanos. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, rechazó estas medidas calificándolas de ilegales y abusivas, mientras el gobierno insiste en que el bloqueo petrolero es la causa primaria del colapso del sistema termoeléctrico nacional.
Impacto
Las consecuencias de la falta de combustible trascienden el ámbito doméstico y afectan servicios esenciales para la supervivencia de la población. Los hospitales cubanos reportan dificultades extremas para funcionar con normalidad, ya que los grupos electrógenos de emergencia dependen del diésel que hoy es inexistente. Asimismo, el Ministerio de Educación y diversas dependencias gubernamentales se vieron obligados a suspender actividades y cerrar sus puertas por tiempo indefinido. El sector turístico, que representa el principal motor de ingreso de divisas para la economía de la isla, también sufre el impacto de la crisis, con hoteles operando a capacidad mínima y una infraestructura de transporte prácticamente paralizada por la falta de carburantes.
Desde el sector operativo del mercado energético, se advierte que la recuperación del sistema será lenta incluso si se lograra una importación inmediata. La falta de mantenimiento preventivo en las plantas termoeléctricas, exacerbada por la carencia de repuestos y la sobreexigencia de los equipos durante los meses previos, complica cualquier intento de estabilización. La parálisis del transporte público y de carga también amenaza la cadena de suministros de alimentos básicos, lo que podría derivar en un agravamiento de la crisis humanitaria. La negativa inicial del gobierno cubano a aceptar la ayuda de 100 millones de dólares propuesta por Estados Unidos, bajo el argumento de que condiciona la soberanía nacional, mantiene el conflicto en un punto muerto diplomático mientras la reserva energética permanece en cero.
La tensión social en las calles de la capital y otras provincias se mantiene como un factor de riesgo latente para la estabilidad del gobierno. Con las escuelas cerradas y la producción industrial detenida, el foco de la administración de Miguel Díaz-Canel se centra ahora en intentar reactivar algún canal de suministro con aliados internacionales como Rusia o China, aunque las dificultades logísticas y financieras representan obstáculos significativos. El próximo paso decisivo será la respuesta formal de La Habana ante el ofrecimiento de Washington, en un momento donde la presión interna por la falta de servicios básicos alcanza niveles críticos y las reservas de gas de los pozos locales no alcanzan para sostener el consumo mínimo nacional.