SALUD

Condenaron a la ‘Viuda Negra’ de Syracuse por doble homicidio

Stacey Castor recibió una pena de 51 años de prisión tras comprobarse que envenenó a dos maridos con anticongelante e intentó asesinar a su propia hija para encubrir los crímenes.

Redacción El Capitán 19 de junio de 2026 6 min de lectura
Condenaron a la 'Viuda Negra' de Syracuse por doble homicidio
Foto: Infobae

La justicia de Nueva York condenó a Stacey Castor a 51 años de prisión tras hallarla culpable de asesinar a sus dos esposos con anticongelante y de intentar matar a su hija, Ashley Wallace, para incriminarla por los crímenes.

El proceso judicial, que culminó con una sentencia de reclusión perpetua de facto, reveló una trama de ambición económica y frialdad extrema en el suburbio de Syracuse. Según fuentes judiciales del condado de Onondaga, Castor utilizó etilenglicol, un componente químico presente en refrigerantes de motores, para terminar con la vida de Michael Wallace en el año 2000 y de David Castor en 2005. La investigación criminal determinó que la mujer no solo buscaba cobrar pólizas de seguro de vida que ascendían a los USD 55.000, sino también apoderarse de la totalidad de los bienes mediante la falsificación de testamentos. Los peritos forenses que intervinieron en la escena del segundo crimen hallaron huellas dactilares de la acusada en un vaso que contenía la sustancia tóxica, lo que desmoronó la coartada inicial de un presunto suicidio por depresión.

La caída definitiva de la denominada “Viuda Negra” se produjo tras un error lingüístico durante los interrogatorios con los detectives de la policía estatal. De acuerdo con los registros de las actas policiales, Castor pronunció accidentalmente la palabra “antifree” (un apócope de anticongelante) antes de que los investigadores mencionaran la sustancia hallada en el cuerpo de su segundo marido. Al verse acorralada por el avance de las pericias de ADN en una sonda para pavo utilizada para administrar el veneno, la mujer intentó desviar la atención hacia su hija mayor, Ashley. La joven fue drogada con una mezcla de pastillas y alcohol, y hallada inconsciente junto a una nota de suicidio fabricada por su madre. En dicho escrito, la madre intentó que la joven confesara los dos asesinatos previos, pero los peritos informáticos localizaron los borradores del texto en la computadora personal de Stacey Castor.

Durante las audiencias ante el tribunal, el fiscal Bill Fitzpatrick presentó pruebas contundentes que incluyeron la exhumación del cuerpo de la primera víctima, Michael Wallace. Los análisis toxicológicos realizados siete años después de su entierro confirmaron la presencia de cristales de oxalato de calcio en sus órganos, una señal inequívoca de ingesta de anticongelante. A pesar de que Castor sostuvo su inocencia hasta el último momento, declarando ante el jurado que ella no había matado a nadie ni intentado dañar a su hija, la evidencia digital y física resultó irrefutable. Los operadores del sistema penitenciario confirmaron que la mujer cumplió parte de su condena en el Centro Correccional para Mujeres de Bedford Hills hasta su fallecimiento por causas naturales en junio de 2016.

Contexto

El caso de Stacey Castor se remonta a finales de la década de 1990, cuando la estructura familiar de los Wallace comenzó a mostrar fisuras debido a problemas financieros y de adicciones. Michael Wallace, el primer esposo, falleció en enero de 2000 tras presentar síntomas de desorientación y vómitos que los médicos de la época confundieron con un ataque cardíaco. En aquel entonces, la falta de una autopsia obligatoria permitió que el crimen pasara inadvertido durante un lustro. La repetición del patrón en 2005, tras el casamiento de Stacey con David Castor, fue lo que finalmente encendió las alarmas de las autoridades locales. David, quien poseía un patrimonio más sólido que la pareja anterior, fue hallado muerto en una habitación cerrada, un escenario que Stacey intentó presentar como un acto voluntario de su marido tras una supuesta discusión matrimonial.

La relevancia histórica de este caso en la criminología estadounidense radica en el uso de herramientas forenses avanzadas para desarticular una defensa basada en la manipulación emocional. Según analistas del comportamiento criminal, Castor encajaba en el perfil de victimaria que utiliza su rol de madre y esposa abnegada para eludir sospechas. La comunidad de Syracuse, un área caracterizada por su baja tasa de criminalidad violenta, se vio profundamente afectada por la revelación de que una vecina aparentemente ejemplar había planificado meticulosamente la eliminación de sus vínculos afectivos por rédito económico. La exhumación de Wallace en 2007 marcó un punto de inflexión en los protocolos de investigación de muertes dudosas en el estado de Nueva York, impulsando revisiones más estrictas en casos de decesos domiciliarios sin antecedentes médicos claros.

Impacto

El impacto de las acciones de Castor trascendió el ámbito penal y generó una fractura irreparable en el núcleo familiar. Ashley Wallace, quien sobrevivió al intento de asesinato por parte de su madre cuando tenía 20 años, debió testificar en contra de su progenitora en un juicio televisado que capturó la atención nacional. Este hecho puso de manifiesto la vulnerabilidad de los hijos en contextos de psicopatía parental. Por otro lado, la madre de Stacey, Judie Eaton, mantuvo una postura de negación pública, llegando a culpar a su propia nieta por las tragedias familiares, lo que ilustra el daño colateral y la desintegración de los lazos de sangre tras crímenes de esta magnitud. La sentencia de 51 años fue vista por especialistas en derecho penal como un mensaje de severidad ante la premeditación y la alevosía empleadas.

En términos legales y de seguridad, el caso obligó a las compañías de seguros a revisar sus políticas de pago inmediato en situaciones donde no existiera un informe forense exhaustivo. La facilidad con la que Castor cobró los USD 55.000 tras la muerte de su primer marido fue citada en debates legislativos sobre la necesidad de mayores controles en las pólizas de vida. Asimismo, el uso de la informática forense para recuperar archivos borrados del ordenador familiar sentó un precedente sobre la importancia de la evidencia digital en casos de violencia doméstica. La condena no solo buscó justicia para las víctimas fatales, sino también proteger a la hija sobreviviente, quien hoy es una activista que busca concientizar sobre el abuso y la manipulación intrafamiliar.

Tras el fallecimiento de Stacey Castor en prisión en 2016, el caso permanece como un estudio de referencia en las academias de policía sobre la detección de patrones en asesinos seriales domésticos. La tensión persiste en la familia Wallace, donde las secuelas psicológicas de la traición materna continúan siendo objeto de tratamiento y debate público en Estados Unidos.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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