España y Francia disputarán en Dallas el pase a la final del certamen, en lo que representa el enfrentamiento número 39 de un historial que comenzó en 1922 y que, por primera vez, se traslada fuera de las fronteras europeas.
El encuentro en territorio estadounidense definirá si Francia alcanza su tercera final consecutiva, un hito que en la historia del fútbol mundial solo consiguieron las selecciones de Alemania (1982, 1986 y 1990) y Brasil (1994, 1998 y 2002). Para el conjunto español, una victoria significaría acceder a su segunda definición consecutiva, consolidando el dominio que ha mostrado en los últimos dos cruces directos contra sus vecinos pirenaicos. Según indicaron desde la organización del torneo, la expectativa de venta de entradas en Texas supera las 70.000 localidades, reflejando el interés global por un clásico que nació hace más de un siglo en Burdeos.
La cronología de este duelo está marcada por hitos deportivos y políticos. El primer registro data del 30 de abril de 1922, cuando España venció 4-0 a Francia en un partido que sirvió como homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial. En aquella tarde ante 10.000 espectadores, los capitanes depositaron flores en un monumento bélico antes de que Alcántara y Travieso marcaran dos goles cada uno. Un año después, el 28 de enero de 1923, se produjo el único partido de la selección española en San Sebastián, en el estadio de Atocha, con un nuevo triunfo local por 3-0. La hegemonía inicial española continuó en 1927 en el estadio de Colombes, París, donde España ganó 4-1 a pesar de que el legendario arquero Ricardo Zamora sufrió la rotura de dos dientes y terminó el juego con un vendaje aparatoso en la cabeza.
El punto máximo de superioridad estadística para España ocurrió el 14 de abril de 1929 en el campo del Torrero, donde la selección logró su mayor goleada histórica ante los franceses con un contundente 8-1, destacándose los cuatro tantos de Gaspar Rubio. Francia debió esperar hasta el 3 de abril de 1933 para romper la racha negativa en el Parque de los Príncipes, ganando 1-0 con gol de Jean Nicolas. Aquella derrota fue calificada como una “hecatombe” por la prensa de la época. Años más tarde, en 1935, el central francés Étienne Mattler, quien luego sería héroe de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, describió la potencia del delantero español Lángara tras una derrota gala por 2-0 en Madrid, asegurando que el atacante parecía capaz de volar.
Contexto
La rivalidad entre ambas naciones atravesó periodos de extrema tensión política que se reflejaron en el campo de juego. El 15 de marzo de 1942, en plena posguerra, el partido en Nervión fue presidido por el General Moscardó y generó tal fervor que, según registros del diario ABC, hubo parejas que viajaron en bicicleta desde Madrid a Sevilla para asistir. En 1949, España volvió a golear 5-1 en París con un triplete de Basora, en un evento que culminó con un banquete presidido por Jules Rimet, entonces titular de la FIFA. Sin embargo, el equilibrio comenzó a cambiar en 1955, cuando Francia logró su primer triunfo en suelo español (2-1) con una actuación consagratoria de Raymond Kopa en el estadio Santiago Bernabéu.
Durante la década del 60, los enfrentamientos estuvieron teñidos por la situación geopolítica. En 1959, mientras España perdía 4-3 en París, el foco estaba puesto en la negativa de Francisco Franco a jugar contra la URSS y en la visita del presidente estadounidense Eisenhower a Francia. El historial sumó capítulos de frustración para España, como el empate 1-1 en 1961 con ocho jugadores del Real Madrid en cancha, o el 0-0 de 1963 en el Camp Nou, único partido sin goles entre ambos, donde el público despidió al equipo español con gritos de reprobación. No fue hasta 1968 que España recuperó la sonrisa en Lyon, venciendo 3-1 a una Francia que contaba con Jean Djorkaeff, padre del futuro campeón mundial Youri Djorkaeff.
Impacto
El paso de los amistosos a la competencia oficial transformó la naturaleza del duelo, elevando la presión sobre los futbolistas y los cuerpos técnicos. El punto de inflexión ocurrió el 27 de junio de 1984, cuando se enfrentaron por primera vez con un título en juego: la final de la Eurocopa. Francia se impuso 2-0 en el Parque de los Príncipes, un partido recordado por el infortunio del arquero Luis Arconada ante un tiro libre de Michel Platini. A partir de allí, los cruces en eliminatorias y fases finales de torneos mayores se volvieron recurrentes, incluyendo la eliminación española en la Euro 1992 tras perder en Sevilla, rompiendo un invicto histórico en esa ciudad, y el empate con tensión en la Euro 1996 bajo la conducción de Javier Clemente.
De acuerdo con analistas del mercado deportivo, este nuevo enfrentamiento en Dallas no solo define un finalista, sino que consolida la exportación del fútbol europeo a mercados estratégicos como el norteamericano. Para España, el desafío es mantener la racha positiva de las últimas dos semifinales disputadas contra Francia, mientras que para el equipo galo representa la oportunidad de reafirmar su estatus de potencia dominante de la última década. La presencia de figuras internacionales y el historial de 38 partidos previos otorgan a este choque una relevancia que trasciende lo deportivo, afectando directamente los rankings de la FIFA y las proyecciones comerciales de ambas federaciones de cara al próximo ciclo mundialista.
El ganador de este duelo en Estados Unidos esperará al vencedor de la otra llave para disputar el trofeo, en una final que promete paralizar al mundo del fútbol. La tensión se mantiene alta mientras los planteles realizan sus últimos entrenamientos en Dallas, conscientes de que este capítulo número 39 definirá quién es el nuevo monarca del fútbol transpirenaico en tierras ajenas.