INTERNACIONAL

Mundial 2026: el fútbol logra romper la barrera cultural en EE.UU.

La selección de Estados Unidos enfrentará a Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final tras una fase de grupos que disipó las dudas sobre el interés del público norteamericano por el fútbol.

Redacción El Capitán 1 de julio de 2026 5 min de lectura
Mundial 2026: el fútbol logra romper la barrera cultural en EE.UU.
Foto: BBC Sport Football

La selección de Estados Unidos enfrentará a Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final tras una fase de grupos que disipó las dudas sobre el interés del público norteamericano por el fútbol.

El certamen, que atraviesa sus semanas decisivas, logró revertir un escepticismo inicial marcado por la competencia con deportes tradicionales como el básquetbol y el béisbol. Según operadores del mercado de entretenimiento y cronistas en las sedes, la venta de entradas alcanzó niveles de ocupación total en estadios clave como el MetLife de Nueva Jersey y el Lincoln Financial Field de Filadelfia. La presencia de la diáspora inmigrante en ciudades cosmopolitas fue el motor principal para que el torneo ganara tracción, superando las preocupaciones sobre los altos costos de los tickets y las dificultades en la tramitación de visas para hinchas extranjeros. Fuentes de la organización indicaron que la respuesta del público local fue de menor a mayor, consolidándose a medida que el equipo dirigido por Mauricio Pochettino avanzaba en la competencia.

En ciudades como Nueva York, el inicio del torneo coincidió con las finales de la NBA, donde los New York Knicks capturaron la atención mediática tras obtener su primer título en 53 años. Sin embargo, periodistas como John Bennett y Ian Dennis reportaron que la atmósfera cambió drásticamente hacia la segunda semana. En Filadelfia, el festival de hinchas en Lemon Hill registró un récord de 55.000 personas durante el segundo partido de la fase de grupos de Estados Unidos. Por su parte, en Los Ángeles, la promoción funcional de cartelería en autopistas dio paso a una movilización masiva en puntos icónicos como el muelle de Santa Monica y el LA Memorial Coliseum. La diversidad cultural de los residentes locales permitió que partidos entre naciones sin gran tradición futbolística en Norteamérica, como el empate 0-0 entre Cabo Verde y España, generaran concentraciones espontáneas de trabajadores y empresarios en bares de Greenwich Village.

Contexto

La organización de este Mundial, compartido entre Estados Unidos, México y Canadá, planteó desde su concepción desafíos logísticos y culturales significativos. Históricamente, el fútbol masculino ha luchado por un espacio en el prime time estadounidense, compitiendo contra ligas consolidadas como la NFL o la MLB. Antecedentes como el Mundial de 1994 dejaron una vara alta en términos de asistencia, pero el panorama mediático actual es mucho más fragmentado. La llegada de Mauricio Pochettino a la dirección técnica del conjunto estadounidense hace apenas seis días inyectó una dosis de optimismo necesaria para que el fanático local comenzara a creer en las posibilidades de éxito deportivo. Además, la experiencia previa en Ciudad de México, donde la pasión es estructural, sirvió como contraste para evaluar el frío recibimiento inicial en sedes como Houston o Boston, donde las distancias geográficas dificultan la creación de un clima de fiesta urbana continua.

El factor de la diáspora ha sido determinante en esta edición. A diferencia de torneos en Rusia o Qatar, donde el flujo de turistas internacionales era la fuente principal de color en las tribunas, en Estados Unidos la atmósfera ha sido sostenida por residentes con raíces en los países participantes. En Atlanta, durante el choque entre España y Arabia Saudita, se observó un fenómeno particular: una mayoría de público local vistiendo camisetas rojas sin ser necesariamente seguidores acérrimos, lo que generó un ambiente visualmente impactante pero acústicamente distinto al de las ligas europeas o sudamericanas. No obstante, la presencia de hinchadas tradicionales como la de Escocia en Boston —la denominada Tartan Army— y los seguidores noruegos con su característico “Viking Row” frente a Francia, aportaron la cuota de folklore que los analistas temían que faltara debido a los precios de los vuelos internos y el alojamiento.

Impacto

El éxito comercial y de audiencia de esta fase inicial garantiza una base sólida para la expansión del fútbol profesional en Norteamérica de cara a la próxima década. El hecho de que los estadios en ciudades como Toronto, Miami y Kansas City hayan lucido repletos elimina el fantasma de los asientos vacíos que sobrevoló la previa del torneo. Para los negocios locales, el impacto ha sido directo: en Seattle, el cierre de calles lindantes a los estadios transformó los centros urbanos en zonas de consumo masivo y celebración. La integración del torneo en la vida cotidiana se manifiesta en detalles como la modificación de los tableros de llegadas y salidas en Union Station para mostrar resultados en tiempo real. Este fenómeno sugiere que el fútbol ha dejado de ser un evento de nicho para convertirse en un producto de consumo masivo capaz de competir, al menos temporalmente, con la hegemonía de los deportes americanos tradicionales.

La infraestructura de transporte y la dispersión urbana siguen siendo los puntos de fricción más notables. Mientras que en Filadelfia o Nueva York la conectividad facilitó el flujo de simpatizantes, en sedes como Houston la dependencia del automóvil segmentó la experiencia mundialista, limitándola casi exclusivamente al entorno de los estadios. Sin embargo, la percepción general de los especialistas es que el torneo ha logrado “aterrizar” definitivamente en suelo estadounidense. La participación de selecciones sudamericanas como Colombia, que movilizó multitudes en las calles, y la expectativa por la llegada de Argentina a las fases de eliminación directa, prometen elevar los niveles de ruido y cánticos en las tribunas, un aspecto que hasta ahora ha sido intermitente según observadores de la cadena internacional BBC.

Con el cruce ante Bosnia-Herzegovina en el horizonte cercano, el seleccionado de Estados Unidos tiene la oportunidad de consolidar este romance con su público. El próximo paso será determinar si esta efervescencia es una reacción estacional o el inicio de un cambio cultural profundo. La tensión ahora se traslada a las llaves de eliminación directa, donde el rendimiento deportivo del anfitrión definirá si la fiebre por el fútbol se mantiene en niveles récord o si el interés se diluye ante el regreso de las ligas locales de béisbol y fútbol americano.

Fuente: BBC Sport Football

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Información publicada por BBC Sport Football.

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Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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