ECONOMÍA

Campaña fina: productores ajustan tecnología y costos por márgenes

Productores agropecuarios iniciaron la campaña 2026/27 con presupuestos ajustados y una revisión exhaustiva de los costos operativos ante la caída de la rentabilidad y la persistencia de las retenciones a las exportaciones.

Redacción El Capitán 31 de mayo de 2026 6 min de lectura
Campaña fina: productores ajustan tecnología y costos por márgenes
Foto: La Nación

Productores agropecuarios iniciaron la planificación de la campaña fina 2026/27 en Mar del Plata con un esquema de costos ajustado y márgenes de rentabilidad que se ubican por debajo de los promedios históricos del sector.

Durante el congreso A Todo Trigo, organizado por la Federación de Acopiadores, los principales referentes de las zonas núcleo y del sudeste bonaerense advirtieron que la viabilidad del ciclo actual depende de una precisión milimétrica en la inversión tecnológica y el financiamiento. Federico Montes, productor con base en Necochea que gestiona unas 5.000 hectáreas distribuidas entre Lobería, San Cayetano y General Alvarado, confirmó que mantendrá su superficie de 1.000 hectáreas de trigo, aunque bajo condiciones de riesgo significativamente mayores. Según explicaron operadores del mercado granario, la renta esperada, que anteriormente se situaba entre el 15% y el 20%, se ha comprimido drásticamente, obligando a los establecimientos a revisar desde el valor de los fletes para el traslado de semillas hasta los contratos de alquiler y las tarifas de labores de maquinaria contratada.

La estructura de costos para este ciclo presenta desafíos particulares en los insumos básicos. Nicolás Scaramuzza, quien opera en la zona de Lobería sobre la ruta 88, señaló que el precio de los fertilizantes y el impacto del gasoil en la logística son los factores que más han erosionado el margen bruto en comparación con el año anterior. En su establecimiento de 1.800 hectáreas, proyecta sembrar 600 hectáreas de fina, debatiéndose aún entre trigo o cebada según la evolución de los precios internacionales. El escenario financiero también sufrió una transformación: con un tipo de cambio estable y tasas de interés que no han descendido al ritmo esperado, el endeudamiento bancario tradicional perdió atractivo frente a herramientas como las ventas a futuro. De acuerdo con fuentes del sector financiero rural, la falta de liquidez o “espalda” obliga a muchos productores a entregar la mercadería de forma inmediata para cancelar compromisos, perdiendo la posibilidad de capturar mejores precios mediante el almacenamiento en silobolsas.

En las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, la estrategia se ha volcado hacia la eficiencia tecnológica para compensar la suba de costos fijos. Esteban Tettamanti, productor con actividad en Alvear y Larroque, detalló que la apuesta para esta campaña consiste en migrar hacia la fertilización líquida de fósforo y nitrógeno, buscando una mayor asimilación por parte del cultivo y un ahorro operativo. La meta es ambiciosa: mientras que el año pasado se requerían 40 quintales de trigo por hectárea para cubrir los costos de producción, este año los ajustes en densidades de siembra por ambiente y el manejo nutricional apuntan a sostener un margen neto de entre 6 y 7 quintales. Tettamanti subrayó que la ventana de oportunidad actual reside en el mercado internacional, específicamente por la mala cosecha que atraviesa Estados Unidos, lo que ha impulsado las posiciones futuras del cereal hacia un rango de entre US$235 y US$240 por tonelada, aunque los productores locales reclaman un valor cercano a los US$250 para garantizar la sustentabilidad del negocio.

Contexto

El inicio de la campaña fina 2026/27 se produce en un momento de transición para la política agropecuaria argentina. Los antecedentes inmediatos muestran un sector que viene de atravesar ciclos climáticos complejos y una volatilidad de precios internacionales que ha puesto a prueba la resiliencia de las empresas familiares y los grandes grupos de siembra. Históricamente, el trigo y la cebada han funcionado como el primer ingreso de divisas del año calendario agrícola, permitiendo financiar la siembra de la cosecha gruesa (soja y maíz). Sin embargo, la persistencia de los derechos de exportación, definidos por los productores como un “freno de mano”, ha limitado la reinversión en genética y biotecnología.

A diferencia de campañas previas donde el acopio de insumos se realizaba de forma generalizada, la tendencia actual muestra un cambio de paradigma hacia la compra “por cultivo”. Según indicaron desde el Ministerio de Economía, el abastecimiento para trigo y colza ya se encuentra mayormente cubierto, pero la incertidumbre sobre la evolución de la brecha cambiaria y las promesas oficiales de reducción impositiva mantienen en suspenso las decisiones de inversión para la cosecha gruesa, que suelen definirse entre los meses de agosto y septiembre. La comparación con competidores regionales como Brasil y potencias como Estados Unidos revela que la falta de rentabilidad es un fenómeno global, pero agravado en el plano local por la carga tributaria específica del sector.

Impacto

La reducción de los márgenes de ganancia impacta directamente en la capacidad de innovación del campo argentino. Cuando la rentabilidad se vuelve marginal, el productor tiende a recortar en tecnología de punta, lo que a largo plazo degrada la calidad de los suelos y reduce los rendimientos promedio del país. En el sudeste bonaerense, por ejemplo, los problemas de calidad se han manifestado con mayor fuerza en la cebada, afectando la competitividad en los mercados de exportación malteros. La necesidad de vender de forma apresurada para cubrir deudas financieras impide una comercialización estratégica, lo que termina beneficiando a los eslabones más concentrados de la cadena en detrimento del productor primario.

Por otro lado, la adopción de tecnologías de fertilización líquida y agricultura de precisión, mencionada por los productores de la zona de Santa Fe, demuestra un intento de profesionalización extrema para sobrevivir al contexto económico. Si esta tendencia se consolida, podría derivar en un cambio estructural en la forma en que se gestionan los campos en Argentina, priorizando la eficiencia del dato por sobre la expansión de la superficie. No obstante, el impacto social en los pueblos del interior es inmediato: una campaña “justa” se traduce en menor movimiento para el transporte de cargas, menos renovación de maquinaria agrícola y una contracción en el consumo de las economías regionales que dependen del dinamismo del sector agroindustrial.

El próximo hito para el sector será el cierre de la ventana de siembra de trigo en julio, fecha en la que se confirmará si la intención de mantener la superficie se tradujo en hectáreas efectivas. La atención de los productores permanece fija en la Casa Rosada, a la espera de señales concretas sobre la eliminación o reducción de las retenciones, una medida que consideran vital para recuperar el oxígeno financiero. Mientras tanto, el monitoreo de las condiciones climáticas y la evolución de los precios en Chicago seguirán dictando el ritmo de una campaña que se juega peso a peso en cada lote.

Fuente: La Nación

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias