Alejandro Polizzi, un abogado cordobés de 55 años, consolidó una de las colecciones de objetos mundialistas más importantes del país, centrada especialmente en el Mundial de Argentina 1978, tras decidir no viajar a la actual edición en Estados Unidos.
La pasión de Polizzi se originó en junio de 1978, cuando su padre lo llevó al Estadio Córdoba para presenciar la victoria de Alemania 6-0 sobre México. Desde aquel encuentro, el coleccionista comenzó a reunir piezas que hoy se cuentan por miles y se distribuyen entre su oficina profesional y una habitación exclusiva en su domicilio particular. La rigurosidad de su archivo se basa en una premisa innegociable: todos los elementos deben ser originales y contemporáneos a la fecha del torneo que representan. En su vitrina principal, dedicada exclusivamente a la cita de 1978, conviven más de 350 objetos que incluyen desde pines y figuritas de ediciones nacionales previas al desembarco de la firma Panini, hasta rarezas como una llave Acytra conmemorativa y un abrecartas oficial de la época.
Entre las piezas más destacadas de su inventario se encuentra un chaleco de fotógrafo correspondiente al “partido número 39”. Según explican especialistas en historia deportiva, este encuentro estaba previsto en el Estadio Monumental dos días después de la final de 1978 en caso de que Argentina y Holanda empataran tras el tiempo suplementario, dado que en aquel entonces no se aplicaba la definición por penales en la instancia decisiva. Polizzi logró obtener esta prenda sin estrenar, además de rastrear las entradas de ese partido inexistente que, de acuerdo con registros históricos, fueron reutilizadas posteriormente por el Club Atlético River Plate para encuentros de la Copa Libertadores con el fin de evitar costos de impresión adicionales.
Contexto
El coleccionismo de objetos deportivos en Argentina experimentó un auge significativo tras la consagración de la Selección Nacional en Qatar 2022, lo que elevó el valor de mercado de piezas históricas. Polizzi, quien asistió a casi todas las citas mundialistas desde Alemania 2006, representa a una generación de coleccionistas que prioriza el objeto físico frente a la digitalización actual de la experiencia deportiva. Su metodología de recolección incluyó tácticas de intercambio directo en las inmediaciones de los estadios; en el Mundial de Sudáfrica 2010, el abogado fabricó llaveros con la forma de la Copa del Mundo para canjearlos por entradas físicas a los hinchas que salían del estadio, logrando reunir entre 30 y 50 tickets por jornada.
Este fenómeno de acumulación histórica se produce en un momento de transición tecnológica. Mientras que en los mundiales de 1978, 1982 o 1990 los recuerdos eran tangibles —tazas, botellas, relojes Seiko exclusivos como el que Polizzi conserva de Italia 90 o pelotas de goma lanzadas en inauguraciones—, la industria actual se ha volcado hacia lo digital. La desaparición de la entrada física, reemplazada por códigos QR en dispositivos móviles, representa para los coleccionistas una pérdida irreparable de la “evidencia física” del evento, lo que otorga un valor de escasez adicional a los archivos previos a la década de 2020.
Impacto
La labor de Polizzi trasciende lo personal para convertirse en un registro antropológico del consumo deportivo en Argentina. El impacto de su colección se manifiesta en la preservación de objetos que las empresas fabricantes ya no producen, como los auriculares de Qatar Airways con branding del mundial o réplicas en resina escala uno a uno traídas desde Hong Kong. Además, su actividad fomenta una red de intercambio global que conecta a coleccionistas de diversos continentes, permitiendo que piezas que de otro modo se perderían en el mercado informal sean catalogadas y conservadas bajo condiciones controladas de luz y humedad.
A nivel social, el coleccionista advierte sobre un cambio de paradigma en las nuevas generaciones. Según su análisis, la esencia del coleccionismo está en riesgo debido a la producción masiva en China de objetos que carecen de la exclusividad territorial que antes obligaba al interesado a viajar al país anfitrión. No obstante, su caso demuestra que la pasión puede ser hereditaria: junto a su hijo de 20 años, Polizzi se encuentra en la búsqueda activa de las 12 entradas restantes para completar el set total de los 38 partidos disputados en el Mundial de 1978, utilizando plataformas digitales y redes sociales para localizar a poseedores de estos tickets históricos en todo el mundo.
El abogado cordobés ya inició el acopio de materiales para el Mundial 2026, proyectando una nueva vitrina ante la saturación de espacio en su oficina. A pesar de haber priorizado la construcción de su vivienda sobre el viaje a Qatar, su red de contactos y su reciente paso por mercados internacionales como Turquía le han permitido mantener su archivo actualizado, asegurando que la historia del fútbol siga viva a través de sus vitrinas.