SOCIEDAD

Conrado Estol advirtió que el 40% de la población sufre falta de sueño

El neurólogo Conrado Estol identificó la regularidad, la duración y la eficiencia como los pilares para evitar riesgos cardiovasculares y demencia derivados de un mal descanso.

Redacción El Capitán 23 de julio de 2026 5 min de lectura
Conrado Estol advirtió que el 40% de la población sufre falta de sueño
Foto: La Nación

El neurólogo Conrado Estol advirtió que casi el 40% de la población global duerme menos de lo necesario, una tendencia que incrementa significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, cáncer y trastornos cognitivos graves.

La problemática del sueño presenta matices específicos según el rango etario, afectando con mayor severidad a los adultos mayores. Según datos analizados por el especialista, después de los 65 años el 15% de las personas manifiesta dificultades severas para conciliar el sueño, mientras que un 20% no logra mantenerse dormido durante la noche y un 35% padece de despertares precoces. Estol desmitificó la idea de que dormirse de forma instantánea sea una virtud biológica. Por el contrario, el médico señaló que si un individuo cae en el sueño en menos de cinco minutos, esto representa una señal de alerta sobre un déficit crónico acumulado, ya que el proceso fisiológico normal para desconectarse del estado de vigilia debería demandar entre 10 y 15 minutos de transición.

Para revertir este escenario, el profesional estableció tres pilares fundamentales que determinan un descanso de calidad. El primero de ellos es la regularidad, un factor que Estol considera incluso más determinante que la cantidad total de horas. Mantener horarios consistentes para acostarse y levantarse, sin alteraciones durante los fines de semana, reduce drásticamente la mortalidad por causas generales. La estabilidad en el ritmo circadiano permite que el organismo regule sus procesos metabólicos de manera eficiente. En contraste, el denominado “jet lag social” —el cambio brusco de horarios entre los días laborales y los de descanso— es el principal responsable de la dificultad para retomar la actividad los lunes y está directamente vinculado con un aumento en los cuadros de depresión clínica.

La evidencia científica recolectada por equipos de neurología y medicina del deporte refuerza la peligrosidad de la privación del sueño a nivel molecular. Estol citó investigaciones basadas en biopsias musculares realizadas en jóvenes con restricción de descanso, las cuales revelaron un incremento crítico en los marcadores de inflamación y lesión celular tras pocos días de irregularidad. Este daño sistémico no solo afecta el rendimiento físico inmediato, sino que altera la capacidad de recuperación de los tejidos y predispone al cuerpo a estados inflamatorios crónicos. El tercer pilar identificado es la eficiencia del sueño, calculada como la proporción de tiempo real de descanso sobre el tiempo total de permanencia en la cama, donde el valor óptimo debe superar el 85% para ser considerado reparador.

Contexto

La crisis del sueño contemporánea se enmarca en un cambio de paradigma cultural donde la productividad constante ha desplazado las necesidades biológicas básicas. Históricamente, la medicina enfocaba los trastornos del sueño como síntomas secundarios de otras patologías, pero en la última década, instituciones como la Asociación Americana del Corazón han incluido el descanso como uno de los factores esenciales para la salud cardiovascular. La prevalencia de dispositivos electrónicos y la exposición a la luz azul antes de dormir han alterado la producción natural de melatonina en la población urbana, agravando las estadísticas que Estol menciona sobre el déficit crónico. Este fenómeno no distingue fronteras, aunque en sociedades con alta carga de estrés laboral, como la argentina, los índices de insomnio tienden a superar la media regional.

Antecedentes clínicos demuestran que la falta de sueño no es un estado transitorio sin consecuencias, sino un proceso acumulativo de degradación neurológica. Estudios previos han establecido que durante el sueño profundo el cerebro activa el sistema glinfático, encargado de “limpiar” los desechos metabólicos, como la proteína beta-amiloide. La interrupción de este proceso de limpieza es lo que conecta directamente la mala calidad del descanso con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas a largo plazo. La advertencia de Estol sobre el riesgo de demencia se sustenta en décadas de observación donde los pacientes con trastornos de sueño persistentes mostraron una progresión más acelerada de fallas en la memoria y la funciones ejecutivas respecto a aquellos con hábitos de descanso saludables.

Impacto

El impacto de estas revelaciones afecta directamente la salud pública y la prevención primaria de enfermedades crónicas no transmisibles. Al confirmar que las personas que no alcanzan el número adecuado de horas de sueño duplican su riesgo de desarrollar demencia, la neurología moderna coloca al descanso en el mismo nivel de importancia que la dieta o el ejercicio físico. La inflamación celular detectada en los estudios mencionados sugiere que incluso periodos cortos de privación de sueño pueden tener efectos residuales en el sistema inmunológico, dejando al organismo más vulnerable ante infecciones y procesos oncológicos. Para el sistema sanitario, esto implica que una mejora en la higiene del sueño de la población podría reducir significativamente los costos de tratamiento de patologías complejas en el futuro.

A nivel social y laboral, la falta de regularidad en el descanso impacta en la salud mental colectiva. El vínculo entre el desajuste horario de los fines de semana y la depresión abre un nuevo campo de intervención para la psicología clínica y la medicina laboral. Las empresas y organizaciones comienzan a evaluar cómo la fatiga crónica de sus empleados no solo disminuye la productividad, sino que aumenta la tasa de accidentes y el ausentismo por trastornos del ánimo. La recomendación de Estol de mantener la regularidad horaria incluso en días no laborables desafía las costumbres sociales arraigadas, pero se presenta como la herramienta más económica y efectiva para prolongar la expectativa de vida saludable.

El próximo paso en la investigación neurológica se centrará en desarrollar métodos de monitoreo más accesibles para que los ciudadanos puedan medir su eficiencia de sueño sin necesidad de estudios de laboratorio complejos. Mientras tanto, la comunidad médica insiste en que la población debe tratar el descanso como una prescripción médica innegociable. La tensión pendiente radica en la capacidad de las sociedades modernas para adaptar sus ritmos de vida a las exigencias de un cerebro que, según los especialistas, no ha evolucionado para funcionar sin un mantenimiento nocturno riguroso y constante.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias