El Museo Nacional del Holodomor-Genocidio en Kiev inició esta semana el retiro y resguardo de sus colecciones históricas ante la intensificación de los ataques aéreos rusos contra la infraestructura cultural de la capital ucraniana.
La medida preventiva responde a un patrón de hostilidades que, según las autoridades del Ministerio de Cultura de Ucrania, busca borrar la identidad histórica del país. En las salas del museo, equipos técnicos y conservadores trabajaron en el desmontaje de vitrinas que contenían túnicas, iconos religiosos, libros antiguos y herramientas agrícolas del siglo XX. Estos objetos representan el testimonio material de la hambruna de 1932-1933, un periodo en el que millones de ucranianos murieron bajo las políticas del régimen soviético de Joseph Stalin. La decisión de trasladar el acervo a depósitos subterráneos y ubicaciones secretas se tomó tras confirmarse daños en otros 2.000 sitios de patrimonio cultural desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022.
Olga Melnyk, subdirectora general del museo, explicó que la institución no puede ignorar la vulnerabilidad de sus instalaciones frente a la tecnología de misiles y drones rusos. Según Melnyk, la experiencia de las últimas semanas demuestra que el Kremlin está atacando deliberadamente instituciones que preservan la memoria nacional. La funcionaria detalló que la mayoría de los objetos puestos a resguardo son reliquias familiares donadas por sobrevivientes del Holodomor, piezas que fueron conservadas en la clandestinidad durante décadas para evitar la represión de la era soviética. La preservación de estos elementos es crítica, dado que constituyen la prueba física de un proceso histórico que el actual gobierno de Vladimir Putin niega sistemáticamente en sus discursos oficiales.
El inventario de daños en el sector cultural ucraniano es crítico y continúa en ascenso. De acuerdo con registros oficiales del Ministerio de Cultura, además de los 2.000 sitios patrimoniales afectados, unas 2.500 instituciones culturales sufrieron deterioros de diversa gravedad. Entre los incidentes más recientes, se destaca el impacto de drones en el Monasterio de las Cuevas de Pedro y Pablo, un complejo del siglo XI protegido por la UNESCO, donde el fuego consumió el tejado de la catedral principal. Asimismo, se reportaron ataques contra el Museo de Arte de Kharkiv, galerías en la ciudad de Dnipro y los históricos estudios de cine en Kiev. Incluso ciudades alejadas del frente oriental, como Lviv, sufrieron bombardeos en sus centros históricos, lo que obligó a una redistribución federal de las obras de arte más valiosas para minimizar el riesgo de pérdida total.
Contexto
El Holodomor, o “muerte por hambre”, es el eje central de la identidad ucraniana moderna y un punto de fricción histórica irreconciliable con Moscú. Entre 1932 y 1933, la colectivización forzosa y la confiscación de granos ordenada por Stalin provocaron una hambruna artificial que diezmó a la población rural de Ucrania. Mientras que Kiev y más de 30 países reconocen este hecho como un genocidio planificado para aplastar el nacionalismo ucraniano, la narrativa oficial rusa lo califica como una tragedia climática y económica que afectó a toda la Unión Soviética por igual, sin distinción étnica. Esta disputa historiográfica se trasladó al campo de batalla actual, donde el control del relato sobre el pasado es tan estratégico como el control del territorio.
Desde el comienzo de la guerra, el gobierno de Volodímir Zelenski implementó un protocolo de emergencia para el sector museológico. Esto incluyó el blindaje de monumentos públicos con bolsas de arena y estructuras metálicas, además del traslado de miles de piezas a bunkers en el oeste del país o hacia naciones aliadas en Europa. Un caso emblemático de esta resistencia cultural es la estatua del “Ciervo de Origami”, pieza que representó a Ucrania en la Bienal de Venecia tras ser rescatada de Pokrovsk, una localidad que hoy se encuentra bajo ocupación de las fuerzas rusas. La gestión de estos traslados es coordinada por el viceministro de Cultura, Ivan Verbytsky, quien supervisa auditorías constantes en las instalaciones de almacenamiento para garantizar condiciones de humedad y temperatura adecuadas para las piezas evacuadas.
Impacto
La evacuación del Museo del Holodomor implica el cierre de sus exhibiciones permanentes, lo que altera profundamente la función educativa y social de la institución en plena guerra. Ivan Verbytsky señaló que el propósito de la ofensiva rusa es eliminar las pruebas materiales de los mil años de historia de Ucrania y su cultura singular. Al vaciar los museos, se pierde el contacto directo de la ciudadanía con su legado, aunque las autoridades argumentan que es un sacrificio necesario para evitar la destrucción definitiva del patrimonio. Por su parte, el Kremlin rechaza las acusaciones de ataques deliberados y atribuyó, por ejemplo, los daños en la catedral de Kiev a fallos en los sistemas de defensa aérea ucranianos suministrados por Estados Unidos.
La seguridad del personal del museo también es una preocupación central. Olga Melnyk advirtió que, debido a que el Holodomor es un tema de extrema sensibilidad política para Rusia, el edificio mismo del museo podría ser un objetivo militar prioritario en el corto plazo. A pesar del retiro de las colecciones móviles, algunos elementos simbólicos permanecen en su sitio por su complejidad técnica para ser removidos o por su valor icónico. Es el caso de la estatua de una niña con trenzas y espigas de trigo, situada en el vestíbulo, que se mantiene como un recordatorio del sufrimiento histórico mientras los trabajadores terminan de sellar las cajas con los documentos y herramientas que narran el horror de la década del 30.
El futuro del patrimonio cultural ucraniano depende ahora de la eficacia de los sistemas de defensa antiaérea y de la capacidad de los organismos internacionales para presionar por el respeto a la Convención de La Haya. Mientras tanto, el Ministerio de Cultura continuará con las auditorías de depósitos seguros y la digitalización de archivos para asegurar que, incluso si las estructuras físicas son destruidas, la evidencia histórica del Holodomor y la identidad nacional persistan. La tensión se mantiene sobre las instituciones de Kiev, que operan bajo alerta constante mientras el frente de batalla se estabiliza en el este pero la guerra aérea se expande sobre los centros urbanos y sus tesoros históricos.