SOCIEDAD

Gabriel Rolón: “Ser feliz implica una responsabilidad muy grande”

El psicoanalista Gabriel Rolón presentó su visión sobre la salud emocional contemporánea, cuestionando los mandatos de éxito inmediato y proponiendo el concepto de 'faltacidad' como alternativa al bienestar tradicional.

Redacción El Capitán 6 de julio de 2026 6 min de lectura
Gabriel Rolón: “Ser feliz implica una responsabilidad muy grande”
Foto: La Nación

El psicoanalista Gabriel Rolón analizó los desafíos de la salud mental contemporánea durante una presentación pública en Buenos Aires, donde vinculó el bienestar emocional con la aceptación de las carencias personales y la responsabilidad individual.

El especialista profundizó en la necesidad de desmitificar la felicidad como un estado de plenitud absoluta y constante. Según explicaron analistas del sector salud, la visión de Rolón busca contrarrestar las corrientes de pensamiento que simplifican los procesos emocionales tratándolos como una mera decisión voluntaria. El autor de “La felicidad” sostuvo que la sociedad actual suele caer en la trampa de buscar soluciones mágicas o resultados inmediatos, cuando la realidad psíquica requiere de un trabajo consciente, valiente y, sobre todo, sostenido en el tiempo. Para el analista, el bienestar no es un punto de llegada, sino una construcción que se da en la “eternidad del aquí y ahora”, advirtiendo que proyectar este estado hacia un pasado idealizado o un futuro incierto termina por anular el sentido de la existencia presente.

En su desarrollo teórico, Rolón introdujo el neologismo “faltacidad” para definir el estado real al que puede aspirar un sujeto en el marco de una terapia o un proceso de introspección. Este concepto describe una forma de felicidad que es capaz de abrazar las faltas, las ausencias, los dolores y las heridas propias, sin intentar eliminarlos de manera artificial. De acuerdo con fuentes del ámbito académico psicológico, esta perspectiva rompe con la hegemonía de la positividad tóxica que predomina en redes sociales y manuales de autoayuda. El autor subrayó que la felicidad es intrínsecamente imperfecta y que su construcción en el presente es la única vía para evitar la alienación. Esta postura implica que el sujeto debe hacerse cargo de su propia historia, incluyendo aquellos fragmentos que resultan dolorosos o incómodos de transitar.

Respecto a los vínculos afectivos, el analista definió al amor como una herramienta fundamental frente a la angustia existencial, describiéndolo como un invento humano diseñado para mitigar la percepción de la finitud. Según su visión, el afecto sirve para que la soledad sea menos dolorosa y la tristeza menos perturbadora, aunque advirtió sobre los riesgos inherentes a la entrega emocional. Amar a alguien, según el especialista, implica otorgarle un poder real sobre uno mismo. En este punto, destacó que un vínculo sano se basa en la renuncia voluntaria a utilizar ese poder para dañar al otro durante situaciones de conflicto o enojo. Esta ética del cuidado es lo que diferencia, según operadores del campo de la salud mental, una relación constructiva de una dinámica de dominación o maltrato psicológico.

Contexto

La intervención de Rolón se produce en un momento de alta demanda de servicios de salud mental en Argentina, donde las consultas por cuadros de ansiedad y depresión han mostrado un incremento sostenido en el último trienio. Históricamente, el psicoanálisis ha tenido un peso específico en la cultura rioplatense, posicionando a Buenos Aires como una de las ciudades con mayor cantidad de psicólogos por habitante a nivel mundial. Este trasfondo cultural permite que debates sobre el deseo, el mandato familiar y la subjetividad tengan una recepción masiva. El autor recordó que, desde el nacimiento, el individuo está atravesado por opiniones ajenas y expectativas parentales que suelen configurar un “destino” impuesto. En este marco, definió la labor del análisis como el arte de intentar que alguien no cumpla ese destino predeterminado, permitiendo que emerja el deseo singular del sujeto.

El concepto de mandato social ha sido objeto de estudio recurrente en la obra de Rolón, quien sostiene que las personas suelen quedar “excéntricas” a sí mismas por intentar cumplir con lo que la sociedad o la familia esperan de ellas. Los antecedentes de su obra muestran una transición desde el análisis de casos clínicos individuales hacia una reflexión más sociológica sobre cómo el tiempo actual, marcado por la velocidad y el consumo, erosiona la capacidad de introspección. La publicación de su último libro funciona como un cierre de ciclo sobre estas preocupaciones, intentando dotar al lector de herramientas conceptuales para distinguir entre el éxito social y la realización subjetiva, un proceso que, según el autor, no se agota nunca mientras el deseo permanezca activo.

Impacto

La propuesta de Rolón impacta directamente en la forma en que se consumen los discursos sobre el bienestar en el mercado editorial y en los medios de comunicación. Al desplazar el eje de la “felicidad publicitaria” hacia la “faltacidad”, el autor valida el sufrimiento como parte integrante de la experiencia humana, lo que puede reducir el sentimiento de culpa en pacientes que no logran alcanzar los estándares de plenitud exigidos por el entorno. Fuentes institucionales del área de salud mental indican que este tipo de abordajes ayuda a desestigmatizar la vulnerabilidad y promueve una búsqueda de ayuda profesional más realista. El impacto se extiende también al ámbito de las relaciones de pareja, al proponer una ética de la renuncia al poder como base de la sanidad vincular, desafiando las lógicas de competencia y control.

Por otro lado, la crítica a los mandatos externos resuena en una generación que busca redefinir sus trayectorias laborales y personales por fuera de las estructuras tradicionales. La idea de que el deseo es inagotable pero difícil de identificar plantea un desafío para los procesos de orientación vocacional y terapéutica. Al definir el psicoanálisis como una herramienta de resistencia frente al destino, Rolón posiciona la terapia no solo como un espacio de cura de síntomas, sino como un ejercicio de libertad política y personal. Esto refuerza la importancia de las políticas públicas y privadas que faciliten el acceso a espacios de escucha, entendiendo que la salud emocional es un componente crítico de la productividad y la cohesión social en el país.

El próximo paso en la agenda del analista incluirá una serie de presentaciones en el interior del país y Uruguay, donde se espera que profundice en la aplicación de estos conceptos ante la crisis de sentido que atraviesan diversos sectores sociales. La tensión entre la inmediatez tecnológica y los tiempos lentos del proceso psíquico seguirá siendo el eje de un debate que, lejos de cerrarse, parece ganar relevancia en la agenda pública nacional.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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