La neuróloga Stella Maris Valiensi advirtió que el consumo de una copa de vino antes de dormir fragmenta el ciclo del descanso y favorece la aparición de apneas, según declaraciones realizadas recientemente en el marco de la temporada estival.
El análisis clínico presentado por la especialista detalla que, si bien el alcohol posee propiedades sedantes iniciales que pueden inducir el sueño de manera rápida, su procesamiento metabólico genera una interrupción de las fases profundas del descanso. De acuerdo con datos de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, el consumo de bebidas alcohólicas relaja excesivamente los músculos de la vía aérea superior, lo que incrementa significativamente el riesgo de ronquidos y episodios de apnea obstructiva. Valiensi subrayó que la recomendación médica principal es evitar la ingesta nocturna diaria, ya que el organismo no logra una recuperación neurológica completa bajo los efectos del etanol, incluso en dosis consideradas moderadas por la población general.
La experta también abordó la problemática del descanso durante las vacaciones, un período donde el consumo de vino y otras bebidas suele incrementarse en los hogares argentinos. Según la neuróloga, existe una creencia errónea sobre la capacidad de compensar el déficit de sueño acumulado durante el año laboral. Las mediciones clínicas indican que una persona que duerme sistemáticamente seis horas diarias no puede recuperar las horas perdidas en una sola semana de receso. Esta imposibilidad de compensación afecta principalmente a los adultos, mientras que los jóvenes presentan una capacidad de resiliencia levemente superior ante la privación de sueño, aunque no quedan exentos de los efectos negativos de la fragmentación producida por el alcohol.
Contexto
El estudio del ritmo circadiano en Argentina cobró relevancia en los últimos años debido al aumento de los trastornos del sueño vinculados al estrés y los hábitos alimenticios. Históricamente, la cultura rioplatense integró el vino como un acompañamiento habitual de la cena, pero las investigaciones actuales de centros especializados como el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) coinciden en que el horario de ingesta es determinante para la salud cerebral. El ritmo circadiano, que regula los ciclos de vigilia y sueño, se ve alterado naturalmente con el envejecimiento: los adultos mayores tienden a adelantar sus horarios de descanso y a realizar siestas postprandiales, un proceso fisiológico que se ve agravado si se incorporan sustancias depresoras del sistema nervioso central antes de la medianoche.
A este escenario se suma la incidencia de patologías crónicas que aparecen con la edad, como los dolores articulares o musculares, que ya de por sí actúan como factores de interrupción del sueño. La combinación de estas condiciones preexistentes con el consumo de alcohol potencia la mala calidad del descanso. Según registros hospitalarios, las consultas por insomnio y fatiga crónica suelen aumentar tras los períodos de vacaciones, lo que confirma que los cambios bruscos en las rutinas y el exceso de permitidos alimentarios impactan directamente en la higiene del sueño de los ciudadanos, independientemente de su nivel de actividad física previa.
Impacto
La importancia de estas advertencias radica en la necesidad de establecer una higiene del sueño rigurosa para prevenir enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Valiensi estableció tres pilares fundamentales que funcionan como mandamientos para el bienestar: la regularidad horaria, la exposición solar y la programación de la actividad física. Mantener una hora fija para acostarse y levantarse es vital para los pacientes con insomnio, mientras que la exposición a la luz natural durante las mañanas ayuda a sincronizar el reloj biológico interno. Por el contrario, realizar deportes en horarios nocturnos genera un efecto de alerta que retrasa el inicio del descanso, complicando aún más la situación de quienes consumen alcohol buscando relajarse.
El impacto directo de no seguir estas recomendaciones se traduce en una disminución de la productividad, alteraciones del estado de ánimo y un aumento en la siniestralidad vial y laboral debido a la somnolencia diurna. La recomendación de transformar la habitación en un entorno oscuro, silencioso y libre de pantallas (celulares, tablets o televisores) busca reducir la estimulación de la retina por la luz azul, la cual inhibe la producción de melatonina. Para los especialistas, el entorno físico es tan determinante como la dieta; una habitación mal acondicionada, sumada al efecto fragmentador de una copa de vino, garantiza un despertar con sensación de cansancio y falta de claridad mental.
Hacia adelante, la comunidad médica espera que la difusión de estos criterios científicos logre modificar los hábitos de consumo nocturno en la población. El próximo paso en la investigación clínica local se centrará en medir cómo la eliminación total del alcohol en la última franja del día mejora los índices de concentración en trabajadores de mediana edad. Por el momento, la tensión entre la tradición social del brindis nocturno y la salud neurológica permanece vigente, dejando en claro que la moderación y el tiempo de antelación respecto al descanso son las únicas herramientas efectivas para proteger la arquitectura del sueño.