CULTURA

Científicos registran al gato andino en Mendoza por tercer año consecutivo en La Payunia

La organización Wildlife Conservation Society Argentina confirmó el avistamiento del felino más amenazado de América mediante cámaras trampa en Malargüe, consolidando un corredor biológico clave para la especie.

Redacción El Capitán 25 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: La Nación

Especialistas de la organización Wildlife Conservation Society Argentina registraron la presencia del gato andino en el departamento de Malargüe, Mendoza, tras analizar las imágenes obtenidas por cámaras trampa instaladas en las cercanías del Área Natural Protegida La Payunia.

El hallazgo, confirmado durante la presente semana, representa el tercer año consecutivo en el que se logra documentar la actividad de este felino, técnicamente denominado Leopardus jacobita, en la región cuyana. Según informaron los técnicos de campo, el animal fue captado desplazándose en una zona de roquedales a escasos kilómetros del límite de la reserva provincial, lo que ratifica la presencia estable de la especie en un ecosistema que históricamente se consideraba marginal para su distribución. Los datos obtenidos por los sensores de movimiento permiten determinar que el ejemplar se encuentra en óptimas condiciones de salud y que utiliza los corredores biológicos naturales que conectan las zonas altas de la cordillera con las mesetas volcánicas del sur mendocino. Este registro se suma a otros avistamientos recientes en la zona de Villavicencio, lo que sugiere una conectividad mayor a la esperada entre las diferentes poblaciones de felinos en la provincia.

La doctora en Biología María José Bolgeri, quien se desempeña como gerente de manejo regenerativo de WCS Argentina, explicó que cada nuevo registro en esta zona específica de Malargüe es una confirmación de que los esfuerzos de monitoreo y las estrategias de conservación implementadas en el territorio están generando resultados tangibles. De acuerdo con los reportes institucionales, el gato andino es un animal de hábitos extremadamente solitarios y sigilosos, lo que le ha valido el apodo de “fantasma de los Andes” entre los guardaparques y científicos que trabajan en la zona. La dificultad para su observación directa obliga a los investigadores a depender casi exclusivamente de la tecnología de fototrampeo, la cual permite estudiar el comportamiento del animal sin interferir en su hábitat natural ni generar estrés en los ejemplares, que son altamente sensibles a la presencia humana y a las alteraciones de su entorno inmediato.

Contexto

El gato andino es actualmente el felino más amenazado de todo el continente americano y el único que ostenta la categoría de “en peligro de extinción” según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Las estimaciones científicas más recientes indican que la población global de esta especie no supera los 2.200 ejemplares adultos, los cuales se encuentran fragmentados en poblaciones aisladas a lo largo de las regiones montañosas de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Históricamente, su hábitat se ha visto reducido por la actividad minera, la expansión de la frontera ganadera y la caza por parte de pobladores locales que lo consideran una amenaza para el ganado menor o lo utilizan en rituales tradicionales. En Argentina, la presencia de este felino se extiende desde la frontera norte hasta el norte de la Patagonia, encontrando en Mendoza y Neuquén sus límites de distribución más australes, lo que convierte a estas provincias en áreas críticas para el estudio de su adaptabilidad climática.

La Payunia, el escenario de este último hallazgo, es una de las áreas protegidas más extensas y singulares de la Argentina, caracterizada por su paisaje volcánico y su biodiversidad adaptada a condiciones de aridez extrema. Con una superficie que supera las 450.000 hectáreas, la reserva funciona como un refugio vital no solo para el gato andino, sino también para otras especies emblemáticas como el cóndor andino, el puma, el zorro gris y grandes poblaciones de guanacos. La recurrencia de los avistamientos en los últimos 36 meses indica que la zona de Malargüe posee una disponibilidad de presas suficiente —principalmente chinchillones y otros pequeños roedores— para sostener una población reproductiva, un dato que los biólogos consideran fundamental para proponer la ampliación de las zonas de protección estricta dentro del departamento mendocino.

Impacto

La importancia de este nuevo registro radica en la validación de los modelos de conservación regenerativa que se aplican en el sur de Mendoza, donde se busca integrar la actividad económica local con la preservación de especies en riesgo crítico. Fuentes del Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza señalaron que la presencia sostenida del gato andino en La Payunia eleva el estatus de conservación de la provincia a nivel internacional, facilitando el acceso a fondos de financiamiento para proyectos de investigación y protección ambiental. Además, el monitoreo constante mediante cámaras y sensores permite recolectar información genética y de comportamiento que es vital para entender cómo el cambio climático está afectando los desplazamientos de la fauna silvestre en las zonas de alta montaña, donde el retroceso de los glaciares y la disminución de las pasturas naturales alteran la cadena alimentaria.

Para la comunidad científica, el hecho de que el gato andino logre sobrevivir y desplazarse en áreas cercanas a la actividad humana demuestra que es posible mitigar los conflictos entre la fauna silvestre y el desarrollo regional si se mantienen políticas de control y vigilancia adecuadas. El impacto directo se observa en la creación de una base de datos robusta que permite a los organismos estatales tomar decisiones informadas sobre la ubicación de infraestructuras o la habilitación de nuevas áreas de pastoreo, evitando fragmentar los corredores que el felino utiliza para su subsistencia. La consolidación de Malargüe como un santuario para el “fantasma de los Andes” posiciona a la región como un referente en la gestión de biodiversidad, atrayendo el interés de especialistas globales que buscan replicar estos modelos de monitoreo en otros puntos de la cordillera de los Andes.

El próximo paso para los equipos de WCS Argentina y la Dirección de Recursos Naturales Renovables de Mendoza consiste en la expansión de la red de cámaras trampa hacia zonas inexploradas del límite con Neuquén, con el objetivo de determinar si existe un flujo migratorio constante entre las poblaciones de ambas provincias. Se espera que los nuevos datos recolectados durante la próxima temporada invernal permitan identificar individuos específicos y avanzar en un plan de manejo integral que garantice la supervivencia a largo plazo de esta especie, cuya desaparición representaría una pérdida irreparable para el equilibrio ecológico de la región andina.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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