MUNDIAL 2026

La selección argentina consolida su autonomía frente al poder político

En la antesala de una nueva final, el vínculo directo entre la Selección y la gente se impone sin intermediación estatal. Tras el precedente de 2022, el Gobierno evalúa un rol discreto y la AFA blinda su conducción con resultados, en medio de tensiones políticas.

Redacción El Capitán 19 de julio de 2026 5 min de lectura
La selección argentina consolida su autonomía frente al poder político
Foto: La Nación
El Pulso editorial

Por qué importa

El fútbol vuelve a poner a prueba los límites del rédito político en Argentina. El manejo de los festejos y la distancia del plantel respecto del poder exponen tensiones entre AFA y Ejecutivo, y un humor social que separa la pasión deportiva de la disputa electoral.

La selección argentina de fútbol disputa este domingo una nueva final continental en un clima de festividad masiva que reafirma la conexión directa entre el plantel y la sociedad, prescindiendo de cualquier tipo de intermediación institucional o política.

El fenómeno, que se extiende desde la obtención del Mundial de Qatar 2022, evidencia una mutación profunda en la relación entre los ídolos deportivos y el Estado. A diferencia de lo ocurrido en 1986, cuando Diego Maradona ofrendó la copa al presidente Raúl Alfonsín en la Casa Rosada, el equipo actual liderado por Lionel Messi y Lionel Scaloni ha mantenido una distancia estricta con el poder político. Esta postura se cristalizó tras el regreso de Doha, cuando el plantel rechazó la invitación del entonces presidente Alberto Fernández, prefiriendo una caravana multitudinaria que desbordó la capacidad operativa del Estado. Según fuentes de la Casa Rosada, el actual mandatario, Javier Milei, ha tomado nota de este antecedente y ofreció desalojar la sede de gobierno para que los jugadores utilicen el balcón de forma exclusiva, asumiendo que la presencia oficial podría enturbiar la celebración popular.

Los datos de opinión pública respaldan esta decisión de mantener los ámbitos separados. Un relevamiento reciente de la consultora Jorge Giacobbe indica que el 85,5% de los encuestados considera que no habría beneficios políticos para Milei ante un eventual triunfo, mientras que el 93,4% asegura que el resultado deportivo no alteraría su intención de voto. La encuesta revela además un dato sobre el estado de ánimo social: un 44,2% de los argentinos preferiría ganar un Mundial antes que ver una mejora en la economía nacional, frente a un 48,8% que prioriza la estabilidad financiera. Esta paridad estadística refleja un nihilismo pasional donde el éxito deportivo funciona como un refugio ante las frustraciones cotidianas. En términos de imagen, la brecha es irrecuperable para la dirigencia política: Julián Álvarez ostenta un 93,2% de imagen positiva, seguido por Scaloni con 92,3%, Emiliano Martínez con 92,2% y Messi con 90,9%, cifras inalcanzables para cualquier funcionario que hoy pelea por superar el 30% de aprobación.

Contexto

La historia de los festejos deportivos en Argentina muestra una erosión constante de la institucionalidad. En 1986, la figura de Alfonsín todavía representaba un valor democrático respetado por el plantel, permitiendo una convivencia en el balcón de la Casa de Gobierno. Sin embargo, el sociólogo Pablo Semán, junto a Ulises Ferro, sostiene que la sociedad actual es mucho más autónoma y construye su propia narrativa, invalidando los intentos de lo que denominan “punguismo simbólico” por parte de las dirigencias. Esta deslegitimación del Estado se profundizó en 2022, cuando la masa de gente en las calles desplazó por completo la logística oficial. El equipo nacional ha sabido interpretar este sentir, limitando sus intervenciones públicas a cuestiones éticas o de soberanía, como la reciente exhibición de una bandera de Malvinas tras el partido contra Inglaterra, un gesto que generó incomodidad en el discurso libertario debido a sus ambigüedades previas con Gran Bretaña.

La relación entre la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y el Poder Ejecutivo también atraviesa un período de máxima tensión. Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la entidad, vive este proceso como una revancha personal frente a lo que considera una ofensiva judicial y política impulsada por el entorno presidencial. Según operadores del sector deportivo, Tapia sospecha de una alianza entre el empresario Guillermo Toffoni, el presidente Milei y el asesor Santiago Caputo para desplazarlo de su cargo. En este escenario, el éxito deportivo se convierte en el principal escudo de protección para la conducción de la AFA, que utiliza los resultados del equipo de Scaloni para validar su gestión frente a las presiones externas que buscan implementar las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

Impacto

Este divorcio entre la pasión popular y la representación política marca el surgimiento de una nueva identidad nacional definida por la intensidad emocional y el regocijo en la transgresión. El impacto se traduce en una sociedad que distingue con nitidez sus afectos de sus obligaciones cívicas, desterrando la vieja creencia de que un gobierno puede capitalizar electoralmente un trofeo. Tanto Alfonsín como Alberto Fernández perdieron elecciones al año siguiente de sus respectivos éxitos mundialistas, lo que confirma que el fútbol no funciona como un anestésico permanente. Para el Gobierno actual, el desafío logístico de las próximas horas implica coordinar la seguridad entre Nación y Ciudad sin aparecer en la foto, una tarea delegada a funcionarios como Martín Menem, Diego Santilli y Gustavo Coria, quienes mantienen puentes con la AFA a pesar del conflicto de fondo.

La figura de Lionel Messi sigue siendo el eje central de esta autonomía. Sus escasas referencias a la realidad nacional, como su mención a la gente que no llega a fin de mes o la necesidad de reducir la desigualdad social, tienen un peso ético que supera cualquier discurso partidario. El sociólogo Pablo Alabarces destaca que estas intervenciones son quirúrgicas y no buscan sentar posición política, sino reflejar una preocupación humanitaria. Esta postura obliga al Gobierno a reaccionar con comunicados oficiales para evitar que el descontento social se canalice a través de la figura del ídolo máximo, cuya popularidad es el único consenso sólido en una Argentina fragmentada.

El operativo de seguridad para los festejos de hoy y mañana se terminó de definir en reuniones entre la ministra Alejandra Monteoliva y su par porteño, bajo la premisa estricta de no politizar el evento. La principal incertidumbre radica en la voluntad del plantel, que mantiene su tradición supersticiosa de no planificar el regreso hasta que el árbitro marque el final del encuentro. El próximo paso será determinar si, ante una eventual victoria, los jugadores aceptarán el ofrecimiento de la Casa Rosada vacía o si optarán nuevamente por una celebración autogestionada en las calles, consolidando definitivamente el vacío de poder institucional en el corazón de la fiesta popular argentina.

Fuente: La Nación

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Contexto

La relación entre triunfos de la Selección y capitalización estatal mutó: en 1986, Maradona compartió el balcón con Alfonsín; en 2022, el plantel rechazó la Casa Rosada y eligió una caravana desbordante. Lecturas sociológicas aluden a una sociedad más autónoma y refractaria al “punguismo simbólico”.

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Información publicada por La Nación.

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