SALUD

Adicciones y dopamina: O’Donnell advierte sobre el riesgo de la

El sociólogo Ignacio O’Donnell alertó sobre el incremento en la potencia de las sustancias y el impacto de los estímulos rápidos en la salud mental, basándose en su trayectoria de 32 años de recuperación personal.

Redacción El Capitán 8 de septiembre de 2026 5 min de lectura
Adicciones y dopamina: O’Donnell advierte sobre el riesgo de la
Foto: Infobae

El sociólogo y especialista en adicciones Ignacio O’Donnell advirtió este martes sobre el incremento en la potencia de la marihuana y el impacto de la cultura de la inmediatez en el desarrollo de consumos problemáticos en la sociedad actual.

O’Donnell, quien se desempeña como director de la Fundación CETrac y cuenta con una trayectoria de 25 años en el ámbito de la salud pública, detalló que el fenómeno de las adicciones no puede desvincularse del contexto de sobreestimulación digital y la disponibilidad constante de sustancias. Según el especialista, quien atravesó 17 años de consumo personal antes de alcanzar 32 años de sobriedad, la problemática actual se ve agravada por una estimulación temprana de la dopamina a través de videojuegos y redes sociales, lo que genera una vulnerabilidad mayor en los jóvenes. En su análisis, destacó que detrás de cada cuadro de adicción existe un dolor subyacente que el individuo intenta mitigar, una tesis que coincide con las investigaciones del experto Gabor Maté sobre el trauma y la dependencia.

Durante su exposición, el magíster en Prevención y Tratamiento de las Adicciones subrayó que la marihuana actual presenta niveles de potencia significativamente superiores a los de décadas pasadas, lo que desmitifica su percepción como una sustancia inocua. O’Donnell, quien ocupó cargos de relevancia como la dirección del Hospital Nacional de Salud Mental y Adicciones y una subsecretaría de políticas sobre drogas, explicó que el consumo suele iniciarse como una forma de “automedicación” frente a estructuras psíquicas melancólicas o entornos familiares complejos. El especialista relató que su propio proceso incluyó un intento de suicidio e internaciones en centros psiquiátricos, situaciones que hoy utiliza como base para su labor profesional en la asistencia de pacientes y familias que atraviesan crisis similares.

El diagnóstico técnico que manejan los profesionales del área se basa en los 11 criterios establecidos por el manual DSM-5, que clasifica la adicción en niveles leve, moderado o grave. O’Donnell puntualizó que la tolerancia —la necesidad de dosis crecientes para obtener el mismo efecto— y el síndrome de abstinencia son indicadores clave para identificar la patología. Según fuentes de la Fundación CETrac, la mayoría de los pacientes ingresan a tratamiento de manera coercitiva, presionados por empleadores, parejas o la justicia, aunque las estadísticas de recuperación demuestran que los resultados a largo plazo son similares a los de quienes asisten por voluntad propia, siempre que se logre transformar esa presión externa en una motivación interna genuina.

Contexto

La problemática de las adicciones en Argentina se enmarca en un escenario de creciente accesibilidad a sustancias psicoactivas y una flexibilización de la percepción de riesgo social. Ignacio O’Donnell comenzó su consumo de marihuana de forma intensa hace casi cinco décadas, en un entorno donde familiares y amigos ya utilizaban la sustancia. A lo largo de su carrera, observó la transición de un modelo de consumo analógico a uno digital, donde la gratificación instantánea es la norma. Su experiencia institucional en el Estado le permitió ver la evolución de las políticas públicas, pasando de enfoques puramente punitivos a una comprensión más integral de la salud mental, aunque advierte que la falta de límites claros y la devaluación de procesos naturales como el duelo complican los tratamientos actuales.

El especialista recordó que su punto de inflexión ocurrió hace más de tres décadas, cuando la amenaza de perder a su pareja lo llevó a buscar ayuda profesional y a integrarse a grupos de doce pasos, como Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. En aquel entonces, el consumo de cocaína ya había reemplazado a la marihuana, y su funcionalidad laboral se veía estancada por una “autoobsesión” que le impedía avanzar en sus proyectos personales. Este trasfondo histórico es el que hoy sustenta su crítica a la sociedad del “estímulo rápido”, donde se promueve solucionar la tristeza con fármacos como el Rivotril en lugar de transitar los procesos emocionales necesarios para la curación psíquica.

Impacto

El impacto de estas advertencias radica en la necesidad de reevaluar las estrategias de prevención en un mundo donde la tecnología actúa como un potenciador de conductas adictivas. La advertencia de O’Donnell sobre la potencia de la marihuana actual pone el foco en los riesgos cognitivos y psiquiátricos para los adolescentes, cuyo sistema de recompensa cerebral está en pleno desarrollo. La normalización del consumo en ámbitos sociales y familiares dificulta la detección temprana de los 11 criterios del DSM-5, lo que a menudo deriva en diagnósticos tardíos cuando la persona ya ha perdido vínculos laborales o afectivos significativos. La soledad profunda, incluso estando rodeado de gente, se identifica como la consecuencia emocional más devastadora de este proceso.

Por otro lado, la visión del especialista sobre la recuperación como un “camino espiritual” y colectivo desafía la lógica individualista del mercado actual. Al proponer que la sanación requiere orden, tiempo y la ayuda de otros, se contrapone a la promesa de soluciones mágicas o inmediatas. Para las familias, el impacto de estas definiciones es operativo: entender que el adicto suele ser el miembro más sensible del sistema familiar permite abordar el tratamiento no como un castigo, sino como una transformación del estilo de vida que involucra a todo el entorno. La recuperación, según los datos de los centros de tratamiento, no es solo la ausencia de consumo, sino la recuperación de la capacidad de habitar el presente sin la necesidad de evasión constante.

Hacia adelante, el desafío para los organismos de salud y las organizaciones civiles como la Fundación CETrac reside en integrar la prevención de adicciones con el manejo responsable de las tecnologías digitales. La tensión pendiente se centra en cómo la sociedad argentina procesará la creciente legalización y aceptación de ciertas sustancias frente a la evidencia clínica de daños en la salud mental. El próximo paso para los especialistas será profundizar en programas que fortalezcan la resiliencia emocional desde la infancia, intentando mitigar el impacto de una cultura que premia la apariencia y el éxito rápido por sobre el bienestar integral del individuo.

Fuente: Infobae

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