TECNOLOGÍA

Ciberseguridad: el riesgo de estafas aumenta por el uso de aplicaciones gratuitas en celulares

Expertos en seguridad informática advierten sobre el crecimiento de fraudes y robo de datos personales mediante plataformas sin costo que solicitan permisos excesivos en dispositivos móviles.

Redacción El Capitán 13 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: Infobae

Especialistas en ciberseguridad alertaron esta semana sobre el incremento de estafas digitales vinculadas al uso de aplicaciones gratuitas en teléfonos celulares, las cuales recolectan datos personales sensibles mediante permisos abusivos para su posterior comercialización.

El fenómeno, que afecta tanto a usuarios particulares como a estructuras corporativas, se basa en un modelo de negocios donde la gratuidad del servicio se compensa con la extracción de información privada. Según indicaron analistas de seguridad digital, plataformas masivas como WhatsApp, Facebook, TikTok y YouTube conviven con una periferia de herramientas menores que, bajo la apariencia de utilidades simples como linternas o calculadoras, esconden mecanismos de vigilancia. El riesgo principal radica en la recopilación y comercialización de la ubicación, listas de contactos, hábitos de consumo y preferencias de navegación. Estos perfiles detallados no solo se destinan a la publicidad segmentada, sino que frecuentemente terminan en manos de terceros con fines maliciosos, derivando en una invasión sistemática de la privacidad y una exposición constante a prácticas comerciales agresivas o intentos de phishing.

La financiación de estas aplicaciones suele provenir de publicidad intrusiva que, en muchos casos, actúa como puerta de entrada para software malicioso. Operadores del mercado tecnológico señalan que estos anuncios no solo degradan la experiencia de uso, sino que pueden contener enlaces que instalan programas no deseados de forma silenciosa. Un factor crítico es la falta de mantenimiento; muchas de estas apps carecen de equipos de desarrollo que provean parches de seguridad regulares, dejando vulnerabilidades abiertas que son explotadas por troyanos, spyware o ransomware. Este tipo de malware tiene la capacidad técnica de asumir el control remoto del dispositivo, robar credenciales bancarias o cifrar la información del usuario para exigir un rescate económico, una tendencia que ha crecido exponencialmente en el último año.

Uno de los puntos más alarmantes detectados por consultoras de seguridad es la solicitud de permisos que no guardan relación con la función de la aplicación. De acuerdo con informes técnicos, es frecuente hallar aplicaciones de herramientas básicas que exigen acceso a la cámara, el micrófono o la galería de fotos sin una justificación operativa. Esta dinámica convierte al usuario en el producto real del ecosistema digital. La urgencia por adoptar nuevas soluciones tecnológicas, potenciada desde el inicio de la pandemia, llevó a millones de personas a instalar software sin leer los términos y condiciones. Aunque tiendas oficiales como Google Play Store y Apple App Store mantienen filtros de seguridad, la protección no es absoluta: relevamientos recientes demostraron que casi el 2% de las 1.000 aplicaciones más descargadas en la tienda de Apple resultaron ser estafas directas que provocaron pérdidas millonarias a nivel global.

Contexto

La proliferación de aplicaciones gratuitas se consolidó en la última década como el estándar de la economía digital, desplazando los modelos de pago único por licencias de software. Este cambio de paradigma obligó a los desarrolladores a buscar vías alternativas de rentabilidad, encontrando en el “Big Data” un activo más valioso que el cobro directo en divisas. Históricamente, la falta de regulaciones estrictas sobre la protección de datos permitió que el mercado de compra y venta de información personal creciera sin supervisión, creando un ecosistema donde la privacidad es el precio de la conectividad. En la Argentina, el aumento de la digitalización financiera ha hecho que los dispositivos móviles sean el blanco principal de los ciberdelincuentes, quienes aprovechan la confianza del usuario en las interfaces conocidas para infiltrar códigos maliciosos.

En el ámbito profesional, este escenario se ve agravado por lo que los expertos denominan ‘Shadow IT’ o ‘Shadow AI’. Según advirtieron desde la entidad financiera BBVA, los empleados suelen recurrir a aplicaciones gratuitas no autorizadas por sus empresas para resolver tareas cotidianas de forma rápida. El uso de estas herramientas externas para procesar información corporativa sensible genera brechas de seguridad críticas, ya que los datos de la compañía terminan alojados en servidores de terceros sin ningún tipo de control institucional. Esta práctica ha facilitado ataques de ingeniería social dirigidos a mandos medios y altos, utilizando la información filtrada por aplicaciones aparentemente inofensivas para diseñar estafas personalizadas y altamente efectivas que comprometen activos financieros institucionales.

Impacto

El impacto de esta problemática se traduce en una vulnerabilidad estructural de la identidad digital del ciudadano. La consecuencia inmediata es el aumento de los casos de suplantación de identidad y el vaciamiento de cuentas bancarias mediante el acceso a códigos de verificación que llegan al dispositivo comprometido. Para mitigar estos riesgos, los especialistas recomiendan una serie de protocolos estrictos: utilizar exclusivamente tiendas oficiales, verificar la antigüedad y las valoraciones de los desarrolladores antes de la descarga, y rechazar sistemáticamente cualquier permiso que no sea indispensable para la tarea que la app debe realizar. La higiene digital se vuelve entonces una necesidad básica de seguridad personal, similar a las medidas de protección física en la vía pública.

A nivel macroeconómico, la industria de la ciberseguridad estima que las pérdidas por fraudes derivados de aplicaciones maliciosas seguirán en aumento si no se implementan cambios en la conducta de consumo digital. La recomendación de los organismos de control es mantener el sistema operativo siempre actualizado y contar con software de seguridad activo que pueda detectar comportamientos anómalos en segundo plano. La pregunta fundamental que el usuario debe hacerse antes de cada instalación es si la utilidad de la herramienta justifica la entrega de su información privada, considerando que, en el entorno digital actual, lo que se ofrece sin costo monetario suele tener un precio elevado en términos de seguridad y autonomía personal.

Hacia adelante, se espera que las autoridades regulatorias y las grandes empresas tecnológicas endurezcan los requisitos de transparencia para los desarrolladores independientes. La tensión entre la comodidad del acceso gratuito y la protección de la privacidad marcará la agenda de las próximas actualizaciones en los sistemas operativos móviles. Mientras tanto, la responsabilidad primaria recae en el usuario, quien debe actuar como el primer filtro de seguridad ante una oferta de aplicaciones que, bajo una fachada de gratuidad, busca convertir su vida privada en una mercancía transaccionable en el mercado negro de datos.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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