El gobierno de Cuba confirmó este jueves que el país se encuentra sin reservas de combustible y manifestó su disposición para evaluar una propuesta de ayuda humanitaria de 100 millones de dólares formulada por los Estados Unidos.
La admisión de la crisis total de suministros fue realizada por el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, quien describió un escenario de vulnerabilidad extrema para el sistema electroenergético nacional. Según datos oficiales de la Unión Eléctrica (UNE), un apagón masivo afectó simultáneamente a siete de las quince provincias de la isla, extendiéndose desde Ciego de Ávila hasta Guantánamo. La desconexión, que se inició a las 6:09 hora local, dejó sin suministro a gran parte del oriente del país, agravando una situación que ya registraba cortes de hasta 19 horas diarias en la capital y jornadas completas de interrupción en el interior. Operadores del sector energético indicaron que la operatividad actual depende exclusivamente de termoeléctricas, plantas de Energás y parques solares, pero sin el respaldo de hidrocarburos para cubrir los picos de demanda.
Ante la gravedad del colapso, el canciller Bruno Rodríguez utilizó sus canales oficiales para responder a las declaraciones del presidente Donald Trump, quien había señalado que la isla estaba solicitando asistencia externa. Rodríguez afirmó que La Habana está dispuesta a escuchar las características del ofrecimiento y la forma en que se materializaría, aunque planteó interrogantes sobre si el monto de 100 millones de dólares llegará en efectivo o en insumos críticos como alimentos y medicinas. La propuesta de Washington incluye una condición logística determinante: que los fondos sean canalizados a través de la Iglesia Católica, evitando el manejo directo por parte de las estructuras estatales cubanas. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores señalaron que, a pesar de las diferencias políticas, no es práctica del país rechazar cooperación que se ofrezca de buena fe para aliviar la situación del pueblo.
La escasez de divisas y las restricciones logísticas han paralizado el flujo de crudo hacia las refinerías locales. De acuerdo con informes técnicos del Ministerio de Energía, el último alivio significativo ocurrió en abril, tras el arribo de un petrolero ruso con 100.000 toneladas de crudo, pero ese inventario se ha consumido íntegramente. Actualmente, el 65% del territorio nacional experimenta interrupciones del servicio de manera simultánea. Fuentes diplomáticas en La Habana sugieren que la apertura al diálogo con la Casa Blanca responde a una necesidad pragmática ante la proximidad del verano, período en el que el aumento de las temperaturas dispara el consumo eléctrico y presiona una infraestructura que acumula décadas de explotación sin el mantenimiento adecuado ni la reposición de piezas de repuesto esenciales.
Contexto
La crisis energética en Cuba no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una degradación estructural que se ha profundizado en los últimos tres años. Históricamente, la isla dependió de los envíos subsidiados de petróleo desde Venezuela, pero la caída en la producción de PDVSA y las sanciones internacionales redujeron drásticamente ese flujo. En este escenario, el gobierno cubano intentó diversificar su matriz energética mediante la instalación de parques solares fotovoltaicos, que hoy aportan más de 1300 megavatios. Sin embargo, especialistas del sector advierten que la red de transmisión es demasiado débil para absorber la variabilidad de las energías renovables sin el respaldo de plantas térmicas estables, las cuales hoy están fuera de servicio por falta de fueloil y diésel.
A este panorama técnico se suma la escalada de tensión política con la administración de Donald Trump, que ha reforzado las restricciones financieras sobre la isla. Mientras La Habana denuncia un “bloqueo energético” que impide la compra de combustibles en mercados internacionales, desde el Departamento de Estado norteamericano, el secretario Marco Rubio sostiene que el problema es la disfuncionalidad del modelo económico cubano. Según Rubio, la economía de la isla está “rota” y las ofertas de asistencia, que incluyen también apoyo para internet satelital gratuito, buscan llegar directamente a la ciudadanía sin pasar por los filtros del Partido Comunista de Cuba, lo que genera un roce constante sobre la soberanía y la ejecución de los recursos.
Impacto
El impacto de la falta de reservas de combustible trasciende lo económico y se ha trasladado a las calles con una intensidad que preocupa a las autoridades. Durante las últimas 48 horas, se registraron protestas y cacerolazos en barrios habaneros como San Miguel del Padrón, Playa y otras zonas de la capital, donde los residentes exigen el restablecimiento del servicio al grito de “prendan las luces”. El malestar social es alimentado por la parálisis de servicios básicos, la pérdida de alimentos por falta de refrigeración y la interrupción del bombeo de agua potable, que depende de bombas eléctricas. Analistas de riesgo político consideran que la aceptación de la ayuda estadounidense, aunque sea bajo la mediación de la Iglesia, representa un giro significativo en la retórica oficialista presionado por el temor a un estallido social de mayor escala.
En el plano productivo, la falta de energía ha detenido industrias clave y afecta la logística de distribución de la canasta básica. El ministro Vicente de la O Levy reconoció que las condiciones actuales son “extremadamente diferentes” a cualquier crisis previa, debido a la simultaneidad de la falta de combustible y la rotura de bloques generadores en centrales estratégicas como la de Mariel. La ayuda de 100 millones de dólares, de concretarse, podría ofrecer un respiro temporal en la importación de suministros médicos y alimentos, pero no resuelve el problema de fondo de la generación eléctrica, que requiere inversiones multimillonarias y un suministro estable de hidrocarburos que hoy el Estado cubano no puede garantizar por sus propios medios.
El próximo paso decisivo será la reunión técnica entre representantes de la Iglesia Católica y funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior para definir la logística de la ayuda propuesta por Washington. Mientras tanto, la Unión Eléctrica mantiene un pronóstico reservado para los próximos días, advirtiendo que los apagones continuarán siendo programados y extensos hasta que se logre asegurar un nuevo cargamento de combustible. La tensión entre la necesidad humanitaria urgente y la resistencia política a las condiciones impuestas por los Estados Unidos marcará la agenda de La Habana en las semanas previas al inicio de la temporada de mayor demanda energética del año.