SOCIEDAD

La Amazonía libera carbono más rápido por el aumento de tormentas y sequías extremas

Un estudio internacional reveló que el aire seco y la actividad eléctrica aceleran la mortalidad de los árboles, reduciendo el tiempo de almacenamiento de carbono entre un 3% y un 15% hacia finales de siglo.

Redacción El Capitán 15 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: Infobae

Un equipo internacional de científicos determinó que la Amazonía está liberando carbono a la atmósfera de manera más acelerada debido al impacto combinado de tormentas eléctricas y sequedad del aire, según publicó la revista Nature Climate Change.

El estudio, liderado por Donghai Wu y Xiangtao Xu del Jardín Botánico del Sur de China y la Academia China de Ciencias, junto a especialistas de la Universidad Cornell, la Universidad de California en Berkeley y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), arroja luz sobre un fenómeno crítico para el equilibrio climático global. Los investigadores utilizaron datos satelitales del sensor MODIS y mediciones de la Agencia Espacial Europea (ESA-CCI) para mapear la tasa de renovación de biomasa en toda la cuenca amazónica. Los resultados indican que el tiempo que el carbono permanece retenido en la vegetación se está acortando drásticamente, lo que transforma a la selva en una fuente de emisiones más que en un sumidero eficiente. De acuerdo con los datos analizados, los tiempos de renovación actuales oscilan entre los 24 y 80 años, con una mediana de 51 años, siendo el noreste de la región el área con valores más altos y el centro-norte la zona con mayor velocidad de pérdida de biomasa.

La investigación empleó un modelo de aprendizaje automático denominado XGBoost para procesar variables climáticas complejas y determinar qué factores inciden directamente en la muerte de los ejemplares arbóreos. Sorprendentemente, el análisis determinó que las tormentas eléctricas intensas representan el factor climático con mayor influencia sobre la velocidad de renovación de la biomasa, superando incluso a los extremos de lluvia. Este fenómeno se complementa con el déficit de presión de vapor, o sequedad del aire, que debilita la estructura de los árboles y acelera su ciclo de mortalidad. Según indicaron fuentes del INPE, la combinación de vientos fuertes y rayos durante las tormentas genera claros en el bosque que no llegan a ser compensados por el crecimiento de nuevos ejemplares a la misma velocidad. El modelo estadístico permitió identificar que la sequedad atmosférica reduce el tiempo de permanencia del carbono entre 5 y 10 años específicamente en las regiones noroeste y sureste del Amazonas, un dato que no estaba contemplado con precisión en las proyecciones climáticas anteriores.

Contexto

Históricamente, los modelos climáticos globales consideraban que la tasa de renovación de biomasa en los bosques tropicales era una constante uniforme. Esta simplificación técnica generaba errores significativos en las proyecciones de calentamiento global, ya que los inventarios forestales terrestres apenas cubrían una millonésima parte de la superficie total de la Amazonía. Los estudios previos se basaban en la premisa de que los bosques maduros mantenían un equilibrio perfecto, donde cada árbol que moría era reemplazado por otro de igual capacidad de absorción. Sin embargo, los datos recopilados en las últimas dos décadas demuestran que este equilibrio se ha roto. La Amazonía alberga más del 60% de la materia vegetal del planeta, pero la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos, impulsados por el cambio climático antropogénico, ha alterado la dinámica natural de crecimiento y descomposición. La falta de datos precisos sobre la mortalidad de los árboles impedía hasta ahora explicar por qué ciertas áreas de la selva perdían su capacidad de almacenamiento de manera mucho más veloz que otras.

Para subsanar este vacío de información, el equipo de Wu y Xu integró datos de 57 parcelas de inventario forestal en tierra con imágenes satelitales de alta resolución, logrando un mapa detallado de un kilómetro cuadrado para toda la Amazonía intacta. Este nivel de detalle permitió observar que la mortalidad de biomasa no es un proceso lineal ni homogéneo. En el pasado, las sequías eran eventos esporádicos que permitían la recuperación del ecosistema, pero la recurrencia actual de aire seco persistente impide que los árboles alcancen su madurez plena. Según operadores del mercado de créditos de carbono y analistas ambientales, esta nueva evidencia científica obliga a revisar los compromisos internacionales de mitigación, ya que la capacidad de la naturaleza para absorber nuestras emisiones es significativamente menor a lo que se estimaba en los protocolos de la década pasada. El estudio subraya que la Amazonía está perdiendo su carbono mucho antes de lo previsto por los modelos tradicionales del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).

Impacto

El impacto de este descubrimiento es directo sobre las metas de temperatura global establecidas en el Acuerdo de París. Si los árboles mueren antes, el carbono que han secuestrado durante décadas regresa a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, intensificando el efecto invernadero en un ciclo de retroalimentación positiva. Las proyecciones del estudio para el año 2100 plantean dos escenarios críticos: bajo un esquema de bajas emisiones (SSP 126), la renovación de biomasa se aceleraría un 3%; no obstante, bajo un escenario de altas emisiones (SSP 585), similar al ritmo actual de actividad industrial, la aceleración llegaría al 15%. Esto significa que el centro y el norte de la Amazonía podrían ver reducida su capacidad de almacenamiento de manera irreversible, afectando la biodiversidad y los regímenes de lluvia de los que depende la agricultura en todo el Cono Sur, incluida la Argentina.

Desde una perspectiva institucional, expertos del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil señalaron que estos hallazgos demandan una reconfiguración de las políticas de conservación. Ya no basta con evitar la deforestación por tala o incendios; ahora es necesario comprender cómo el cambio en los patrones atmosféricos —como la mayor energía disponible para tormentas— está degradando el bosque desde adentro. La aceleración en la liberación de carbono implica que los presupuestos de carbono globales, es decir, la cantidad de gases que la humanidad aún puede emitir antes de superar los 1,5°C de aumento de temperatura, son en realidad más ajustados de lo que se creía. La vulnerabilidad de los bosques tropicales ante el viento y los rayos pone en riesgo no solo el ecosistema local, sino la estabilidad climática de todo el hemisferio, dado que la Amazonía funciona como el principal regulador térmico de la región.

Hacia adelante, la comunidad científica advierte que el modelo actual todavía presenta incertidumbres, ya que no contempla la capacidad de adaptación genética de las especies arbóreas ni el efecto sinérgico de múltiples factores actuando en simultáneo. El próximo paso fundamental será incorporar el impacto de las tormentas eléctricas y la sequedad atmosférica en los modelos de simulación del sistema terrestre para obtener pronósticos más realistas. Asimismo, los investigadores recomendaron extender este tipo de estudios a los bosques templados y subtropicales, que también están experimentando un aumento en la frecuencia de tormentas intensas. La tensión pendiente radica en si las políticas de reducción de emisiones globales podrán implementarse con la velocidad necesaria para evitar que el reloj biológico del Amazonas se acelere hasta un punto de no retorno.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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