INTERNACIONAL

Venezuela: la cifra de muertos por el sismo asciende a 2954 personas

Los equipos de rescate intensifican la búsqueda de sobrevivientes tras el doble terremoto que afectó a La Guaira, mientras la ONU estima que los desaparecidos podrían alcanzar los 50.000.

Redacción El Capitán 4 de julio de 2026 6 min de lectura
Venezuela: la cifra de muertos por el sismo asciende a 2954 personas
Foto: La Nación

El Ministerio de Comunicaciones de Venezuela confirmó este sábado que la cifra de fallecidos por el doble terremoto del pasado 24 de junio ascendió a 2954 personas, mientras los rescatistas internacionales agotan las últimas instancias de búsqueda en La Guaira.

El balance oficial provisorio detalla además que existen 16.592 heridos y más de 16.000 ciudadanos que perdieron la totalidad de sus viviendas tras los sismos de 7,2 y 7,5 grados de magnitud. En el terreno, la situación sanitaria es crítica: los equipos médicos ya atendieron a 22.445 personas en hospitales de campaña y centros de salud que operan al límite de su capacidad. Para intentar contener la emergencia, el Estado movilizó a 30.000 funcionarios y cuenta con el apoyo técnico de 3281 rescatistas extranjeros, cuya labor fue destacada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien calificó la ayuda como una muestra de solidaridad universal necesaria para el pueblo venezolano ante la magnitud del desastre natural.

A pesar del despliegue oficial, la desesperación de los familiares marca el ritmo de las tareas en edificios colapsados como El Jurel, en Playa Grande. Allí, José Mesa lidera una búsqueda personal para hallar a su hija de tres años, Lía Valentina, y a sus abuelos, atrapados en el piso 11 de una estructura que se encuentra en riesgo inminente de derrumbe total. Mesa, quien utiliza arneses y cuerdas provistas por voluntarios ante la falta de maquinaria pesada estatal en ese punto específico, relató que el hallazgo con vida de la mascota de la niña alimenta las esperanzas de encontrar “triángulos de vida” o cámaras de aire dentro del departamento. Sin embargo, la falta de grúas telescópicas y equipos de remoción de escombros dificulta las tareas de los civiles que, ante la ausencia de cuadrillas gubernamentales en ciertas zonas, intentan rescatar a sus allegados con sus propias manos.

La precariedad del sistema de salud agravó la tragedia en las horas posteriores a los sismos. Testimonios recolectados en la zona de conflicto, como el de Elide Castillo, dan cuenta de víctimas que sobrevivieron al impacto inicial pero fallecieron por falta de insumos básicos. Castillo denunció que su nieto de 18 años murió en el Hospital Naval tras ser rescatado debido a la carencia de suero y oxígeno, mientras que otros familiares directos permanecen bajo los escombros sin que se haya podido recuperar más que restos identificatorios para el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC). Esta situación generó focos de tensión entre los sobrevivientes y los efectivos de seguridad que custodian las áreas afectadas, quienes son cuestionados por la falta de acción directa en la remoción de estructuras pesadas.

Contexto

La catástrofe se originó el 24 de junio, coincidiendo con las festividades del Día de San Juan, cuando dos movimientos telúricos de gran intensidad sacudieron la costa central de Venezuela. Desde aquel evento principal, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología y otros organismos técnicos registraron un total de 942 réplicas, lo que ha mantenido en vilo a la población y ha provocado nuevos desprendimientos en estructuras que ya estaban debilitadas. La zona de La Guaira y Catia La Mar, históricamente vulnerables por su densidad poblacional y tipo de construcción, han sido el epicentro del daño material. Los antecedentes de sismos en la región no registraban una letalidad de esta escala en las últimas décadas, lo que explica la saturación inmediata de los refugios instalados en parques y plazas públicas.

La magnitud de la crisis habitacional es inédita para el país caribeño. Con más de 16.000 personas en situación de calle, el gobierno ha comenzado a organizar censos de emergencia, aunque la asistencia básica como agua potable y energía eléctrica sigue sin llegar a sectores críticos como Puerto Viejo. En este lugar, familias enteras como la de Andreína, madre de dos adolescentes heridos, subsisten sobre la arena de la playa tras haber huido del segundo terremoto. La falta de una cifra oficial de desaparecidos es uno de los puntos de mayor fricción; mientras el Estado se limita a los fallecidos confirmados, organismos internacionales como la ONU advierten que la cifra de personas cuyo paradero se desconoce podría escalar hasta los 50.000, considerando la densidad de los urbanismos que colapsaron totalmente.

Impacto

El impacto de este fenómeno trasciende lo estructural y se asienta en una crisis humanitaria y sanitaria de largo alcance. La parálisis de los servicios públicos esenciales en el estado Vargas y zonas aledañas a Caracas ha generado un entorno propicio para la propagación de enfermedades, mientras los médicos voluntarios, como Mariannys Ortiz, advierten sobre la necesidad de asistencia psicológica urgente para los sobrevivientes. El desamparo estatal denunciado por ciudadanos como Norma Rojas, quien busca a su hijo Diego Casella en el urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi, refleja una fractura social donde la ayuda parece estar condicionada por la filiación política, según denuncian los propios afectados en los centros de acopio de la Iglesia y organizaciones civiles.

En términos económicos y de infraestructura, la reconstrucción de las zonas costeras representará un desafío de años para una administración que ya enfrentaba limitaciones presupuestarias severas. La pérdida de hoteles, comercios y viviendas particulares en áreas turísticas como Puerto Viejo anula la principal fuente de ingresos de miles de familias. Además, la desconfianza en la seguridad de las estructuras que permanecen en pie ha generado un éxodo interno hacia el interior del país, mientras que aquellos que se quedan, como Daniel Fernández —quien busca a su hijo Emmanuel de diez años entre los bloques de Catia La Mar—, se enfrentan a la disyuntiva de arriesgar sus vidas en rescates manuales o esperar una maquinaria que, en muchos barrios periféricos, todavía no ha llegado.

El próximo paso crítico para las autoridades venezolanas será la gestión de los escombros y la identificación de los miles de desaparecidos antes de que las condiciones de salubridad obliguen a declarar las zonas como fosas comunes. La tensión entre la solidaridad de los voluntarios y la inacción denunciada de ciertos sectores militares marcará la agenda política de los próximos días, mientras las réplicas continúan sucediéndose y las esperanzas de hallar sobrevivientes bajo las toneladas de concreto de edificios como El Jurel se desvanecen con el paso de las horas.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias