México enfrentará a Inglaterra este lunes a las 21:00 (hora local) en el Estadio Azteca por los octavos de final del Mundial 2026, con el delantero naturalizado Julián Quiñones como principal figura tras marcar tres goles en el certamen.
El seleccionado dirigido técnicamente por Jaime Lozano llega a esta instancia decisiva con un rendimiento ascendente, sustentado en la eficacia ofensiva de Quiñones. El atacante de 29 años, nacido en Colombia pero nacionalizado mexicano, se ha convertido en la pieza fundamental del esquema táctico, desplazando en protagonismo a figuras consagradas como Raúl Jiménez. Según datos oficiales de la FIFA, Quiñones ha participado directamente en cuatro goles durante la fase de grupos y la primera ronda de eliminación directa, igualando el récord histórico para un jugador mexicano en una sola edición de la Copa del Mundo, marca que ostentaba en soledad Luis Hernández desde Francia 1998. La expectativa en la Ciudad de México es total, con un Estadio Azteca que agotó sus localidades para presenciar el duelo ante el combinado británico.
La trayectoria de Quiñones representa un caso atípico en el fútbol de élite contemporáneo. Tras ser el máximo goleador de la Saudi Pro League la temporada pasada con 33 tantos —superando por una unidad al inglés Ivan Toney y por cuatro al portugués Cristiano Ronaldo—, el extremo izquierdo trasladó su racha goleadora a la cita mundialista. En el partido inaugural frente a Sudáfrica, el atacante del Al-Qadsiah abrió el marcador a los nueve minutos de juego, definiendo entre las piernas del arquero Ronwen Williams. Posteriormente, anotó en la victoria 3-0 ante República Checa y fue el autor del primer tanto en el triunfo 2-0 contra Ecuador en los dieciseisavos de final. Fuentes del cuerpo técnico mexicano indicaron que la potencia física del jugador, combinada con la altitud de la capital mexicana, será el eje de la estrategia para vulnerar la defensa lateral derecha de Inglaterra, una zona que ha generado debates en el esquema de Gareth Southgate.
Contexto
El camino de Julián Quiñones hacia la titularidad en el Tri estuvo marcado por la resiliencia y la falta de oportunidades en su país de origen. Nacido en Magüí Payán, una zona vulnerable del sur de Colombia cercana a la frontera con Ecuador, el futbolista emigró a México a los 17 años para unirse a las filas de Tigres UANL. A pesar de haber representado a Colombia en categorías juveniles durante 2017 y 2018, la federación de su país natal no mostró interés en convocarlo para la selección absoluta mientras él acumulaba más de 70 goles en la Liga MX. Durante sus ocho años en el fútbol mexicano, donde vistió las camisetas de Tigres, Atlas y Club América, Quiñones obtuvo seis títulos de liga, consolidándose como uno de los extranjeros más influyentes de la última década en el país norteamericano.
La decisión de representar a México se formalizó en 2023, luego de que el jugador rechazara un llamado tardío de la selección colombiana. Quiñones justificó su elección basándose en el arraigo personal y familiar, dado que posee esposa e hijos mexicanos. Su transferencia al fútbol de Arabia Saudita por una cifra cercana a los 12 millones de libras esterlinas no afectó su rendimiento deportivo; por el contrario, sus 62 goles en 68 partidos oficiales con el Al-Qadsiah validaron su vigencia antes del inicio del Mundial. Este trasfondo de superación personal, desde un pueblo olvidado en Colombia hasta la cima del fútbol asiático y norteamericano, ha generado una conexión especial con la afición mexicana, que lo percibe como un referente genuino a pesar de su origen extranjero.
Impacto
El impacto de Quiñones en el esquema de México trasciende lo meramente estadístico y altera la planificación defensiva de los rivales de jerarquía. Para Inglaterra, el desafío radica en contener a un futbolista que combina la velocidad de un extremo con la capacidad goleadora de un centrodelantero, operando principalmente por la banda izquierda. Operadores del mercado deportivo y analistas técnicos señalan que la presencia de Quiñones obliga a los laterales derechos ingleses a limitar sus proyecciones ofensivas, bajo riesgo de quedar expuestos en las transiciones rápidas. Además, su conocimiento del terreno de juego en el Estadio Azteca, donde compitió durante años en la liga local, le otorga una ventaja competitiva en el manejo de los tiempos y la resistencia física bajo condiciones climáticas y de altura exigentes.
Desde una perspectiva institucional, el éxito de Quiñones refuerza la política de naturalización de la Federación Mexicana de Fútbol, un tema que históricamente ha generado divisiones en la opinión pública. La efectividad del delantero ha silenciado las críticas iniciales, demostrando que la integración de talento externo puede ser la clave para que México supere la barrera de los octavos de final, instancia que le ha resultado esquiva en las últimas décadas. La posibilidad de eliminar a una potencia como Inglaterra, con un jugador que fue descartado por el sistema de formación colombiano, añade un componente de reivindicación profesional que motiva tanto al futbolista como al resto del plantel comandado por Lozano.
El encuentro del próximo lunes definirá si México logra avanzar a los cuartos de final por primera vez desde 1986, año en el que también fue anfitrión. La mirada del mundo del fútbol estará puesta en el duelo individual entre Quiñones y la última línea británica, en lo que se anticipa como una batalla táctica de alta intensidad. De conseguir una victoria, el atacante no solo superaría el récord de Luis Hernández, sino que se posicionaría como un candidato firme a la Bota de Oro del torneo. La delegación inglesa, por su parte, arribará a la Ciudad de México este sábado para iniciar el proceso de aclimatación, conscientes de que el “héroe inesperado” de los locales es hoy su mayor preocupación defensiva.