POLÍTICA

Encuesta: el Peronismo y La Libertad Avanza empatan de cara a 2027

Un relevamiento de la Universidad de San Andrés muestra una paridad técnica con solo un punto de diferencia entre las principales fuerzas políticas, en un escenario marcado por un 22% de indecisos.

Redacción El Capitán 22 de julio de 2026 6 min de lectura
Encuesta: el Peronismo y La Libertad Avanza empatan de cara a 2027
Foto: Clarín

Una encuesta nacional de la Universidad de San Andrés reveló que el Peronismo lidera la intención de voto con un 25% frente al 24% de La Libertad Avanza, proyectando un escenario de paridad absoluta para las elecciones presidenciales de 2027.

El estudio, realizado entre el 3 y el 8 de julio sobre una muestra de 1.000 entrevistas en todo el país, expone una fragmentación del electorado donde ninguna fuerza logra perforar el techo del 30%. Según fuentes académicas responsables del informe, la polarización se mantiene vigente pero con un volumen de adhesión significativamente menor al de procesos electorales anteriores. Detrás de las dos fuerzas mayoritarias, el Frente de Izquierda y el PRO empatan en un lejano tercer puesto con el 4% de las preferencias, seguidos por Provincias Unidas con el 3%, la UCR con el 2% y partidos provinciales con el 1%. El dato más disruptivo para los analistas políticos es el elevado nivel de incertidumbre: un 22% de los consultados manifestó no saber a quién votar, mientras que un 5% prefirió no responder y un 4% optaría por el voto en blanco.

En cuanto a la valoración de figuras públicas, el informe de Udesa arroja resultados críticos para la dirigencia tradicional y actual. Por primera vez en la serie estadística, los 24 dirigentes evaluados terminaron con un diferencial de imagen negativo. Patricia Bullrich encabeza el ranking de imagen positiva con un 36%, seguida de cerca por el gobernador bonaerense Axel Kicillof con un 34%, el presidente Javier Milei con un 33% y Myriam Bregman con el mismo porcentaje. En el extremo opuesto, el rechazo social se manifiesta con fuerza en figuras del entorno presidencial; de acuerdo con operadores del mercado político, el nivel de desaprobación de ciertos funcionarios ha alcanzado picos históricos, lo que condiciona la capacidad de maniobra del oficialismo en la agenda pública. La gestión actual registra una aprobación del 34%, mientras que la desaprobación escala al 62%, una brecha que se ha ensanchado en el último bimestre debido a la persistencia de problemas económicos estructurales.

Contexto

Este escenario de paridad se produce en un momento donde la satisfacción con la marcha general del país se estanca en el 30%, una cifra que, aunque baja, supera los registros de gestiones anteriores en el mismo período de mandato. Para comprender la dinámica actual, es necesario observar que la aprobación de Javier Milei se ubica por debajo del 45% que ostentaba Mauricio Macri en julio de 2016, pero significativamente por encima del 21% que conservaba Alberto Fernández en el mismo punto de su gestión. Históricamente, el electorado argentino tiende a mostrar niveles de indecisión altos en años no electorales, pero la cifra del 22% actual refleja un agotamiento prematuro de las identidades partidarias tradicionales. La falta de trabajo y la corrupción, ambas con un 38% de menciones, junto a los bajos salarios con un 35%, han desplazado a la inflación como la preocupación principal, marcando un cambio de etapa en la percepción de la crisis económica que atraviesa la Argentina desde hace más de una década.

El análisis retrospectivo que realizan los encuestados refuerza la sensación de pesimismo: el 56% de los argentinos considera que la situación del país ha empeorado en comparación con el año pasado, mientras que solo un 20% percibe mejoras. Sin embargo, la mirada hacia el futuro ofrece un matiz de esperanza para la Casa Rosada, ya que un 27% de la población cree que la situación mejorará en los próximos meses. Este componente de expectativa es el que sostiene el núcleo duro de apoyo a La Libertad Avanza, que se concentra mayoritariamente en hombres (28%), sectores de clase alta y media alta (30%) y ciudadanos de entre 44 y 59 años (27%). Por el contrario, el Peronismo encuentra su fortaleza en el segmento femenino (25%), los sectores de clase baja (26%) y, fundamentalmente, en los mayores de 60 años, donde alcanza su pico máximo de intención de voto con un 34%.

Impacto

La paridad técnica entre el oficialismo y el peronismo tiene consecuencias directas en la gobernabilidad y en la estrategia legislativa de los próximos meses. Según indicaron fuentes institucionales, este equilibrio de fuerzas obliga al Gobierno a recalibrar su relación con los bloques dialoguistas, dado que no cuenta con un respaldo popular plebiscitario que le permita ignorar a la oposición en el Congreso. El hecho de que el 65% de quienes aprueban la gestión votarían a La Libertad Avanza demuestra una alta fidelización del voto propio, pero la incapacidad de captar sectores independientes o desencantados con el peronismo sugiere un techo electoral difícil de perforar en el corto plazo. Para el peronismo, el desafío radica en unificar una oferta que hoy se encuentra dispersa, pero que retiene un 39% de intención de voto entre quienes desaprueban al actual Gobierno nacional.

Asimismo, el impacto de estos números se traslada a la interna de las coaliciones. El bajo desempeño del PRO (4%) y de la UCR (2%) en la intención de voto directa pone en duda la supervivencia de estas estructuras como opciones competitivas independientes, presionándolas a integrarse en frentes más amplios. La fragmentación del voto opositor no peronista beneficia indirectamente al oficialismo, pero la consolidación de un 22% de indecisos abre una ventana de oportunidad para figuras emergentes o para la recuperación de los partidos tradicionales si logran capitalizar el descontento social. La economía, marcada por la preocupación por el empleo y el poder adquisitivo, será el factor determinante que incline la balanza de este electorado volátil que hoy no encuentra representación clara en ninguna de las dos grandes vertientes políticas del país.

Hacia adelante, la atención de los analistas y del mercado estará puesta en la capacidad del Gobierno para transformar la expectativa de mejora futura en resultados tangibles antes de que el 27% de optimismo se erosione. Con un calendario electoral que todavía parece lejano, la batalla por el centro político y por los sectores de clase media baja será el eje de las próximas mediciones. El próximo paso clave será observar si la tendencia de desaprobación del 62% se estabiliza o si el oficialismo logra revertir la percepción negativa mediante una desaceleración más profunda de la crisis salarial, en un contexto donde el peronismo busca reorganizarse sin un liderazgo único definido pero con una base electoral que se mantiene resiliente.

Fuente: Clarín

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Información publicada por Clarín.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias